La carta que llegó a nuestras manos señala textualmente: "es nuestro interés, dado el avance integracionista de su gobierno, que usted abandere un proyecto de igual impacto positivo para etnias indígenas locales, mediante el desarrollo de nuestros programas Office y Windows en idioma Wayuu, que le brindará a la comunidad indígena que habla esta lengua, la oportunidad de insertarse con ventajas en este proceso de integración suramericana".

La transnacional también le ofrece al gobierno bolivariano "nuestra Plataforma para la Gerencia Eficiente de Proyectos", y le propone al Presidente darle uso "bien en el desarrollo de sus exitosas Misiones, o bien para desarrollar y activar el Quinto Motor: El Poder Comunal".

Copia de la carta:

Página 1: http://img337.imageshack.us/my.php?... Página 2: http://img71.imageshack.us/my.php?i...

La iniciativa de Microsoft es una repetición de igual número de experiencias que dicha empresa ha realizado en Chile, Perú, Bolivia y otros países latinoamericanos, donde también se han aliado con diferentes gobiernos para hacer versiones de Windows en idiomas Quechua y Mapuche, asesorados por expertos de diferentes universidades de la región, aunque sin mucho apoyo de los supuestos beneficiados: los pueblos indígenas.

FALSO ALTRUISMO

Y es que, si bien han pasado más de quinientos años desde que naciones europeas comenzaron la conquista de América, el Imperialismo no es innovador en su forma de intentar conquistar a los pueblos. Cuando los padres jesuítas españoles vinieron a las Américas en el siglo XVII, encontraron que el idioma de los mapuches y otros pueblos indígenas no tenía forma de escritura, y entonces desarrollaron una. Pero no lo hicieron desinteresadamente; su finalidad no era ayudar a los indios a preservar su cultura, sino poder evangelizarlos y convertirlos al cristianismo.

Hoy en día, Microsoft intenta llevar a millones de indígenas latinoamericanos su producto, no con el fin desinteresado de ayudarlos a preservar su cultura, sino para ganar nuevos usuarios para sus programas. Se busca crear dependencia de sus soluciones que, al ser privativas y cerradas, no ofrecen transferencia tecnológica ni soberanía a los pueblos, no les dan la potestad de entender cómo funcionan sus programas y cómo hacer su propio software, y cierran el camino para que programas y aplicaciones libres puedan ser adaptadas y utilizadas por los pueblos indígenas.

Prueba de esto es lo que ocurrió en Bolivia, donde Microsoft firmó un acuerdo con el gobierno del presidente Evo Morales para producir Windows y Office traducidos al idioma Quetchua, pero el paquete en ese idioma sólo está disponible para quienes tengan ambos productos comprados legalmente. Office es vendido por Microsoft en 400 dólares, y Windows XP cuesta algo más de 100 dólares, por lo que el impacto social sobre la población indígena de bajos recursos es insignificante. En cambio, Microsoft se benefició publicitariamente del asunto, haciendo un gran despliegue en medios de comunicación nacionales e internacionales sobre sus versiones de Windows en idiomas indígenas.

Microsoft es una de las compañías que genera mayor plusvalía en el mundo: su fundador, Bill Gates, es el hombre más rico del planeta. Cuenta con una fortuna personal de unos 47 mil millones de dólares (que supera ampliamente las reservas internacionales de Venezuela), mientras que la de Paul Allen, también fundador de esa empresa y tercer hombre más rico del mundo, sobrepasa los 22 mil millones de dólares. La empresa ha sido demandada en varias oportunidades por sus prácticas monopólicas en Estados Unidos y Europa. Ha interferido en países como Perú y España, luchando contra leyes que benefician al Software Libre y a los pueblos de esos países. Más recientemente, lograron colocar representantes en las discusiones de la Ley de Infogobierno en Venezuela, quienes velaron en todo momento por defender los intereses de la transnacional.

EL PROBLEMA DE LA TRANSCULTURIZACIÓN

Uno de los argumentos que esgrime la transnacional Microsoft es que sus programas permitirán que los indígenas usen las tecnologías, lo que les ayudará a preservar sus culturas. Para averiguar si esto es cierto, debemos entender algunas cosas respecto al software, o programas de computadoras.

Para que sea fácil de aprender, todo programa intenta utilizar una "metáfora" para imitar el ambiente que rodea a las personas. Por ejemplo, Windows utiliza la "metáfora" de una oficina: la pantalla es un "escritorio", con dibujitos (íconos) de "carpetas", "archivos", "documentos", "papeleras de basura" y otros objetos que muchas personas de la ciudad manejan día a día en sus trabajos de oficina.

Sin embargo, ¡los pueblos indígenas no viven en oficinas! Un indígena no entenderá el concepto de una "carpeta" para almacenar muchos "documentos" a menos que primero conozca cómo funciona el ambiente empresarial que se vive en las ciudades. De esta manera, un programa que está traducido al wayuunaiki pero que obliga a los indígenas a aprender la cultura de las personas de la ciudad terminará, en la práctica, influyendo en ellos, transculturizándolos.

LOS PUEBLOS INDÍGENAS LATINOAMERICANOS REACCIONAN CONTRA MICROSOFT

Es interesante que otros pueblos indígenas de Latinoamérica han reaccionado en contra de los intentos de Microsoft de utilizar y manipular su cultura. Representantes del pueblo mapuche emitieron un comunicado en noviembre de 2006, posterior al lanzamiento de Windows XP Edición Mapudungún (el idioma de la etnia mapuche), en el cual manifestaban su "fuerte oposición a la política de piratería intelectual indígena que se acaba de materializar con el lanzamiento del sistema operativo Windows XP, versión mapudungun por constituir una violación de nuestros derechos colectivos, en particular nuestro derecho a nuestro patrimonio cultural e intelectual."

En otra carta escrita a Bill Gates en 2005, la comunidad mapuche indicó que el idioma mapudungun representa "una parte fundamental de nuestra cultura y de nuestro patrimonio cultural. En base a nuestro derecho a la libre determinación como pueblo indígena, el Pueblo Mapuche es el principal custodio e interprete de su patrimonio cultural y solo el Pueblo Mapuche debe y puede guardar, mantener, manejar, desarrollar y recrear su patrimonio cultural." Allí atacaron fuertemente a Microsoft, al Estado chileno y a universidades de ese país por atribuirse derechos propios de los pueblos ancestrales al intentar decidir cómo se representaría su idioma y cómo se usaría en el sistema Windows.

LA NECESIDAD DE QUE LOS INDÍGENAS HAGAN SU PROPIO SOFTWARE

Entonces, para desarrollar programas para las culturas indígenas no basta sólo con traducir Windows (o Linux) al mapuche o al wayuunaiki. Hay que modificar el programa para que se adapte a la cultura de los pueblos indígenas. Y nadie mejor que los propios indígenas para liderizar la construcción de su propio software.

Por fortuna, no hace falta que ellos fabriquen un programa desde cero. Es posible que tomen un programa que ya funcione, y lo modifiquen para que se adapte a la cultura de cada uno de los pueblos indígenas venezolanos.

Aquí viene el problema del software privativo o propietario: para poder modificar un programa como Windows, se necesita su "código fuente", que es equivalente a sus "planos". Con ese código fuente, el programa puede ser modificado y mejorado según las necesidades de nuestros pueblos.

Pero además, se necesita permiso legal para poder modificar ese código fuente, pues es considerado una "propiedad intelectual" por las leyes. Y también se necesita permiso legal para poder darle el código fuente a otras personas, de tal manera que un pueblo indígena pueda tomar un programa hecho por otro pueblo indígena, y modificarlo para adaptarlo a su cultura.

La empresa Microsoft no entrega el código fuente de Windows u Office, ni muchísimo menos concede el permiso legal para que los propios pueblos indígenas adapten Windows según sus necesidades. Lo consideran su "propiedad intelectual".

Por fortuna, existe otro tipo de aplicaciones (aquellas denominadas "Software Libre") que sí conceden a cualquier ciudadano 4 libertades básicas que le permiten usar el programa, poder examinar su código fuente para entender cómo funciona, tener permiso legal para modificar el código fuente y, además, poder darle ese código fuente a otros para que ellos también puedan hacer su propia versión modificada de ese programa.

De esta manera, es posible tomar programas libres como Linux, AbiWord u OpenOffice, permitir que los propios indígenas las traduzcan y, mejor aún es posible que ellos mismos las adapten de acuerdo a los aspectos culturales de su propio pueblo. Ya hay iniciativas comunitarias para traducir aplicaciones de software libre a diferentes lenguas indígenas: en Runasimipi puede descargarse una versión del procesador de texto libre AbiWord traducida al idioma Quechua. Hay iniciativas para crear versiones de Linux y OpenOffice en Quechua así como en Mapudungun; sin embargo, se han tardado en parte porque es realizada por algunas personas en sus tiempos libres.

Por ello, se necesita la participación y el financiamiento del Estado, la asesoría de las universidades y -por sobre todo- la dirección de las mismas comunidades indígenas, quienes deben asumir el control de los proyectos, con el fin de crear programas libres no sólo en wayuunaiki, sino en los otros 33 idiomas indígenas que se hablan en Venezuela.

LAS INTENCIONES DE MICROSOFT

Por último, dejamos una pregunta en el aire: ¿busca Microsoft beneficiarse de la figura del Presidente Chávez para impulsar sus diferentes productos comerciales y mejorar su deteriorada imagen de empresa monopólica, capitalista y globalizadora? Así parece. Esperamos que nuestro Jefe de Estado no caiga en la trampa.

# Portal de Aporrea (Venezuela)