Para evitar que el sapientísimo presidente ejecutivo de Devida (¿o De Vivos?), Rómulo Pizarro, crea que le ha salido un nuevo enemigo político, Perogrullo –a secas- alude a verdades evidentísimas que no necesitan de mayor demostración como las que siguen:

“que el Poder Ejecutivo trabaje en estrecha coordinación con los gobiernos regionales y locales contra el flagelo del narcotráfico”;

“que el combate a este delito no puede ser realizado sólo por el Ejecutivo y, debe haber un compromiso con todas las entidades públicas y privadas”;

“la lucha contra el narcotráfico tiene que ser multisectorial, pues de lo contrario se perderá eficiencia”.

“la lucha contra el narcotráfico no acabará en dos, tres o cuatro años, sino que seguirá adelante y si queremos tener resultados tenemos que seguir trabajando para evitar más violencia y secuestros que son una consecuencia del narcotráfico”.

El responsable de estas perogrulladas es el conocido vendedor de calaminas, Rómulo Pizarro, elevado a la condición ¡nadie sabe cómo ni con qué pergaminos! de jefe ejecutivo de una reconocida como ineficiente entidad pública de lucha contra el narcotráfico.

Con largos y burocráticos meses en el cargo, hay que preguntar a Pizarro ¿cuáles son los logros reales y no inventados en su dinámica oficina de prensa, sobre estos lindos y bondadosos propósitos que él se encarga de repetir por doquier? El que diga la teoría no basta. Tiene, por fuerza de la situación delicadísima que este acápite comporta, que exhibir resultados y si no los tiene: ¡a su casa! Teorema fundamental de cualquier empresa social y gubernamental es que hay que ir a la verdad ¡por los hechos! y no por la baba abundante que ciertos funcionarios públicos emplean con los miedos de comunicación para justificar sus sueldos pingues y posiciones expectantes como la del señor Pizarro que anhelaba, luego de la estrepitosa caída de la ministra Mazzetti, en heredar ese puesto que mal manejó con dispendios que son materia de denuncias en el Poder Judicial durante el toledato.

¿Quién sostiene y de qué maneras se afianza el señor Pizarro en el cargo? Para decir lo que ha expresado de modo público basta un guión medianamente redactado por cualquiera de sus ujieres de prensa. No obstante nadie le pregunta sobre resultados lo que llama a sospecha porque entonces empieza a notarse una dinámica extremadamente simpática para con un funcionario que hasta hoy no explica de los derroches mayúsculos de su gestión en Interior en años pasados.

¿Qué dicen de nuevo las eminentes declaraciones de Pizarro? ¡Absolutamente nada! Son verdades de Perogrullo. ¿Le paga la nación, es decir los contribuyentes botan su dinero, para que un dicharrachero burócrata hable lugares comunes y sea un pálido, por ineficiente, aporte al gobierno del señor García Pérez? No estamos hablando de temas inanes o de tercera o cuarta categoría. Se trata de la lucha contra el narcotráfico, las pandillas criminales que se agrupan en su promoción y el combate que debía haber contra los grupos financieros, políticos y cabilderos que alambican su accionar canceroso en el país. De esto ¡por supuesto! no ha dicho ni pío el señor Pizarro. El camina por lugares comunes sin que nadie lo fastidie ni le haga preguntas demasiado comprometedoras. Mientras tanto, hay quienes se afilan las uñas y persisten en su tarea disociadora. ¡Qué impavidez la que impera en los miedos de comunicación-intoxicación!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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