Tiene ya cierta tradición en el país realizar una evaluación de los cien días del ejercicio del gobierno. Generalmente en los últimos tiempos, casi la totalidad de los gobiernos no han logrado sostener el respaldo y la popularidad con la que ganaron las elecciones y cayeron en el desprestigio y el rechazo popular. El presidente Rafael Correa hace la diferencia, en medio de una aguda confrontación política, de la que él ha sido protagonista, de una sostenida movilización popular por alcanzar los cambios anhelados y ofrecidos, llega en estos primeros cien días con una alta popularidad, con un triunfo político contundente en la Consulta Popular, que alcanzó el 82% de la votación. Esta intensa lucha política que confronta a los trabajadores, los pueblos, las organizaciones populares y de izquierda y el gobierno contra la derecha, ha dejado golpeada a la oligarquía del país, aquella que es identificada como la partidocracia, que ha dominado la conducción política del país en las ultimas décadas. Este triunfo de las fuerzas progresistas, patrióticas antioligárquicas y el arrinconamiento de la derecha, no cierra el ambiente de confrontación que vive el país, porque el desmontaje de las fuerzas derechistas de los aparatos de poder, el reordenamiento jurídico y de fuerzas en el establecimiento está lejos de producirse de manera pacifica, calmada y en orden como algunos quisieran, para muestra basta ver las acciones que la derecha ha realizado en el Congreso, el Tribunal Constitucional y ahora un grupo de ex diputados que claman apoyo del criminal gobierno de Álvaro Uribe, con quien evidentemente tienen las mismas posturas ideológicas y políticas. El proceso electoral que está abierto en miras a la Asamblea Constituyente abre una nueva etapa de esta confrontación, en la que nuevamente estarán al orden del día las posturas del viejo Ecuador, representadas por el PSC, UDC, ID, PSP, PRE y las posturas del cambio, de la Patria Nueva, por las que han venido luchando los trabajadores y los pueblos. El Gobierno tiene una gran responsabilidad en sostener y acrecentar esa corriente, en convocar y unir a esas fuerzas en una propuesta electoral que incluya a las organizaciones sociales, que no solo se han pronunciado y respaldado la acción de Gobierno, sino que han luchado por los cambios, donde las fuerzas políticas de izquierda como el MPD, Pachakutik, socialistas y otras, junto con Alianza País, puedan presentar al pueblo una opción sólida, coherente y firme que haga mayoría en la Asamblea y puedan asegurarse así las transformaciones más profundas posibles. El anuncio del Gobierno de que habrían varias listas de la corriente y un solo proyecto, no contribuye a este propósito, pues de hecho dispersaría las fuerzas, le abriría un campo a la derecha y aunque el Gobierno logre el 50% de los asambleístas, de todas maneras le restaría la posibilidad de tener aliados más firmes. Para los trabajadores, los pueblos y la izquierda el reto esta planteado, mantener su unidad y la lucha en alto para que las posiciones y propuestas transformadoras tengan presencia dentro de la Asamblea como garantía para que esta no se mediatice.