Con delicadeza de elefante en cristalería ha dicho, el sábado último, el actual ministro Rafael Rey, que él y otra persona convencieron al ex presidente Alejandro Toledo de no presentar ante la Corte Internacional de La Haya el caso por la delimitación marítima pendiente con Chile. Sostiene que su socio en esta empresa puso “nervioso” al ex canciller Oscar Maúrtua que “no supo qué contestar”. Al margen de consideraciones que pasaremos a exponer puntualmente hay que hacerse una pregunta: ¿pueden los funcionarios públicos (Rey era legislador) activar, proponer, dinamitar, destruir, perpetrar acciones contra las posturas de Estado en las que el país ha invertido en abogados, cientos de miles o millones de dólares?

Es imprescindible que Rafael Rey revele el nombre del supuesto enterado y experto que le acompañó en la tarea que él ha confesado que llevó a cabo en el anterior gobierno. ¿Será por desventura el traidor y actual viceministro de Defensa, el despreciable Fabián Novak Talavera? No olvidemos que en la campaña electoral, ese miserable era parte del equipo asesor en relaciones exteriores de Lourdes Flores. ¿Fue ése el palafrenero de la posición enunciada por Rey? ¿Qué esperan los miedos de comunicación-intoxicación para exigir cuentas a Rey?

Hay alguna lógica. En Cancillería es harto sabido que Felipillo Novak saboteó hasta donde le fue posible cualquier avenida que condujera a Perú hacia La Haya, ponía reparos, no asistía. Entonces, parecería lógico, proditoramente rectilíneo, que haya estado en trapisondas a su estilo, siempre a favor de otro país como buen abyecto quintacolumna que es. ¿Qué clase de asesorías las que tuvo entonces Rey?

Otra pregunta legítima que no puede desdeñarse es saber si la mano sectaria y fascista del Opus Dei, organización de la cual Rey es disciplinado miembro y embajador, tiene algo que ver en contra de la posición del Estado peruano de llevar el asunto de la delimitación a La Haya. Hasta donde se sabe, elementos como Rey rara vez disparan como monos con metralleta y en cambio sí que son parte de una maquinaria ambiciosa de poder y colocadora de sus cuadros a nivel de gobierno. Rey es un ejemplo en sí mismo.

En presentación televisada con César Hildebrandt, años atrás, rendí homenaje a Cipriani a quien llamé con respetuoso irrespeto: fascista y subrayé que era el único peruano creador de una encíclica: “los derechos humanos son una cojudez”. Cipriani es el big brother del Opus Dei y pieza importante en cualquier engranaje. ¿Será el que informó Rafael Rey algún mecanismo de esa naturaleza? Hoy que todos son luchadores por la democracia, conviene recordar y reivindicar precedentes macizos y directos de claridad expositiva, pública y constante.

El ingeniero Rey dijo urbi et orbi que iba a probar documentalmente que el alcalde Castañeda Lossio era un delincuente. En privado dijo más: aportaría datos fundamentales poco a poco. Ni lo primero y mucho menos lo segundo. Debe ser parte, la discreción, de sus tareas como enteradísimo ministro de Pesquería.

¿Cuánto gastó el Estado, dinero de los contribuyentes, en el pago de estudios especializados para mejor manejar la posición peruana en un contencioso previsible en La Haya? Hay informaciones que la cifra es respetable y en el contexto de una política de Estado, de las poquísimas que alguna vez hubo, en Relaciones Exteriores. No hablamos de la bondad del asunto. De repente el camino de La Haya tiene menos luces y felicidades que las que propagan los únicos enterados del asunto, entre ellos un ex canciller, pero acaso, frente a la lóbrega oscuridad presente, era mejor perspectiva.

Que se sepa Rafael Rey no es diplomático y no aspira a serlo. ¿Qué hacía entonces, con otro “experto” saboteando, esa es la palabra, la posición de la Cancillería peruana? ¿Están facultados los funcionarios públicos para tales quehaceres? Hoy con el mundo al revés en el confundido Perú, acaso la respuesta sea un claroscuro tenebroso. Sin embargo de ello hay derecho a cuestionar con dureza y terminantemente si ¿no nos estamos pisando la cola con esta clase de desmanes que se confiesan alegremente y ningún miedo de comunicación-intoxicación se cuestiona sobre el mismo?

¿Quién se atreve a cantar? ¿Revelará Rey el nombre del mentado asesor sabio? ¿El Opus Dei está metido en delicados temas de Estado? ¿El criollísimo toma y daca, do ut des, doy para que me des, que simboliza al Estado insuficiente, de hinojos y pleno en pusilánimes en todo orden de cosas? Irónico por absurdo que los peruanos tengan que enterarse por El Mercurio o por La Tercera de cuánto ocurre entre el país del sur y el nuestro.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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