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Se ha ido el carismatico y popular Guayabero

No hay más que decir. Envuelto en sus propias leyendas, se ha retirado de la existencia humana el carismático y popular cantor cubano Faustino Oramas, El Guayabero, uno de los estandartes de la cultura cubana.

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Foto: INTERNET

Hace menos de un año en su onomástico 95, el cuatro de junio, dijo, hay Guayabero para rato. Estoy bien, esperando qué me traerá el próximo año, pero sus males físicos que ya le venían minando terminaron poniéndole en la última estación este 27 de marzo.

Un hombre como él, empecinado en sacar partido a lo más jocoso del momento, habría tomado este hecho a broma y si pudiera seguramente entonaría su filosófica canción "El tren de la vida", donde cada quien desciende para siempre en el andén que le toca.

Y a él le correspondió morir en la ciudad de Holguín que le vio nacer, crecer y andar por sus calles, como era, un consumado cronista musical de su tiempo, noctámbulo de larga figura a quien se le reconocía de lejos, guitarra en manos, jugando con los dicharachos, la canción picaresca y su atrevido trovar de doble sentido.

Nadie como él en Cuba, reconocido como el Juglar Mayor, amado en España y dondequiera que estuvo, y lo hizo como máximo representante de una tradición de composiciones humorísticas que lo trascenderán en los sonidos de la Isla.

Este carismático trovador disfrutó de reconocimientos y homenajes, sus últimos cumpleaños constituyeron fiestas de sus vecinos y amigos. Fue laureado con el Premio Nacional del Humor y su nombre puesto en vida a la Casa de la Trova y al Centro Provincial de la Música en Holguín.

Su canción "El Rey del Tumbaíto", compuesta a los 15 años, sirvió a Libertad Lamarque para congraciarse con el público criollo, cuando en visita al país en 1946, la cantante argentina la eligió para interpretar en su programa un número bien cubano.

Pero sería "Marieta" el título que daría a Faustino el pase a la gloria con su gente y aquel En Guayabero mamá me quieren dar, un sitio en el que se inspiró en su bohemio andar y describe la anécdota de la cual surgió el apelativo por el que se le conoció.

Luego vendrían a su caudal imaginativo un repertorio que lo hizo inigualable, con piezas tales como Mañana me voy pa’Sibanicú y La yuca de Casimiro. Con él cantaron y actuaron Tiburón Morales, Cándido Fabré, Gilberto Torres (Candela), Irma Oramas, el Septeto Raíces Cubanas, Pancho Amat y el Cabildo del Son, entre muchos otros.

Lo celebraron artistas de diversas partes y humoristas como Antolín El Pichón y en su casa guardaba con celo fotos y muestras de las visitas que con frecuencia le hacían extranjeros y cubanos, entre ellos el trovador Pablo Milanés, a quien estimaba sobremanera.

Exhibió siempre ese aire de caballero que le asistía en sus presentaciones y que al parecer resultaría incapaz de transgredir costumbres, criterio trastocado cuando su voz entonaba temas como este: Yo vi en Santa Lucía/ bañándose en un arroyo/ a una vieja que tenía/ cuatro pelitos... en el moño/.

Muy seriamente agregaba, "yo digo una cosa y la gente piensa otra. No puedo cantar lo que la gente piensa. ¡Imagínese usted!".

En las plazas donde solía cantar el público le sonsacaba, esperando de él una frase nueva, una irreverencia loca para soltarse en carcajadas, en tanto él se antojaba juez y reprochaba, "ustedes son los mal pensados", luego se apegaba al Tres y sonreía, oculto el rostro bajo el sombrero.

Se va el artista, el Rey del Doble Sentido, el Rey del Tumbaíto, el músico más longevo de Cuba que hasta hace poco aún actuaba en escenarios y se quejaba de que ya no funcionara el "Rincón del Guayabero", donde otrora cantaba casi todos los días.

A esta hora triste solamente la llena el recuerdo de un hombre que a la altura de su extensa vida no quería hablar de muerte, pero tuvo asimismo la osadía de cantarle a la Parca, y así se le recordará, entre guiños de su espléndido humor criollo y aquella expresión suya, Santa Palabra.

Agencia Cubana de Noticias

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