El controvertido proceso de paz con las AUC, ha mostrado que se puede desmoronar en cualquier momento, bien sea por el descontento de los jefes desmovilizados detenidos en Itagüí, por el incumplimiento de la agenda oculta prometida por el ex ministro Sabas Pretelt, como por las confesiones que están dando éstos jefes, en donde muchos políticos, exmilitares, ganaderos y comerciantes están siendo salpicados, no sólo por conformación de grupos de paramilitares, sino por delitos de lesa humanidad. Lo anterior sin contar que el proceso de reincorporación va a media marcha, ya que no todos los desmovilizados tienen salud, apoyo sicosocial, educación, oportunidades laborales y ni un proyecto productivo en qué trabajar.

Pero quizás lo más preocupante es la aparición de grupos de paramilitares o la “tercera generación”, en las zonas dejadas por los anteriores, como Norte de Santander, Nariño, Córdoba, Valle, La Guajira y Bolívar entre otros.

La denuncia de nuevos grupos no es una sorpresa, pues en varias oportunidades, la Defensoría del Pueblo, las autoridades locales de estos departamentos, Ong´s y organismos internacionales, han advertido sobre las consecuencias negativas que ha dejado la improvisada desmovilización de más de 31.000 hombres y mujeres que pertenecieron a las Autodefensas Unidas de Colombia.

Desde el Gobierno se ha afirmado que estos grupos no son nuevos paramilitares. Afirma el Presidente que son bandas criminales pero que no hacen parte, por ningún motivo, de reductos de paramilitares pues, según la Presidencia, éstos se acabaron con las desmovilizaciones y los que no hicieron parte del proceso dejaron de llamarse paramilitares para ser unos simples grupos organizados para la extorsión y el tráfico de estupefacientes.

¿Pero será eso cierto? ¿Cuál es la diferencia entre los viejos desmovilizados y los nuevos grupos que aparecen por todo el territorio nacional? ¿Será que con sólo el hecho de que el Presidente los denomine son o dejan de ser paramilitares?

Uno podría estar de acuerdo con el Presidente de no ser porque estos grupos tienen relación e identidad con los anteriores, pues tiene las mismas áreas de operación (departamentos de la Costa, Santanderes, Magdalena medio, Llanos orientales, Nariño, etc.) y en las grandes ciudades. Es decir que están ocupando los mismos territorios que los anteriores y tienen los mismos tipos de negocios - lícitos e ilícitos: narcotráfico, extorsión, apoyo a expansión de monocultivos como los traídos del África, apoyo a políticos, etc.; tienen las mismas formas de organización y denominación, hasta algunos dicen llamarse autodefensas; toda esta tradición puede estar motivada porque están comandados por los antiguos mandos medios de las AUC (comandante Camilo en el Catatumbo, Cuchillo en los Llanos, Guerrero y Salomón reemplazo de Jorge 40 en la Costa).

Pero quizás lo más importante es que los habitantes de las regiones no perciben la diferencia, dicen ellos que son los mismos paramilitares pero con nuevos nombres (Águilas Negras, Nueva Generación, Rastrojos, Traquetos, etc).

Según la OEA “Este no es un fenómeno homogéneo, pues, de acuerdo a lo verificado (...) en esas situaciones se amalgaman diversas fuerzas e intereses desde distintos sectores dela ilegalidad. Por lo tanto, no se puede establecer una única línea de interpretación”.

Para corroborar estas afirmaciones, Indepaz ha realizado un estudio[1] de los nuevos grupos que están apareciendo en el país, tomando como fuente los datos oficiales: Mapp/OEA, Ejército, policía y Defensoría del Pueblo, contabilizando hasta el momento 84 nuevos grupos de paramilitares.

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El surgimiento de estos grupos se debe en gran medida a que se han dedicado a explotar el know how disponible en materia de rutas para el narcotráfico y el ingreso de precursores químicos, al igual que sus antecesores, por lo que es muy fácil para estos ex mandos retomar los negocios que sus jefes supuestamente dejaron.

Como si fuera poco, la mano de obra es fácil de conseguir ya que, como lo confesó el Programa de Reincorporación ala Vida Civil, no se encontraba preparado para atender a tal volumen de población, pues según informes del Ejército se esperaba la desmovilización de máximo 15.000 hombres y mujeres pero terminaron doblando este número por los supuestos colaboradores de a pie. Al estar en crisis el programa de reincorporación, está por consiguiente en crisis todo el proceso de paz, como ya lo ha dicho Mancuso.

Es tal la crisis del Programa que, según el mismo Ernesto Báez, sólo 1.500 de los 30.000 desmovilizados han recibido oportunidades laborales, y explicó que "lo que ha pasado es que se desmovilizaron grupos de autodefensa y se reactivaron los paramilitares, como se puede ver con los poderosos ejércitos en el Valle, en la región del San Jorge y en el Catatumbo". Báez terminó concluyendo que: "Si no les ayudan a los desmovilizados, la generación paramilitar será más violenta y sanguinaria que las anteriores".

Según la OEA el 35% de los ex combatientes no está cubierto por los beneficios del Programa. “Las estructuras que tienen el nivel de cobertura más bajo son las que se desmovilizaron durante 2006, lo cual se explica por su reciente desarticulación”, dice la OEA, “y sólo 263 desmovilizados se ocupan de los proyectos productivos”.

Las cifras contenidas en el informe Bacrim, que ha elaborado la Policía, revelan la existencia de 21 grupos ilegales nuevos, con 2.587 hombres en armas y células expansivas que edifican actualmente sus estructuras logísticas y militares a través de redes en otras tantas regiones del país.

La diferencia entre el informe de la Policía y los otros informes se da por los criterios para determinar si un grupo puede catalogarse como nueva estructura paramilitar o no. Para Indepaz, con el hecho de tener el mismo territorio, los mismos negocios y que este conformado por miembros de los anteriores grupos paramilitares, es suficiente; así sean hombres que por ahora no muestren el perfil contraguerrillero de sus antecesores, sino que parecen proclives a hacer alianzas con la intención de ganar mucho dinero.

Es éste entonces un problema de gran magnitud ya que de seguir en crisis el programa de desmovilización y la oferta del dinero fácil de la coca, estaremos en pocos meses bajo el dominio económico y político de unos grupos que quizás pueden ocasionar más daño que sus antecesores.

Otros estudios recientes de Indepaz…

Percepción de los colombianos sobre la desmovilización de las AUC/paras:

La Encuesta Nacional Ciudadanía y Conflicto en Colombia, realizada el pasado mes de diciembre y publicada este 28 de febrero, registra una percepción pesimista sobre los avances de la desmovilización en todos sus aspectos.

Camilo González Posso, presidente de Indepaz, analiza los resultados de dicha encuesta. [[Descargue artículo]->http://www.actualidadcolombiana.org...]

[1] Para conocer más acerca de la investigación realizada por Indepaz visite: http://www.indepaz.org.co/xsys3/