Como si las ruinas preíncas o incas y los vestigios históricos formaran parte del haber de una pulpería de barrio, la ministra de Comercio Exterior, Mercedes Aráoz, acaba de decir: “Kuelap es uno de los recursos turísticos más importantes de la macro región nor amazónica. Creemos que va a ser el segundo producto turístico de nuestro país junto a Machu Picchu. Sin embargo todavía tenemos que hacer un esfuerzo colectivo importante para ponerlo en valor y convertirlo en un producto turístico de primer nivel”.

Apelando, la misma señorita de marras, a los neologismos afirmó: “Estamos trabajando en la conectividad bajo el marco del Proyecto Perú del ministerio de Transportes y Comunicaciones. Hay un compromiso expreso para trabajar en el desarrollo de las carreteras que conectarían a Amazonas con el resto de comunidades tanto de Cajamarca como de Lambayeque……Con la puesta en valor del aeropuerto y la llegada de aerolíneas estaremos dando el impulso necesario a esta zona porque ya queremos que empiecen a llegar más turistas”.

Es de suponerse que la sapientísima ministra de Comercio Exterior, para quien la tradición, el Ande, la historia, el culto a los que murieron por la patria, es basura deleznable, quiso decir que hay que promover el turismo y que para ello había que garantizar mejores vías de comunicación. Años atrás, esta idea fue luminoso entusiasmo del ex vicepresidente Raúl Diez Canseco, quien, como a todos consta, donde pone el ojo pone el dólar. Y así lo denunció, con certera puntería, en Dignidad, en el 2002, Roxana Cuba. Hay derecho a preguntarse, como entonces lo hacía la ceramista: ¿dónde está el negocio? o ¿qué parentesco hay entre lo de hoy y lo de ayer?

Cuando el legado pretérito se maneja con palurdo cinismo y se considera que Machu Picchu, Kuélap, y otras ruinas y monumentos históricos son fábricas de dólares para el gobierno de turno y los funcionarios de ocasión, entonces, un país sólo merece aquella sentencia célebre de Pablo Macera: ¡el Perú es un burdel! Todo tiene precio y tarifa y la conectividad y productividad y demás huachaferías y neologismos bonitos, sólo maquillan trapisondas y planes de futuro. ¿No hemos visto, hace pocos días, muy orondo y caradura al vendepatria ex ministro de Comercio Exterior, el representante oficioso del TLC con Gringolandia, Alfredo Ferrero, muy bien investido con el puesto de gerente importante? Ya cesó, dicho sea de paso, su cantinela que lo contrataran en esta administración, pero el robusto alfil del neoliberalismo aprovecha el pan que sembró desde muy altas esferas. ¿Se repite la historia?

No hay duda que el turismo es una industria sin chimeneas contaminantes como las mineras que ya tienen hasta sus propias ONGs para la guerra mediática y legal comprando conciencias y voluntades en miedos de comunicación y tribunales. Tampoco existe pizca de sospecha que los puestos de trabajo que el turismo produce redundarán en sus protagonistas. La pregunta es ¿a qué obedecen esos calendarios apurados para inaugurar el comienzo de obras sin mayor información a la opinión pública porque, “felizmente” dicen algunos, Amazonas está muy lejos? ¿podría publicar el ministerio de Comercio Exterior la lista de las empresas participantes para que todo el mundo se entere de quién es quién? ¿será mucho pedir?

No habló ni una palabra en torno a una cultura turística gestionadora de nuevos paradigmas de comportamiento con el turista externo y con el de adentro. Por algún vicio inextricable, se tiende a pensar sólo en el foráneo. Si se promovieran a precio de costo, circuitos turísticos de promociones escolares entre todo el Perú, habría una formidable revolución que permitiría que los peruanos abrieran compuertas hasta hoy cerradas ¡precisamente! por el turismo extranjero que fomenta el encarecimiento de costos. Como de costumbre, un sector perverso del comercio pretende, no ganar de a pocos y con paciencia de carboneros, sino hacerse millonario en dos o tres años. Con precios más cómodos, se vendería más y la expansión peruanista adentraría más cultural e históricamente en los propios compatricios. Pero, claro, esto, no le garantiza a los pícaros, trabajos para cuando dejen los ministerios o las oficinas públicas. El famoso “pan para mayo”. ¿Qué les parece?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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