El titular es llamativo y sospechoso: “Urge gasoducto para atender sur del Perú”. Cualquiera con cierta lógica constructiva pensaría, con prioridad de prioridades, que se trata del tramo que desde Camisea lleva el gas a Cusco, lugar natural y obliterado mañosamente. Pero no, no es así. La nota afirma que “las empresas demandantes de energía que operan en el sur del país (principalmente mineras) sumadas a la futura industria petroquímica, en base a gas natural (GN).” Expreso, 3-5-2007 ¿No les recuerda este asunto al famoso anillo energético, iniciativa que salió desde Chile y en pro del gas hacia ese país?

Me permito recordar lo que escribí en Anillo energético ¿para quién? el 5-9-2005:

“Es decir hay brumas más o menos espesas sobre cómo Perú y para qué adheriría nuestro país a un ignoto “anillo energético” cuyo fin primordial sería la de solucionar la escasez consuetudinaria de gas que hay en Chile. ¿Dónde están las ventajas para el Perú? ¿Acaso no sería mejor negociar por las avenidas del arreglo de otros temas pendientes como, por ejemplo, la delimitación marítima con el país del sur? ¿O es que siempre hay que estar arrodillados como gusta tanto a los vendepatrias que afincan sus devaluados reales en los ministerios y en la burocracia?

En cualquier negocio, es menester invocar que los réditos beneficien a todos los participantes. Si no es así, mejor explorar otros caminos y alamedas. Y en esto hay un fuerte componente político que debe resguardar la dignidad soberana y cautelar que la historia patria no registre otra vergüenza entreguista en nombre de supuestos progresos que sólo hacen más ricos a quienes forman parte de las grandes confederaciones empresariales que sólo privilegian el lucro de sectores minoritarios y oligárquicos.”

Entonces, con la expresión por Patrick Eeckelers, gerente general de Suez Energy Perú: “Más aún cuando la línea de transmisión (Mantaro-Socabaya) sigue saturada, lo cual elevará el precio de la energía eléctrica, por ello es importante que llegue el GN al sur del país”, se prevén las condiciones que hagan necesario, según este caballero, la instalación de un gasoducto en el sur. Resulta clamoroso que no se diga ¡siquiera! una palabra por Cusco y el gas de Camisea como su fuente natural y cercana de aprovisionamiento.

No puede haber ¡ningún gasoducto! que no comience por atender al Cusco desde Camisea. ¿Cómo se explica que esta enorme dinámica no beneficie a la ciudad imperial? Y en cambio sí perjudique a poblaciones nativas, malogre eco-sistemas, aniquile flora y fauna y contamine cada cierto tiempo con los escapes de gas de un gasoducto-estafa sobre el que no se notan intenciones de escrutarlo al milímetro?

Las campañas de esta naturaleza, como es siempre en la mercadotecnia, comienzan así: de a pocos, hasta que embuten conceptos y justifican contratos y licitaciones. De allí a revivir el anillo energético de hace dos años, no hay sino muy poca distancia. Y siempre olvidándose de Cusco.

¿Cuáles son las intenciones aquí contenidas? Quien quiera ver suspicacia no tiene sino que remitirse a la historia de otras concesiones para darse cuenta que no estamos muy desencaminados. Un ex ministro de Economía, Javier Silva Ruete tuvo dos expresiones infelices para demandar la aprobación del regalo que se hizo del Aeropuerto Jorge Chávez a una empresita como LAP, Lima Airport Partners, hace pocos años: ¡que iban a llegar 1400 millones de dólares en inversiones y que se hacía el contrato sí o sí! Lo segundo se cumplió. Lo primero fue falso y mentira monumental. No sólo eso, LAP ha contraído deudas con bancos norteamericanos y alemanes, por el orden de US$ 125 millones de dólares con aval del Estado peruano y nadie sabe si están honrando la obligación o no. Entonces, ¿hay derecho a dudar de tanta belleza, no les parece?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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