La presencia de indígenas en las universidades colombianas es un fenómeno reciente, que tiende a incrementarse y debe cualificarse progresivamente para responder a las demandas de los pueblos indígenas por el derecho a una educación que los fortalezca culturalmente y que a la vez contribuya, tanto a la construcción de una academia abierta a otras culturas y saberes, como a una nación pluriétnica y multicultural, según lo demandala Constitución Política.

Según datos del ICETEX, hasta fines del año pasado, son 2.000 los indígenas que han pasado o están cursando estudios en 82 universidades del país (21 públicas y 61 privadas), de los cuales el 60% (1.200) estudian en el Distrito Capital[1]. Hace 25 años, los indígenas, con muy pocas excepciones, no llegaban a las universidades. Las etnias de las que provienen la mayoría de estudiantes, son las siguientes (orden descendiente): Pastos, de Nariño; Nasas o Paeces, del Cauca; Wayúus, de la Guajira; Camentsás e Ingas, de Sibundoy Putumayo; Arhuacos de la Sierra Nevada.

El acceso de indígenas a las Universidades hace parte de los esfuerzos que se han venido haciendo, desde comienzos de la década de los 80, por parte de organizaciones indígenas, algunos sectores de la Iglesia, universidades y Estado, en el campo de la educación indígena[2]. Así mismo es el resultado de una creciente apertura por parte del Estado y la sociedad colombiana a favor de los derechos de los pueblos indígenas. La coyuntura marcada por la conmemoración de los “Quinientos Años” y la nueva Constitución Política, a comienzos de la década de los 90, favoreció la apertura universitaria hacia los estudiantes indígenas.

Importancia para los pueblos indígenas

La profesionalización de indígenas es una aspiración y una necesidad muy importante para estos pueblos. Sus jóvenes están llamados a apoyar a sus comunidades, como técnicos o líderes, y servir de puente para la inescapable inserción de sus grupos en las dinámicas económicas, sociales, políticas y culturales del país y del mundo. Los pueblos indígenas afrontan el reto de hacer parte de la Multiculturalidad del mundo globalizado sin perder su identidad de pueblos, pero corren también el riesgo de asimilarse y desaparecer en dicha confrontación. Los egresados indígenas, en uno u otro sentido, pueden jugar un papel crucial o no jugar ninguno en relación con sus comunidades, esto tendrá que ver la orientación que reciban en las universidades, además, lógicamente, de la participación y compromiso que ellos hayan tenido en los procesos y luchas de sus comunidades. Podrán ser puente de doble vía para el enriquecimiento mutuo entre las culturas indígenas y el entorno global; o una vía sin retorno que los aleje, a ellos y a su gente, cada vez más de la etnicidad. El aislamiento que caracterizó a muchas comunidades es una opción cada vez menos posible y deseable, que contribuye más a la decadencia que a la sobre vivencia de las comunidades.

Las autoridades indígenas hacen grandes esfuerzos para que su juventud ingrese a las universidades, con la esperanza de que regresen a apoyar a sus comunidades en sus procesos organizativos, en la administración de sus territorios y de las transferencias presupuestales, en la salud, la educación, la justicia, los asuntos legales y el medio ambiente, en las relaciones con las multinacionales e incluso en sus relaciones con ONGs y organismos internacionales. Actualmente hay indígenas en 64 carreras, distribuidos de la siguiente manera: ciencias sociales 45 %; ingenierías 22%; ciencias de la salud 20%; artes 4%; ciencias agropecuarias 3.6% y ciencias básicas 3.6%. Algunas organizaciones sociales están creando programas universitarios indígenas, como ocurre en el Cauca y Nariño, en las que prima el componente político ideológico.

Dos grandes riesgos enfrenta esa esperanza: uno, que los estudiantes no respondan, que fracasen en las universidades o que triunfen pero den la espalda; dos, que las universidades no les den lo que necesitan, que lo aprendido no les sirva o los aleje de sus procesos comunitarios, que pierdan la identidad y el sentido de pertenencia.

Los estudiantes indígenas, a su vez, afrontan otros retos, como por ejemplo la necesidad de adaptarse a la ciudad, también está el reto académico que conlleva a altos índices de deserción y mortalidad académica para quienes vienen de procesos escolares de menor calidad, al mismo tiempo existe el problema de bilingüismo. Si el estudiante indígena finalmente logra profesionalizarse –como efectivamente muchos lo han logrado, algunos de manera sobresaliente- afronta el dilema de aprovechar personalmente su título para abandonar su identidad de indígena y su compromiso con sus comunidades, o regresar a su territorio donde no es seguro que encuentre las condiciones y los incentivos para poner sus conocimientos al servicio de las comunidades, o donde, por encima de estas circunstancias debe cumplir con sus compromisos y deberes con la población. Cuáles son los factores que influyen en una u otra decisión? Es algo que está por investigarse.

Son muchas las universidades (82) que en el país han abierto sus puertas a este tipo de estudiantes, ofreciéndoles algunas condiciones económicas y académicas “preferenciales”. Se destaca la Universidad Nacional que les ofrece cupos, rebajas de matrícula, préstamo beca, vivienda[3], bono alimentario y cuenta con el Programa de Admisión Especial, PAES, para indígenas, mejores bachilleres y estudiantes de municipios pobres[4]. Otras de las universidades de Bogotá con estudiantes indígenas son: Universidad Distrital, Pedagógica Nacional, Javeriana, Andes, Externado de Colombia, Cooperativa, Santo Tomás, la Salle, ESAP, Gran Colombia y Militar. Algunas de éstas ofrecen cupos, rebajas de matrícula y asesoría a los estudiantes. La Nacional, Pedagógica y Distrital brindan bonos alimentarios. Los Andes otorgaban préstamos. Los estudiantes indígenas que cumplen los requisitos, cuentan con el Fondo Alvaro Ulcué[5] que les otorga 200.000 pesos mensuales, que en el fondo son cada vez más insuficiente.

Con seguridad que cada una de las mencionadas universidades tiene un acumulado de experiencias, problemas y aprendizajes que les han dado lineamientos más claros que sólo la buena voluntad para con los indígenas. No obstante, las alternativas son aun muy débil en cuanto a la posibilidad de brindarles una formación “diferencial”, que tenga en cuenta sus particularidades socioculturales, contrarreste los riesgos y los apoye en los retos que los estudiantes enfrentan; que responda a las necesidades de sus pueblos, que fortalezca su identidad, su resistencia y su capacidad de desarrollarse enfrentando el mundo globalizado y multicultural sin perder su identidad. Aun más remota es la posibilidad de que las universidades aprovechen las culturas indígenas, sus cosmovisiones, conocimientos, valores, técnicas, métodos y epistemologías, para enriquecer la educación superior, contribuyendo a la construcción de academias y sociedades más abiertas y pluralistas. Para esto, se hace necesario que las ciencias sociales reivindiquen a los pueblos indígenas como herederos de una civilización americana –cuyos mayores exponentes fueron los Incas, los Mayas y los Aztecas- basada en principios y cosmovisiones radicalmente diferentes a los de las sociedades occidentales, que, como la concepción de la pacha mama o el principio de la armonía con la naturaleza o el comunitarismo, provean alternativas para los graves problemas ambientales, la injusticia y la desigualdad social que enfrenta el mundo occidental.

Política Distrital

Bogotá se encuentra en un momento especialmente favorable para los grupos étnicos, esto se debe en parte a la importancia que el alcalde Luis Eduardo Garzón les ha dado, comprometiéndose a construir conjuntamente políticas y planes de acción específicos para indígenas, afrodescendientes, gitanos y raizales residentes en la Capital. Uno de los ejes centrales de la política distrital actual son las acciones afirmativas o preferenciales para los grupos poblacionales[6], dentro de los cuales están los étnicos.

Desde el segundo semestre de 2005 la Administración ha estado promoviendo un intenso proceso de concertación de políticas y planes de acción con cada uno de los grupos étnicos[7]. Con los indígenas se ha ido avanzando en acuerdos concretos, como los siguientes:

· Con Secretaría de Salud, afiliación al régimen subsidiado a través de los cabildos y programas de medicina tradicional

· Con Secretaría de Educación, cupos, gratuidad total, subsidios y experimentación hacia la etnoeducación

· Con el DABS, canasta familiar alimenticia acordada con cada etnia

· Con El Departamento Administrativo de Acción Comunal, talleres de fortalecimiento organizativo, capacitación empresarial y gestión de un gran Centro Comercial

· Con el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, financiación de la semana cultural indígena y convocatorias especiales

· Con Misión Bogotá, empleo y reubicación de indígenas vendedores ambulantes

· Con el Jardín Botánico, uso de una maloka para rituales y reuniones y programa de etnobotánica.

La mayor parte de las entidades distritales han expresado su intención de abrir espacios para indígenas en sus programas regulares y promover programas específicos para ellos.

La concertación de los indígenas con la Administración Distrital ha estado restringida, en su mayor parte, a los cinco cabildos oficialmente reconocidos en el Distrito: Ingas, Kichwa, Pijao, Muisca de Bosa y Muisca de Suba, los cuales representan aproximadamente la mitad de los 15.000 indígenas registrados en el censo de 2005. En Bogotá se encuentran indígenas de la mayoría de los 84 pueblos indígenas del país, los cuales han llegado como migrantes o como desplazados por el conflicto armado, especialmente en los últimos diez años. Algunos éstos están organizados en la denominada Minga de Desplazados, en la ONIC, quienes han luchado por que la Administración los tenga en cuenta para los procesos de concertación, como también lo han hecho los estudiantes. La concertación de una Política Indígena para el Distrito debe hacerse con todos los indígenas, promoviendo la organización de los que aun no están organizados. La insistencia de la Administración de reducir la concertación a los cabildos, debe ser debatida porque la exclusión de los demás indígenas es contraria a lo que se predica y podría acarrear problemas legales. La exclusión de los desplazados es injusta y la de los estudiantes revela una falta de comprensión de la importancia de este estamento para los pueblos indígenas.

Organización estudiantil

Los estudiantes indígenas universitarios y egresados también deberían contar en los procesos distritales de concertación. Pero para ello se requiere, imprescindiblemente, que estén formalmente organizados para que los tengan en cuenta y sus voceros acrediten plena legitimidad ante las autoridades y entidades del Distrito, lo mismo que ante las directivas de las universidades. Desde hace varios años se viene dando un proceso de organización: en 1996 (hace ya diez años), se realizó el primer encuentro de indígenas universitarios, en Villeta, Cund.; en 1997 el primer encuentro de egresados de la U. Nal; en 2001 el segundo encuentro de egresados; en 2003, encuentro de estudiantes en la Universidad del Valle; en 2004, encuentro estudiantil en La Cocha, Nariño; en 2005, tercer encuentro de estudiantes indígenas, en Medellín con 200 delegados de 17 universidades. En los meses de noviembre y diciembre del año pasado (2006) se llevaron a cabo tres talleres, con apoyo de la Dirección de Participación Ciudadana y de la alcaldía local de Teusaquillo, en cada uno de los cuales participaron cien indígenas de las diferentes universidades del Distrito.

De manera que, hay un largo proceso avanzado, para que el siguiente paso sea la conformación formal de la organización de estudiantes y egresados indígenas de Bogotá. Se ha propuesto que esto se de en el marco de un Primer Congreso Nacional de Indígenas Urbanos que deberían acordar las Organizaciones Indígenas o como parte del Congreso que la ONIC espera realizar a finales del segundo semestre del presente año.

A la Organización de Estudiantes corresponde gestionar apoyos para mejorar las condiciones de vida (vivienda, alimentación, salud, recursos económicos, recreación) y de estudio (espacios, textos, internet, nivelación, acompañamiento) que contribuyan a la adaptación a la ciudad y al éxito académico de los indígenas en las universidades; promover espacios y actividades que fortalezcan la solidaridad entre los estudiantes indígenas en general y la identidad cultural de los de cada etnia en particular; reforzar el compromiso con las comunidades y la reflexión sobre los riesgos de la pérdida de identidad y el desarraigo; mantener una relación orgánica con las organizaciones indígenas y con las autoridades de sus respectivos pueblos; servir de interlocutora ante las universidades, lo mismo que en los procesos de concertación que se lleven a cabo en el Distrito. Igualmente, la organización estudiantil debe promover la proyección de los estudiantes indígenas, de sus culturas, de la problemática de sus territorios y el sentido de sus luchas, hacia el contexto de la universidad, la ciudad y el país, contribuyendo al enriquecimiento del ambiente multicultural y de la identidad como nación pluriétnica.

Si bien, se reconoce y aplaude la apertura de las universidades hacia los indígenas, dicha apertura no se pueden quedar en abrir cupos y rebajar matrículas. Deben asumir el reto de preguntarse si están contribuyendo a fortalecer a los estudiantes indígenas y a sus pueblos; si están efectuando las adecuaciones necesarias para garantizarles el derecho a una educación que responda a sus particularidades, necesidades e intereses colectivos; si se están beneficiando de la presencia de los indígenas y del contacto con sus autoridades y comunidades; si están impulsando con ellos procesos investigativos; si están avanzando en la construcción de una academia y una sociedad pluralista.

[1] Posiblemente el número de indígenas universitarios sea mayor, ya que no todos se registran como tales y el Icetex no tiene todos los registros. En Bogotá la cifra puede alcanzar los mil quinientos estudiantes. Fuera de Bogotá, las regiones con más estudiantes indígenas son: Caldas, Cesar, Nariño y Antioquia. Los datos son tomados del Informe Final de los talleres realizados con universitarios indígenas durante noviembre y diciembre de 2006, promovidos por la Dirección de Participación Ciudadana, Secretaría de Gobierno del Distrito.

[2] Creación de escuelas propias por parte de las organizaciones indígenas, desarrollo curricular, formación docente, investigación, etnolingüística, producción de materiales pedagógicos, normatividad, etc.).

[3] En las “Residencias 10 de Mayo” viven cerca de 400 estudiantes de la Universidad Nacional, de los cuales 280 son indígenas.

[4] Programa PAES creado por Acuerdo 022 de 1986, del Consejo Superior Universitario.

[5] Alvaro Ulcué Chocué, sacerdote y líder indígena Paez, asesinado por miembros de la policía en 1984.

[6] En la administración Garzón, los grupos poblacionales son: 1. étnicos; 2. etáreos: infancia, juventud y adulto mayor; 3. Mujer y género; 4. Población LGBT: lesbianas, gays, bisexuales y transexuales.

[7] En interlocución con la Consultiva Distrital de Comunidades Negras se concertó la “Política Distrital y el Plan Integral de Acciones Afirmativas para el Reconocimiento de la Diversidad Cultural y la Garantía de los Derechos de los Afrodescendientes”, el 28 de Marzo de 2006.