“Las protestas de los últimos días van en contra de una actividad de erradicación, en una zona donde todos los cultivos de coca van al narcotráfico y, donde, además, opera Sendero Luminoso. Estoy convencido de que es absolutamente imprescindible una política de varios elementos para combatir al narcotráfico, el desarrollo de cultivos alternativos, la interdicción y también es imprescindible la erradicación”, quien dijo esto no es ¡de ninguna manera! un político peruano, es Mr. TLC el moribundo embajador norteamericano James Curtis Struble, incontinente y lenguaraz diplomático que se despide en breve del Perú.

Dice Mr. TLC que lo ocurrido ¡qué coincidencia! en las zonas selváticas no afectará la ratificación del Tratado de Libre Comercio, TLC con Estados Unidos y con respecto a bases militares también negó que su país presione al nuestro para su cambio de ubicación de Ecuador a Perú. Y entonces hay que creer que la buena voluntad de Mr. TLC es de tal magnitud que él dicta, a su antojo, qué es bueno y qué no lo es para tranquilidad del gobierno de Alan García y también para los empleados a sueldo dolarizado que mantiene su administración en Perú y, sobre todo, en temas referidos a los cultivos de coca.

El ejercicio imperial de Estados Unidos no cesa nunca, mucho menos ahora que tienen necesidad de pergeñar y complementar un mundo aliado para sus múltiples planes de abastecimiento de agua, tierras de cultivo y defensa geopolítica con rivales tan latentes y a menos de dos décadas como China e India. Y para ello se valen de emisarios del jaez protagonizado por Mr. TLC Curtis a quien los miedos de comunicación-intoxicación miman como a uno de sus mejores engreídos. ¡Y ni qué decir de los políticos, sobre todo los de la rabanería caviar que viven de dólares que pagan muy bien su papel de agentes reciclados del imperialismo!

El secretario general del Consejo Nacional de Derechos Humanos, Luis Alberto Salgado, dijo ayer que los plañideros miembros de la Comisión Nacional de Derechos Humanos habían pecado de deslealtad con Perú al quejarse fuera de hechos que no han denunciado documentalmente dentro. Preso, de repente, de un lenguaje edulcorado y formal, Salgado no puso los puntos sobre las íes. Quien se expide, institución –testaferra local y dolarizada de intereses extranjeros- o persona individual, contra Perú, no sólo es desleal sino soplón de bajísima estofa. ¿Así que ahora la lucha por los derechos humanos es a través de los foros que dan respaldo porque así lo dicta el imperio? Da risa comprobar cómo, nada menos, que la Secretaria de Estado de la nación más violadora de los derechos humanos, Condolezza Rice, Gringolandia, deviene en el cartabón sagrado que citan aquellos en defensa de sus organizaciones. ¿Por algo será, no?

El panorama involucra ¡qué duda cabe! a Estados Unidos, sus adláteres y agentes locales, disfrazados de especialistas en temas de cultivos de hoja de coca y combate al narcotráfico y derechos humanos. Por tanto, hay una relación directa entre lo que dice Mr. TLC Curtis cuando afirma que su país no ejerce presión sobre Perú, sin embargo opina con amplitud y generosa cabida en los miedos, de todo cuanto le viene en gana, sin que ¡por supuesto! los políticos, el Congreso, el Ejecutivo, las ONGs, señalen la clarísima intromisión grotesca de que es protagonista nefasto el embajador estadounidense. ¡Cuánta falta hace un Juan Domingo Perón para que le diga sus cuatro frescas a este norteamericano!

George Orwell ha resucitado con su 1984, más vigente que nunca porque Big brother is watching you! ¡Vergüenza!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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