Días atrás se dio cuenta de las movidas intestinas en la empresita Lima Airport Partners, LAP y que han colocado a Juan Salas como gerente de operaciones aunque Jim Fullerton, el ex militar estadounidense, mantenga la gerencia central de operaciones. Sin embargo, estos incorregibles infractores perpetuos de todas las leyes, siguen haciendo de las suyas. Fullerton ha nombrado a un paisano suyo, que viene de Continental Airlines, como responsable de Seguridad de LAP.

La legislación actual indica que este puesto (Seguridad), debe ser desempeñado por un peruano y es ¡precisamente una violación de la ley de este tipo! la que hizo que la DGAC sometiera a LAN a la Junta de Infracciones y la multara pues tenía a un ciudadano chileno (Torres Pinochet) como gerente de Seguridad, contraviniendo lo dispuesto.

Pero la pillería en LAP siempre está en el menú diario: al ciudadano norteamericano lo tienen como subgerente mientras "arreglan" lo de su nacionalidad, es decir, pretenden nacionalizarle en tiempo extraordinario para decir que un peruano está a cargo de la Seguridad en LAP. Hoechst, Hess, Hesch (o algo así), ¿habla siquiera castellano?

¿Por causa de qué la DGAC no dice esta boca es mía cuando, lo mínimo, ya debería estar llevando a LAP a la Junta de Infracciones y sancionarla como es debido?

Con respecto a LAP no funcionan las instituciones encargadas de vigilar aspectos esenciales para el Estado peruano. LAP sobrevalúa en US$ 300 mil dólares cada una de las siete mangas y la investigación la tiene encarpetada desde hace un año el contralor Genaro Matute, que no controla nada, es ciego funcionario y guarda silencios más que sospechosos.

La DGAC es nulidad aberrante. ¿Por causa de qué sí actuó multando a LAN cuando incurrió en falta y no lo hace con lo evidente que ocurre en LAP en estos mismísimos días? ¿estas omisiones son pagadas o financiadas?

Con avieso ocultamiento el MTC ha dado cuenta, tardíamente, de las “propuestas” que LAP hace al contrato de concesión y al que llaman con majadería manipulatoria “Addenda V”. Lo que quiere LAP es otro contrato, siempre a su favor, porque jamás ha cumplido lo pactado desde que les fuera regalado en carrera de un solo caballo el Aeropuerto Jorge Chávez. Para colmo de males, la abyección se propagó a los aeropuertos de provincias y también se obsequiaron alegremente doce terminales aéreos a una empresa sin ¡ninguna experiencia en este ramo! como es Swissport, cuyo dudoso mérito consiste en haber sido expulsada en febrero de Bolivia ¡por incumplir el contrato y no invertir lo pactado!

Otra entidad que es una coladera y que necesita ser escrutada al milímetro, sus funcionarios investigados en sus cuentas bancarias y riquezas patrimoniales, es Proinversión que ya ha anunciado más concesiones de aeropuertos. ¿Será el mediocre silencio del Congreso, fruto de sus escándalos chabacanos, magnificados por una prensa puñalera y bastante interesada en temas subalternos?

En pocos días más verá la luz ¡Estafa al Perú! ¡Cómo robarse aeropuertos y vivir sin problemas!, manual de 350 páginas sobre maromas, sacadas de vuelta, cohechos, complicidades, que trajo la concesión malhadada del Jorge Chávez y la más reciente que fue la de los aeropuertos de provincias. Será una ocasión brillante la del Congreso de compaginar su precarísima existencia con uno de los temas esenciales del drama nacional y limpiar su imagen de antro de corruptelas baratas para trocarla por el ágora estricta que arremeta contra el reino de la impunidad y la delincuencia. LAP es alumna aprovechada de esas prácticas lesivas contra la salud moral, económica y financiera del Perú.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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