El día 14 de marzo a las 10:30 de la mañana un oyente llamó a la W para hacer sus apreciaciones sobre el tema del día: las declaraciones de Piedad Córdoba sobre la ilegitimidad del gobierno del presidente Alvaro Uribe Vélez. Como conclusión, el ciudadano le afirmó a Felix de Bedout: “Los colombianos no nos tenemos que preocupar: ya prontamente se acabará el uribismo y el comunismo.” Esta desprevenida opinión podría pasar desapercibida, mas no, puesto que entrevé una máxima que desnuda nuestra realidad política: el tan mencionado concepto de la polarización, esta más presente que nunca. Ahora detengámonos unos instantes para analizar de qué se trata realmente la polarización, cómo la maneja el Gobierno y cómo la asimilamos los colombianos.

El clima de polarización, entiendido como la situación de un país políticamente divididoen dos posturas antagónicas, se traduce hoy en Colombia en que o somos amigos del paramilitarismo o amigos de la guerrilla.

En este contexto, el país se debate entre estos dos frentes sin la posibilidad de que exista un tercero. Se desconoce además que viene en camino una nueva generación: personas que no saben ni les importa lo que es derecha e izquierda. ¿Cómo atraerlos a la política si seguimos anquilosados en un debate entre opuestos, cual guerra fría (a propósito: ¿quiénes de estas nuevas “almas libres” sabe qué es la guerra fría?) desconociendo que este tipo de enfrentamientos ideológicos casi que han desaparecido después de la caída del muro y el posmodernismo se ha tomado las cabezas de estos miles de jóvenes? La política ha de ser un escenario donde la gente se sienta representada e identificada. Honestamente, en medio de este debate entre gobierno y oposición los escenarios que se presentan en Colombia se prestan para que dos sectores se identifiquen con las posiciones y reacciones de sus voceros, pero una tercera fuerza salga de la arena de discusión.

Con calificativos como "cobardes", "terroristas disfrazados de civil", "guerrilleros de cafetería" (célebre frase del cuestionable senador Alvaro García refiriéndose al Senador Gustavo Petro ), "chavistas" y muchos otros que en el momento se me escapan, el Presidente, sus ministros con su discurso uniformado (caracterizado por el "temple" y la "mano firme" de su jefe) y hasta los mismos congresistas, atacan a quienes se atreven a cuestionar al Gobierno. Por su parte, los jugadores de la oposición hablan, se quejan, escriben e incluso viajan a la mismísima boca del lobo (los Estados Unidos), para acusar al gobierno y pedir garantías para poder ejercer su derecho a la oposición.

Y ahora, aterrizando el concepto a la realidad política preguntémonos: ¿A quién le gustaría estar asociado con el paramilitarismo?, ¿Quién quisiera aparecer como auspiciador de los grupos subversivos?, ¿Con el terrorismo? Ó ¿Con la matanza de sindicalistas y desaparición de militantes de la oposición?Es obvia la repercusión que tienen tales calificativos para la construcción del ideario colectivo acerca de los principales actores de la política. Y hablando de los medios, estos en su afán por conseguir rating, vender periódicos, revistas o conseguir clicks en sus portales de Internet (estos transmisores de “la realidad”), aportan su granito de arena para caldear aun más el debate (como si esto fuera necesario).

El número de llamadas ese día en el popular programa radial mañanero fue impresionante. Personas encarnizadas, blasfemando en contra de la senadora Piedad Córdoba o defendiendo su postura y, por ende, cuestionando el gobierno de Alvaro Uribe, desfilaban por la emisora hasta casi el medio día. Si esto pasa con las personas educadas y con acceso permanente a la información como -se supone- que son la mayoría de los seguidores de Julito, ¿qué estará pasando por la cabeza de la mayoría de los colombianos que se tienen que conformar con las noticias del medio día y el chisme callejero?

Los colombianos no estamos cuestionando esta dinámica y asimilamos las declaraciones y reacciones de estos personajes sin preguntarnos a dónde se dirigen. Con frases efectistas como “el momento de la verdad” y “la crisis de la parapolítica” nos metemos en un espiral de acusaciones y reacusaciones que de manera preocupante, exalta nuestras emociones en detrimento de nuestra racionalidad y capacidad analítica. Genera mucha preocupación que tantos colombianos caigan en este juego de palabras del discurso político y asuman posturas tan contrarias, en un país que no ha construido nada en más de un siglo de antagonismos. Si a este panorama le sumamos el estado de alienación en que se encuentran las terceras voces, que para nada se interesan por estas riñas, es poco o nada lo que puede atraer la política colombiana.

Si los lectores siguen reacios a creer las características de esta coyuntura les pongo un ejercicio: siéntense con algunos de sus compañeros, aquellos amigos de toda la vida, y pongan sobre la mesa el tema de la política.

Graben la conversación y cuenten las veces que salen a la luz palabras como “cobarde”, “patriota”, “guerrillero”, “paramilitar”, “berraquera”, “Chavéz”, “Revolución Bolivariana”, “imperialismo” “Bush” ó “encrucijada”, para solo nombrar unas cuantas. Saquen ustedes sus conclusiones.