¿Será gratuita la especie que los mandarines de la ignorancia andan, en los últimos días, lanzando y etiquetando como una “provocación” con respecto a la visita a La Concordia, Tacna, el próximo 5 de abril? Recordemos, obligado hito indesdeñable, que en esa fecha, el aciago año de 1879, fue Chile el país que declaró la guerra al Perú. No fue al revés. Por tanto hay que ser demasiado invertido, literalmente hablando, para torcer la historia con tanto descaro.

El libreto es conocido. Para los mandarines, cuyo actuar sigue un guión bien pagado en dólares sin factura ni documentos, en moneda que alquila su conciencia venal al servicio siempre de la antipatria, cualquier cosa que, según ellos, irrespete a Chile, constituye un acto de lesa cortesía y que se contrapone al progreso o a la manida globalización. La ignorancia es muy estulta y por ello aniquiladora de cualquier colectivo. El Perú ostenta ese cáncer desde siempre. Sólo que las reservas espirituales de este país son tan grandes que hasta hoy han resistido los embates de estos crapulosos capaces no sólo de vender a sus respectivas madres sino hasta de discutir el último centavo de la transaccción.

En los miedos de comunicación, en las pandillas políticas, en las madrigueras pseudo intelectuales colectoras de dólares, se esconden los mandarines de la ignorancia. Apostrofan de cualquier hito que cuestione verdades tácitas que han inoculadas con maña aviesa desde hace mucho tiempo en el imaginario popular que sólo lee titulares u oye sentencias en noticieros sangrientos y contaminados. No es un hecho fortuito. Muchos de los fautores de los estropicios pertenecen a estas gavillas que aúllan por la adhesión del Perú a la Convención del Mar y, de ese modo, tapar las traiciones y claudicaciones múltiples de que son tristes protagonistas.

Perú es un país muy rico. Tiene, también, una especie rara que aún no exporta, no se sabe bien porqué. Debajo de cada piedra hay un analista. En los árboles, de modo libérrimo y desenfrenado, cuelgan los politólogos. En las buhardillas que pretenden actuar como cenáculos de creación intelectual, abundan los estrategas y geopolíticos. Todos ellos analizan según cómo vengan los fondos, casi siempre desde Estados Unidos y sus agencias hoy benefactoras para la “solución” de los temas esenciales del drama nacional. Por rara situación ¡jamás se arriba a convenciones radicales, sino a paliativos que prolongan las terapias y estiran los dólares y estimulan nuevas remesas! Los new rich ¡se las saben todas! No parece una coincidencia que muchos (el 90%) de los mandarines de la ignorancia sean miembros de esta nomenclatura oligárquica, endogámica, racista y excluyente.

La ignorancia, sus mandarines y palafreneros, son una combinación letal y destructora para Perú. Se puede entender que alguien que no pisó el colegio o jamás llegó a la universidad, tienda a desconocer hechos y sucesos trágicos de ocurrencia irrepetible por respeto al futuro de nuestros hijos. Lo que es imposible de aprehender, salvo el asco que genera la compra de conciencias, es la impostura de que hacen gala los gandules que graznan desde la televisión, diarios o radioemisoras llamando provocación a la visita a La Concordia, Tacna, el próximo 5 de abril. ¡Qué mentalidad de perdedores!

Perú tiene que liberarse vía la educación cívica, adentramiento en la historia, ministerio grave que siempre solía citar recordando a Riva Agüero, el ilustre patriota invicto Alfonso Benavides Correa, de estas cadenas nefastas que le engrilletan a lo más sucio y vil que tiene el alma humana. Ser saltimbanquis de historias ajenas, gonfaloneros de maquillajes que propician universidades para morigerar o desaparecer los abusos y sostener que no pasó la pezuña bestial de la ocupación invasora chilena y sus desmanes entre 1880-1883, como lo hacen algunas casas de “estudio”, es un trauma que está muy metido en el alma servil, esa parte oscura, que habita aún en los peruanos. De ese conocimiento siniestro están muy bien avisados –y remunerados- los mandarines de la ignorancia. Por eso dicen, actúan y sostienen las majaderías mentecatas que enuncian. Este país tiene que librarse, pulverizando, los malos ejemplos de los Pérez de Cuéllares, Wagneres y Niños Diegos, Novaks, entre otros traidores a los que se suele dispensar de enorme espacio para la expresión de sus exabruptos edulcorados.

¿Provocación? ¡Ja, ja! ¡Habráse visto semejante casta de cobardes!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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¡Mandarines de la ignorancia!
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