por Fabio Parra Beltrán; [email protected] 25-2-2007

La democracia esta un momento de debilidad en América Latina, dominada por el populismo dictatorial de un presidente con recursos petroleros que intenta comprar la conciencia del continente de la misma manera como se hace en los mercados capitalistas promocionando las mercancías que produce y ofreciendo tentadoras opciones a quienes quieran ser sus socios. Afortunadamente, ese coletazo no ha sido lo suficientemente contundente para penetrar en Colombia, donde aun se preserva la institucionalidad pública y el respeto por la propiedad privada.

No obstante, el acatamiento por los principios democráticos no es suficiente estructura para consolidar el Estado Social de Derecho. La institucionalidad esta manchada por clanes familiares que desde siempre se han turnado el poder y cuando no lo tienen en primera persona, como ajedrecistas, ubican fichas estratégicamente para permanecer vigentes en el escenario político. Y como esto no es suficiente han incursionado en dudosos negocios ilícitos con amistades peligrosas, poniendo en peligro la poca credibilidad del gobierno de turno. Con nombrar un par de ejemplos es suficiente para entender las razones.

Al lado del Presidente Uribe se encontraba hasta hace unos días sosteniéndose en la cuerda floja y dando de que hablar –mal por supuesto- a la comunidad internacional –porque la nacional, ya ni es comunidad, ni tiene ganas de hablar y si habla nada dice- que no entendía como Maria Consuelo Araujo aun se mantenía en el cargo de Canciller mientras su hermano Senador esta detenido por supuestos nexos con el paramilitarismo y secuestro, su padre ex ministro y su primo el gobernador del Cesar también están investigados por paramilitarismo, pero ella se aferraba a la silla del Ministerio de las Relaciones Exteriores, como queriéndole mostrar al mundo que la imagen de Colombia más representativa es esa, la de los nexos de los clanes políticos con la delincuencia organizada. Finalmente el Presidente aceptó los consejos que le pedían obrar según sus principios y le pidió que se fuera. Claro que esa no fue la imagen presentada por los medios que todo lo maquillan.

Por si esto fuera poco, la Ministra de Comunicaciones Maria del Rosario Guerra de la Espriella, hace parte del otro clan electoral de la Costa Atlántica y algunos de sus familiares parlamentarios han firmado pactos con líderes paramilitares, y ella sigue ahí, con la disculpa rimbombante de no responder por los actos de sus parientes, sino por los propios, olvidando la responsabilidad moral y política, pues ella ocupa un importante cargo en el gobierno gracias a que su familia tiene un gran feudo electoral, de lo contrario los Guerra de la Espriella serian unos colombianos más y Maria del Rosario no haría parte del gabinete del Presidente Uribe.

Esos dos ejemplos por el lado del gobierno nacional, similares al panorama que se ve desde la ventana de la oposición.

Esta tan mal el partido Liberal, anclado en el periodo 1994 – 1998, discutiendo si los recursos que ingresaron a la campaña del Presidente Samper de parte de los narcotraficantes del Valle del Cauca se los robo Fernando Botero o se invirtieron en compra de votos, qué si el Presidente sabia, qué si todos sabían, qué porqué lo callaron, qué si no es tarde para pedir perdón, que de todas maneras ya paso todo en la impunidad, como ocurre cuando se tiene poder. Y como si esto no fuera una noticia lo suficientemente ridícula, apareció una peor: la Senadora Piedad Córdoba propuso para sanear la política, maltrecha por las revelaciones dentro del proceso de paz con los paramilitares, dijo ella esperanzada de conseguir el poder para su partido, que deberíamos citar a elecciones para Presidente y Congreso nuevamente; propuesta risible desestimada de inmediato ya que si hoy se llama a elecciones vuelve a ganar tan fácil como en mayo de 2002 y 2006 Álvaro Uribe Vélez, y vuelve a ser mayoría en el Congreso la coalición de gobierno, ya que la gente no es tonta y se percata que el porcentaje más alto de congresistas hoy detenidos por el escándalo parapolitico son liberales que hicieron pactos con paramilitares para llegar al poder, militando en el partido.

Así las cosas no sabemos si considerar que tenemos una democracia demasiado fuerte, capaz de resistir los embates de quienes intentan sabotear la institucionalidad, o si por el contrario es tan débil y tan lacaya que hasta el más honorable de los políticos se deja sobornar por el poder paramilitar y guerrillero, y los pocos políticos honestos que aun existen no tienen la capacidad para movilizar las fuerzas vivas de la nación tras el sueño constitucional del “Estado Social de Derecho”, liderado por colombianos ejemplares y no por herederos del poder, que como se visualiza, no tienen mucho que mostrar de la ejecutoria de sus antepasados.

Uribe se ha valido de su carrera política hecha sin antecedentes de poder en su familia para aferrarse al trono presidencial con el apoyo del empresariado y el pueblo, lo que no significa que la popularidad mantenida a prueba de escándalos sea un cheque en blanco firmado por la ciudadanía, es un premio a su trabajo y forma de gobernar que no debe dejar contaminar por el bien de su gestión y por el bien de la patria que celebra que la verdad se este conociendo y los culpables estén siendo llevados a juicio y que festejara las condenas ejemplarizantes que se impongan a los culpables. Por más amistad que guarde Uribe con las familias que manejan la política en la costa, como empleados de los paramilitares, debe alejarse de ellos, por lo menos apartarlos del poder, para evitar mayor desgaste de la imagen borrosa de un país que intenta ser otro, saneando cuentas con el pasado violento y sobornador que hoy mantiene la institución democrática en grave peligro.