Tiene razón el Presidente en que debemos concentrarnos en los grandes proyectos y no en las cosas menudas, que la responsabilidad es nuestra, que no se han aprovechado todas las extraordinarias ventajas que nos da la tenencia de recursos naturales, energéticos y estratégicos. También que los grandes empresarios no invierten lo suficiente. Aunque le faltó señalar que ese es un comportamiento rentista histórico, ponerse de socio minoritario de algún extranjero que asuma los riesgos. Gran contraste con los empresarios sureños que no solo invierten en su país sino en los países vecinos, con el apoyo decidido del Estado con proyección estratégica de sus intereses.

Olvidó señalar que allá el Estado controla la renta minera que le permite ingentes recursos fiscales y de reservas que entre otros gastos se destinan a su Defensa. No dijo que la presión tributaria es muy superior a la nuestra lo que le permite gastar mucho más en educación, en ciencia y tecnología, en políticas sociales. Tampoco mencionó que hacen políticas sectoriales activas en proyectos piloto que después trasladan a los privados en promoción de exportaciones, de su agricultura de nuevos sectores productivos en los nuevos desarrollos científicos. El objetivo es lograr el máximo valor agregado con el uso de sus recursos naturales, exportación de manufacturas y servicios.

No mencionó que esas políticas están reñidas con la visión más simplista del Consenso de Washington que se aplicó en el Perú, y que su gobierno mantiene en lo esencial. Con el continuismo no le ganamos a nadie, solo los vivos de siempre que camuflan sus apetitos personales buscando darles forma de políticas de gobierno con racionalidad diferente.

Se equivoca cuando piensa que manteniendo las asimetrías existentes, el comercio norte-sur a favor del vecino, podremos remontar la situación. Se equivoca cuando señala que mencionar los problemas existentes nace de un complejo. Decir que hay un problema de límites pendiente que se debe resolver en La Haya sin mayor dilación, es abrir el camino a futuras mejores relaciones. Entregarle nuestros recursos y sectores estratégicos no solo es consolidar la chilenización de la economía siendo funcionales a su estrategia de crecimiento y expansión, sino suicida. Se equivoca con la respuesta con sonrisas y besos y abrazos a las inaceptables políticas y gestos agresivos de la contraparte. Se equivoca más con la política de cuerdas separadas y negándose a enviar el TLC para su revisión en el Congreso.

Se equivoca cuando propicia la censura de un documental chileno que aborda la guerra del Pacífico, cuando no dice nada sobre los historiadores peruanos que con financiamiento chileno buscan revisar la historia de la guerra o los poetas que son llevados para que reciten en el Huáscar. Se debe propiciar la discusión. Así en vez de Epopeya se podrá presentar versiones del expansionismo y la rapiña o la heroica resistencia del pueblo tacneño. Se repite la lucha por recursos estratégicos que nosotros tenemos y a ellos le falta, rol de las transnacionales, la frivolidad de las élites locales o sus traiciones, la carrera armamentista versus el desarme unilateral. Todos factores que llevaron a la guerra del siglo XIX y que no se deben olvidar y mucho menos repetir en el siglo XXI.

Tenemos que ganarle al hambre a la pobreza, al subdesarrollo, llevar al Perú al lugar que la historia le depara. Eso no se hace con el neoliberalismo ni con políticas de subordinación con los vecinos. Latinoamérica muestra cambios que también ocurrirán en el Perú. Sería mejor que el actual gobierno empiece, para efectivamente ocuparnos de las cosas importantes.