¿Cómo va Medellín? El interrogante persigue a propios y ajenos, toda vez que las cifras de favorabilidad de su alcalde Sergio Fajardo, son inmensas: entre un 80 y un 90 por ciento.

¿Fenómeno de medios o excelente gestión? Las opiniones se dividen: mientras unos lo defienden a capa y espada, otros dejan interrogantes abiertos. La razón: si bien la ciudad mejora en infraestructura, las cifras de la desigualdad, la exclusión y otros signos históricos de un modelo administrtivo que solo favorece a las minorías, permanecen innamovibles.

Rasgos oscuros

En Medellín se sufre y se padece. Los ingresos del 75 por ciento de sus habitantes populares son inferiores al salario mínimo. El desempleo, en iguales sectores, es superior al 60 por ciento. Sólo un 34 por ciento de estos habitantes tiene alguna forma de subsistencia desde el empleo informal o de otras formas de subempleo, y la población con un empleo fijo no supera el 6 por ciento.

El dolores no cesan. Las familias de los sectores populares viven en hacinamiento, con cifras de 340 habitantes por hectárea. Pero además, una cifra superior al 70 por ciento no tiene documentos de propiedad sobre sus viviendas o ranchos, con lo cual están expuestas en todo momento al desalojo por la propia administración (Simpad), cada que las lluvias u otras situaciones relacionadas con el territorio dejan mella en sus humildes viviendas.

A pesar de los esfuerzos con programas como Buen comienzo, la desnutrición infantil es aún superior al 24 por ciento. Siguen existiendo niveles de deserción escolar superiores al 10 por ciento. Lo peor de todo: aún en estos sectores se ven recorridos semanales de muchas familias que salen a pedir limosna, y que por no tener ninguna otra forma para obtener ingresos para garantizar su subsistencia, viven de esa limosna. Pero esto no es ocasional, para finales de 2006 la brecha entre ricos y pobres que caracteriza a la ciudad, es superior a la de 1930.

No es casual, por tanto, que si de verdad se pretende solucionar las evidentes necesidades de las comunidades que habitan esta parte del país, se requiera transformar la forma como se asignan las prioridades presupuestales. De alguna manera, menos pasarela, menos adecuación urbana para los turistas, y más interés por sus habitantes.

Tonos claroscuros

Pero es indudable que con la actual administración hay logros. Existen hechos innegables como la mayor inversión en recursos para zonas como la nororiental comunas 1, 2, 3 y 4, al igual que las inversiones realizadas en la comuna 13. La construcción del metro cable en la nororiental y ahora su propuesta de iniciación en la comuna 13, y los respectivos programas urbanos de intervención alrededor de los metro cables. Así mismo, la construcción de los cinco parques bibliotecas en sectores periféricos de la ciudad.

Un hecho novedoso. Uno de los hechos más destacados de la Administración de Sergio Fajardo es la distribución del 7 por ciento del presupuesto de inversión municipal para que a través de las propias comunidades se prioricen proyectos de presupuesto participativo. La experiencia indica que se debe profundizar en el nivel de lo descentralizado, para poder debatir las prioridades de la comunidad, más allá de las pequeñas obras.

Por ejemplo, para la administración de la ciudad los parques bibliotecas son necesidades primordiales, mientras para la comunidad lo son salud, educación, servicios públicos, empleo, nutrición y vivienda.

¿Quién gana por lo pronto con las prioridades definidas por la administración de la ciudad? No hay duda que las grandes empresas y el status quo, toda vez que el modelo de ciudad heredada se conserva en todos sus ejes. No hay otra manera de explicarse que las condiciones de pobreza que caracterizan a la comunidad medellinense se mantengan intactas.

Es bueno traer a cuenta un aspecto para evidenciar lo enunciado: a pesar de los 4.200 millones que costó el alumbrado para diciembre de 2006, 80 mil familias, es decir, alrededor de 400 mil pobladores de Medellín se mantienen desconectadas de los servicios públicos. Una total injusticia.

Una sombra que se prolonga

Esto sucede y se mantiene en una urbe donde se invirtieron entre el año 2004 y el 2005 un billón setecientos treinta y nueve mil setecientos treinta y cuatro millones ochocientos mil pesos ($ 1.739.734.800.000 ). Es decir, uno de los municipios con más alto presupuesto de inversión en todo el país.

Medellín tiene para el 2007 un presupuesto total de inversiones de un billón ochocientos mil millones de pesos ($ 1.800.000.000.000), y según datos de Hacienda, estos recursos crecerán en otros 200.000.0000.000 (doscientos mil millones de pesos) con lo cual el presupuesto municipal será de dos billones de pesos, una parte fundamental del cual se destina a obras de cemento.

¡Medellín está en obra! ¿Quiénes se benefician realmente de la construcción que vive la ciudad? No hay que ser adivino para saber que son grandes empresas del capital privado las que obtienen los jugosos contratos de 16.000 mil y más millones, las que obtienen jugosas ganancias que superan los mil millones de pesos por cada una de estas obras, que para la sectores populares sólo se convierten en formas de mejoramiento de la autoestima.

Es decir, es algo muy simple, hay en pugna dos modelos de ciudad: el impuesto hace años, el del cemento y la apariencia; y aquel con el que sueñan los excluidos: salud, educación, empleo, vivienda, servicios públicos. En estos últimos años, la alcaldía de Sergio Fajardo conservó el modelo heredado y lo profundizó. El capital privado mantiene su inmenso lucro de los recursos públicos que tiene la municipalidad, y las comunidades populares siguen albergando el cemento que le dejan grandes obras, que suponen, mejorarán en el futuro las condiciones de vida de quienes habitan la ciudad en su periferia interna y externa.

Líder comunitario de la ciudad de Medellín, Uno de los motivadores, desde 1999, de la creación de la red de organizaciones comunitarias de Medellín. Promovió, desde el movimiento Compromiso comunitario la candidatura a la Alcaldía de Medellín de Sergio Fajardo. Representante a la Junta Administradora Local de la comuna uno (periodo 2004 – 2007). Como edil fue elegido en el Consejo Municipal de Planeación, del cual es actualmente su secretario


Recuadro

Otros controles. Silencio, silencio

Una urbe carcomida por los valores del capital. Eso es Medellín. Desde los años 80s, cuando el narcotráfico permeó todas los sectores sociales, el sicariato se hizo pan de cada día, y opción “laboral”. Ni más ni menos. La pinta, el detalle, el patrón, la oficina, el polvo, “el careñato”, en fin, el capital en su expresión más violenta se hizo pan de cada día. Lo sufrían inmensos sectores.

Las autoridades callaron. Les convenía. Se hicieron socios o protegidos. La intimidación cubrió toda la ciudad. El valor del “valor” se impuso: el gatillero fue el héroe del barrio, y Pablo Escobar el símbolo a emular. La crisis tocaba fondo. El individualismo rompió lazos tradicionales.

Se impuso la vacuna. La “protección”. En todos los barrios la disputa por el control y el “gota a gota”. El silencio se multiplicó. La voz bajita se impuso en los centros comerciales y en los cafés. El ambiente de dictadura ganó espacio. La ciudad dormía, a pesar de parecer despierta. Aún es así. La oposición fue eliminada, y la poca que subsiste no se atreve a hacer presencia en ciertos barrios. El gatillo mantiene su dominio. Sin embargo el Alcalde dice que en su ciudad, “el paramilitarismo ya no existe”. Será el único que no lo ve.

Tal vez por ese diagnóstico que él hace, es que durante los años que lleva su administración no se ha puesto en marcha un inmenso programa, de empleo y de valores, que confronte el sicariato, el narcotráfico, y que propicie un desmonte de los controles territoriales. Era lo mínimo que se le podía pedir a este Alcalde, que con tanta expectativa y favorabilidad pública llegó al Palacio Municipal, y que con tanta sapiensa para el manejo de los medios de comunicación se conserva con ella.

Una cosa habrá que preguntarle al final de su mandato: ¿por qué no enfrentó, así fuera de manera simbólica, los poderes de don Berna?


Fajardo, continuista afortunado*

Qué diferencia, real y novedosa, tiene Fajardo que lo presente como dirigente, como estratega, como gobernante? ¿Qué transformación, revolución, cambio institucional trascendental o programático, distinto a lo que hicieron sus antecesores, ha formulado Fajardo?

¿Obras? ¿Campañas? Todos los alcaldes de Medellín han dejado obras y campañas importantes, quizás de igual trascendencia en su momento que las actuales. Lo que pasa es que cada época tiene su ritmo.

Si se revisa con cuidado los informes de las anteriores administraciones, los Acuerdos del Concejo Municipal, los Planes de Desarrollo, los de Inversión, los archivos de Planeación, de la Secretaría de Educación y de la Secretaría de Obras Públicas, se hallará que nada de lo que Fajardo ha pretendido atribuirse, es nuevo, creativo, y mucho menos puede decirse que sea de su iniciativa. Pero sí se le debe reconocer que es un continuista afortunado, un reproductor fiel y confiable, “un experto en copiar-pegar”. Pero eso sí, sin usar nunca pie de página al momento de tener que citar autorías o dar reconocimientos a sus antecesores, ni incluso a sus colaboradores y pensadores.

Lo hecho en estos 3 años, no pasa de ser la continuación y culminación de obras ya iniciadas en administraciones anteriores (metro cable, plaza mayor, plaza de la luz, parque de los deseos, bulevard de castilla, entre otras); o materializar proyectos ya identificados, estudiados y planificados por alcaldes, secretarios de despacho, concejales de períodos anteriores, [1] y lo grave, es que no se les hace el más mínimo reconocimiento, ni se les menciona al momento de las inauguraciones.

Fajardo gana indulgencias con padrenuestros ajenos

Por ejemplo, ¿será logro exclusivo de Fajardo construir escuelas y colegios, cuando las mismas son posibles sólo a partir del aporte de recursos de las EEPPM? ¿Será Fajardo, o será más bien EEPPM –y por ende todos los usuarios como dueños y copropietarios de la empresa–, quienes deben recibir los aplausos por esas obras, que entre otras cosas, aparte de su importancia y necesidad, habría que preguntarse sobre su legalidad?

¿Metroplús? No fue idea de Fajardo, ni planeado ni aprobado por él. Es una obra que viene de años atrás, y que en gran parte ha dependido de decisiones del Gobierno Nacional y de administraciones y alcaldes anteriores. Y lo que se ha avanzado en el Metroplús, se lo debemos no a Fajardo, ni a la administración central, sino al EDU.

En cuanto a la educación, no podemos dejarnos convencer con cifras y estadísticas que poco dicen o demuestran. Una cosa es incrementar el número de ladrillos pegados, y otra muy diferente es mostrar calidad en la educación.

¿Hay Planes coherentes entre la educación básica, secundaria, universitaria, en relación con las posibilidades de empleo en la ciudad?, ¿en relación con su vocación económica y productiva?, ¿en relación con los desarrollos tecnológicos que existen hoy en el mundo?, ¿es Medellín una ciudad digitalizada?, ¿una ciudad conectada con el Mundo?, ¿es pionera en Ciencia y Tecnología en el concierto mundial?

¿Se están formando hoy mejores seres humanos en esta ciudad? ¿Hay más comportamiento cívico y ciudadano hoy en Medellín? No, no y no. Simples campañas de papel; simples vallas coloridas y llamativas; simples panfletos, plegables que quieren maquillar la realidad. La realidad es otra bien distinta. Sobre todo en las noches. Pareciera que llegada la penumbra la Administración Municipal entrara en una especie de capitis diminutio. Miremos si efectivamente estamos construyendo una ciudad con mayores opciones de educación para sus pobladores.

¿Cuál es la realidad de Medellín, la que supera la imagen del Alcalde, la que supera la noticia de farándula, del jet set, de la portada de revista, la que va más allá de encuestas, cifras y estadísticas?:

Medellín, ciudad pordiosera y pedigüeña

Una ciudad donde no hay semáforo, glorieta, esquina, en la que no habiten entre 5 y 7 desplazados, mendigos, pordioseros [2] , o les disputen el espacio jóvenes haciendo piruetas y actos de magia. Ciudad en la que por doquier se encuentran 2 o 3 pequeños de 5 o 6 años, o incluso de menos años, vendiendo confites y galletas.

Una ciudad, donde en las riberas o contornos de su río, sobre la autopista y la vía regional, sobreviven, cohabitan, en condiciones infrahumanas, cientos y cientos de mendigos y personas de la calle, a quienes en las mañanas, por razones de “estética local”, las autoridades los “levantan” de sus “cambuches”, y los dispersan, seguramente para que no se vea tan “fea” la urbe a los ojos de sus turistas visitantes, pero para quienes no hay respuestas serias, coherentes, integrales de atención. No se trata de moverlos, espantarlos o esconderlos, lo que hay es que atenderlos.

Una ciudad de niños y niñas menores de edad chupando todo el día y toda la noche pegante (sacol), ante la mirada apática, indiferente de las autoridades locales, y de nosotros los ciudadanos.

Se dice por ahí, que en el sólo centro de Medellín, duermen en las calles, cerca de 4 mil personas, unos mil de ellos, como mínimo, son niños y niñas menores de edad.

* Apartes del documento: Fajardo es imagen, Medellín es realidad.

[1] Por ejemplo el Acuerdo 046 de 2003, había ya creado el Programa BIBLIORED, que podría considerarse como el germen, semilla de los hoy llamados Parques-Bibliotecas. Por su parte en el Acuerdo Metropolitano 018 de 2001 “Proyecto Metrópoli”, se concibió la Red Metropolitana de Bibliotecas, con un ámbito espacial muy superior, ya que beneficiaría no sólo a Medellín sino a los 9 Municipios del Valle de Aburrá.

[2] Advirtiendo que son personas, muchas de ellas que lo hacen por necesidad, otras por solo negocio, o como forma de sobrevivir, pero en cualquier caso, no se trata de esconderlos, retenerlos, espantarlos; sino de darles atención integral y permanente.