Globalización que regionaliza

Medellín y Cali son las únicas ciudades de América Latina que se podrían (1987) clasificar como globalizadas (World cities), según Gilb [1]. Sin embargo, éstas no están registradas entre las 18 latinoamericanas más grandes: cuatro con más de ocho millones de habitantes, seis con más de tres millones, y ocho con más de dos millones.

Ninguna de las mencionadas es capital de país, pero “son los centros de corporaciones transnacionales mayores, los carteles de la droga. Estas son las únicas ciudades que han transferido su saber-hacer al mundo desarrollado y han establecido sofisticados sistemas de comunicación tanto en Latinoamérica como en Europa y en los Estados Unidos”.

Las macrociudades de América Latina que pueden llegar a ser ciudades globalizadas están en realidad lejos de jugar un notable papel internacional, trátese de Sao Paulo, Ciudad de México, Buenos Aires, Rio de Janeiro, Lima, Bogotá, Santiago, Belo Horizonte, Porto Alegre, Guadalajara, Caracas, Quito, La Paz… etcétera, aunque por doquier se habla de apertura y globalización.

Las ciudades globalizadas no siempre están solas. A veces constituyen complejos urbanos de alta conectividad entre sí, con una sólida base industrial y múltiples centros financieros y administrativos de alta densidad, dotados de excelentes servicios de telecomunicaciones.

En ese orden de ideas, París y Londres juegan ese papel dominante en Europa. Luego vienen regiones con alta connurbación como la región del Rin y el Maine con Frankfurt a la cabeza, la región del Rin. Ruhr (Bonn, Colonia, Düsseldorf, Essen, Duisburgo, y Dormund, y el Randstad en connurbación con Ámsterdam, Rotterdam y La Haya. También son consideradas la región del Po en Italia, con Milán, Turín, Brescia, Venecia, Verona, Padua, Boloña y Ferrara. En Francia, la región del Ródano-Alpes (Lyon y su complejo connurbano).

También Moscú y Estambul son consideradas como ciudades globalizadas por su papel histórico en bastos dominios, y Berlín en cuanto que está ligada con Moscú, Varsovia, Minsk, San Petersburgo, Wroclaw y Praga. En fin, una ciudad pequeña como Bruselas juega un papel internacional muy importante como capital de la Unión Europea.

Lo cierto es que estas clasificaciones de tratadistas conducen a considerar como ciudades globalizadas a la cada vez más proclives a intercomunicarse y realizar todo tipo de transacciones entre sí, en una geopolítica invisible que se comporta como un archipiélago en medio de un mundo periférico, además del otro mundo adicional, “periférico dentro de la periferia”. La globalización no es entonces un fenómeno difuso como imaginan algunos.

En realidad, la globalización no es el chiste de abrir fronteras por doquier sino identificar a tiempo en dónde se está parado, cuáles son las prospectivas más válidas y cuáles las tareas por emprender en un razonable largo plazo. De lo contrario, las aperturas no son un simple juego de ruleta al azar sino un juego a la ruleta rusa. El juego ya no es el truismo de “desarrollo hacia fuera” y “desarrollo hacia adentro”.

Ciudades globalizadas

Es difícil concebir que ciudades mediterráneas como Bogotá y Medellín sean potencialmente ciudades globalizadas, incluso si se las dota de costosas autopistas a mil kilómetros del mar. El transporte terrestre por tonelada seguirá siendo más cara a la Costa que de allí a Nueva York, por ejemplo. El transporte de carretera de Bogotá a la Costa equivale a un arancel promedio de 35 por ciento.

Por el contrario, el corredor industrial Cali-Buenaventura, con su complejo de ciudades intermedias en el Pacífico, y el corredor industrial del Caribe (Santa Marta, Barranquilla y Cartagena) están mejor situadas para jugar primero al Grupo Andino y luego al continente, y quizá más tarde más allá. Son las escalas y etapas que han transitado los corredores ahora globalizados en el mundo.

El comercio de bienes y servicios no es la clave de la globalización sino su fortaleza financiera y en conocimientos de punta (I&D). Pero la mayoría de los autores están de acuerdo en que la base industrial exportable está altamente correlacionada con los servicios financieros y tecnológicos de punta.

Por esa razón, muchas ciudades otrora centros industriales declinan hacia ciudades de servicios, de producción continental, regional o nacional, mientras otras tienen las ventajas portuarias y de una base industrial que les permitirían ser ciudades financieramente globalizadas.

Estas tendencias se mueven dentro de una inercia de la economía pero pueden ser orientadas mediante planes de ordenamiento territorial, como se ejecutan en Europa y Asia, y con menor énfasis en Estados Unidos, muy avanzado ya en sus complejos urbanos del nordeste (Nueva York, Detroit, Chicago) y del oeste (San Francisco y Los Ángeles).

El decaimiento o el surgimiento de ciudades globalizadas se observa en la clasificación [2] 12 de las 25 ciudades con aeropuertos de mayor movimiento de pasajeros internacionales, entre 1984 y 1992. En ese corto lapso desaparecen El Cairo, Atenas y Estocolmo, y aparecen Munich y Seul.

Entre los 25 aeropuertos de movimiento de carga internacional desaparecen Copenhague, El Cairo, Bombay, Madrid y Manila. Aparecen San Francisco, Sydney, Toronto y Bogotá en la cola, gracias a las exportaciones de flores, y la importación de electrodomésticos y electrónicos calientes. Entre los 25 puertos de contenedores desaparecen Melburne, Yeddah, Charleston y El Havre. Aparecen Dubai, Bangkok, Tanjung Prior y Tacoma.

Ninguna ciudad o aeropuerto, o puerto latinoamericano o africano clasifican en esas marcas, en ese período, como tampoco en densidad de comunicaciones internacionales electrónicas, salvo Bogotá, en carga aérea. Pero se supone que sí existen candidatos en un plazo prudencial. Corea del Sur lo consigue en dos décadas y tras cuatro planes quinquenales [3]

Prospectiva colombiana

La enorme diferencia con la apertura de los países del sudeste asiático y luego de China es su meticulosa capacidad de negociación sobre proyectos y negocios concretos, con una impasible y radical puesta en guardia sobre capitales especulativos y sobre su discrecional cobertura arancelaria.

Esa diferencia implica que la regionalización de la globalización adquiere la fisonomía de ciudades-Estado [4], articuladas por corredores financieros, de transacciones de bienes y servicios, y por múltiples alianzas empresariales y contratos con los Estados. La globalización son esas ciudades y esos corredores. Sobre todo corredores financieros diez veces más fuertes que los comerciales.

En el Grupo Andino se pueden identificar ciudades con alguna posibilidad de ingresar a largo plazo en el concierto globalizado. Cali-Buenaventura en el Pacífico, y Barranquilla, cabeza del corredor industrial en el Caribe. En Ecuador sólo Guayaquil, en Perú Lima-Callao, y Valencia-Puerto Cabello en Venezuela. Estos son los sitios industriales, casi al borde del mar y con perspectivas reales.

Caracas y Ciudad Bolívar, puerto sobre el Orinoco, en Venezuela; Quito y sus connurbaciones andinas en Ecuador; Bogotá, cabeza del corredor industrial cundiboyacense, y La Paz en el altiplano boliviano son ciudades mediterráneas aunque con un mercado interno, un capital humano técnico y un entrenamiento administrativo considerable, apto para migrar hacia ciudades mucho más promisorias en el contexto mundial.

Esas ciudades promisorias son las que tienen “oportunidades de inversión”. No al albur sino porque cuentan con las condiciones estratégicas tantas veces subrayadas hasta la fatiga en los tratados de competitividad: 1) Localización óptima de transporte para atender amplios mercados e infraestructuras industriales aptas para desarrollar fábricas con economías de escala. En los puertos marítimos o en sus inmediaciones con vías fluviales o férreas se localiza el 90 por ciento de la industria mundial. Los puertos de los países andinos tienen la ventaja de obtener del cabotaje marítimo una gran ventaja sobre carreteras como la amazónica. 2) Apoyo financiero expedito. Quizá sólo ciudad de Panamá –en el concierto andino- logre clasificarse como un centro financiero destacado. 3) Nichos tecnológicos capaces de estar en la punta mundial de la investigación y desarrollo de productos. 4) Potente infraestructura de telecomunicaciones.

Por esa razón, los TLC sólo son benéficos para quienes operan desde esos fuertes centros estratégicos vecinos al mar, y son muy desventajosos para los que no han adquirido esas condiciones competitivas localizadas en firme. China lo alcanza porque se ha propuesto trasladar su énfasis planificador hacia las costas occidentales, en los entornos de Hong Kong y Shanghai. No hacia la capital, Pekín, ni la imperial Nankin. Esa es la tarea de los Estados impulsores, envolatada en nuestros países por el Consenso de Washington [5].

La fortaleza del Grupo Andino consiste en la potencial oportunidad de ampliar en mercado interno para localizar industrias de escala competitiva en ese mercado interno, y con ese punto de apoyo adquirir la capacidad de incursionar en el mercado internacional, tecnológico y financiero.

La dicotomía regional

Integrar, con paso firme y en un razonable largo plazo, algunas ciudades estratégicas en el concierto del archipiélago de las ciudades globalizadas implica un ordenamiento territorial de nuevo tipo. Y no solamente nuevo sino también masivo. En primer lugar, orientar la emigración. Es muy conocida la ley de Lewis-Todaro por la cual la emigración se mueve por la probabilidad de encontrar empleo más productivo y mejor remunerado. Esta ley es válida para empresarios, administradores, técnicos y trabajadores. También para el capital.

Todo esto significa que la localización intensiva de nuevas y dinámicas inversiones es capaz de movilizar ingentes masas de capital, de seres humanos y de conocimientos técnicos, dinámica que tiende a cambiar la fisonomía de un país o de una región como la andina, con una fortaleza similar a la que se produce en el siglo XX con el fenómeno de la urbanización. Unas ciudades declinan y otras emergen con fuerza. La emigración balancea las pérdidas y ganancias regionales.

El problema pragmático consiste en que la voluntad política permita concentrar esfuerzos y finanzas en una operación en la que hay que resolver problemas sine qua non:

1) No es posible lograr inversiones exitosas si no existe una búsqueda sistemática para identificar las verdaderas “oportunidades de inversión”. Esa no es tarea de burócratas sino de investigadores adscritos a un instituto, como fuera el IFI, al estilo japonés.

2) Es traumático impulsar inversiones nuevas si no se resuelve de antemano la logística urbano-habitacional para la riada de la población que llega, así como los parques industriales dotados de los servicios pertinentes.

3) Es imposible lograr una inserción internacional si no se le da un vuelco al espíritu diplomático, de modo que exista una logística de apoyo para que las negociaciones contractuales y financieras se concreten en forma activa. Y ante todo la decisión final por referendo popular.

Este es quizás el lastre mayor sufrido por el Grupo Andino, que demuestra en su conjunto la misma débil capacidad de negociación que ha ofrecido históricamente cada uno de los países por separado. La característica central de la “nueva izquierda latinoamericana” es tan solo la capacidad lograda de ejecutar una política económica relativamente autónoma e independiente. No es más. Tampoco es menos.

Es posible que la coordinación diplomática en Europa, compuesta por países de una histórica capacidad imperial, haya sido pasada por alto por los tratadistas. Estos enfatizan en la exitosa empresa del carbón y el acero para comenzar, el Parlamento Europeo, la comisión central, la coordinación de las políticas macroeconómicas, el euro como moneda única, y sobre todo el sistemático recurso a las consultas populares en cada país, antes de adoptar medidas de envergadura.

En los países periféricos, en cambio, lograr una diplomacia autónoma sin provocar irritaciones inútiles solo han podido hacerlo los países asiáticos liderados por Japón y con un bajo perfil durante la Guerra Fría. China lo consigue con paciencia y extrema prudencia, dándole mucha más importancia a los negocios [6] que a los pronunciamientos ante los conflictos políticos calientes. Brasil se mueve con Argentina en la misma dirección. Lo cierto es que del total de la inversión directa internacional de los 18 países de la OCDE  [7] el 71 por ciento se entrecruza en esos mismos países, y sólo el 29 restante se concentra de preferencia en países de mercado amplio como China, India y Brasil. La competencia inversionista se libra entre las 40 mil multinacionales en el patio estrecho del “triángulo de oro”: USA-Japón y su grupo, y Europa.

[1] Gilb, C.L. (1989): “Tgurd world cities: Their role in the global economy”. In R.V. Knight and G. Gapper (eds.): “Cities in global society”, Ed. Beverly Hills, California, Sage, pp. 96-107, citado por Alan Gilbert: World cities and the urban future: The view from Latin America.

[2] Rimmer, Peter J. “Transport and telecommunications among world cities”, in Fu-Chen ídem, p. 433.

[3] En plan de economía mixta, entre 1961 y 1982, logró la especialización de varias ciudades en determinadas ramas productivas, siempre con énfasis industrial y exportador. Ver en Orozco C.E: “Ciencia, tecnología y recursos humanos en la industrialización de Corea del Sur”, en Revista de Comercio Exterior, México, dic. 1992, p. 1142.

[4] Ver en Peter Hall: “Globalization and the World cities”, en Sang-chuel Choe: “Urban corridors in Pacific Asia”, en Fu-chen Lo & Yue-man Yeung (ed.), Globalisation and the world of large cities, United Nations University Press, N.Y., 1998.

[5] Ver en revista última de la Cepal del ex director del BID. Revista de la Cepal.

[6] El tema más polémico es el dumping exportador, logrado por la moneda subvaludada sistemáticamente en torno a un 30 por ciento y los bajos salarios subsidiados con salud, educación, vivienda, gratuitos, y restaurantes populares. Además, les ofrece a las multinacionales el inmenso mercado protegido a cambio de exportar una porción considerable de la producción, más transferencia tecnológica, etcétera. En Europa y los Estados Unidos, el subsidio a los agricultores es también un subsidio a los salarios industriales (wage goods).

[7] Mayer, D.R. “World cities as financial centres”, in Fun-chen Lo et al, ídem.,