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Se trata del aberrado sentimiento de un sector adinerado, residente en el sur de la Florida, que coexiste y sigue el juego a la mafia anticubana que allí se hospeda, y no quiere enterarse —ni sepan que sus hijos y nietos— de realidades que hoy adornan al Caimán Antillano el cual un día abandonaron.

Cuando algunos de esos elementos supieron que en las bibliotecas escolares floridanas se hallaban libros donde se afirmaba que "la gente en Cuba trabaja, come y estudia, igual que en otros países" —según expresión textual del cable de prensa— montaron en cólera y lo calificaron de "horrorosa propaganda comunista".

En realidad, si algo estuvo mal en la nota referida de la agencia informativa, fue eso de que la gente en Cuba trabaja, come y estudia, "igual que en otros países", pues en verdad en muchos otros países no toda la gente trabaja, come ni estudia como en Cuba, porque la mayoría suele padecer altas tasas de desempleo, desnutrición y analfabetismo, todo lo contrario a lo que sucede desde hace mucho rato en la tierra de los pioneros quienes aparecen retratados en los libros decomisados por quienes se olvidaron de la Constitución estadounidense.

Incluso en los propios Estados Unidos, más de 40 millones de residentes no tienen acceso a servicios de salud; millones viven en las calles y el analfabetismo es crónico en los sectores más empobrecidos, ¡paradójicamente en la nación cuyos gobernantes se vanaglorian de ser considerada la más poderosa del mundo!

La polémica sobre los libros explotó en abril de 2006, cuando un padre descubrió el título "Vamos a Cuba" y se quejó de que en sus páginas "se miente", porque, según él, "en Cuba los niños son adoctrinados, se trabaja para el Estado y los alimentos están racionados", refiere el cable de prensa.

La misma fuente afirma que el libro cuestionado contiene fotos a color de monumentos, personas, edificios y paisajes de Cuba, con frases sencillas sobre la vida en la Isla, y está dirigido a niños de cinco a siete años de edad.

En verdad el objetivo pedagógico del volumen es enseñar geografía, han afirmado los autores, que con igual estilo elaboraron obras similares sobre diversos países, las cuales se pueden consultar en las mismas bibliotecas de Miami.

Pero se multiplicaron las quejas provenientes de la alta alcurnia adinerada de Miami y de sus serviles amanuenses, los que incluso participaron en "acciones comando" para sustraer otros libros de los estantes: "Cuban Kids" (Niños cubanos) y "Discovering Cultures, Cuba" (Descubriendo culturas, Cuba)

Según los vulgares ladrones, esos cuadernos "dibujan un panorama rosado sobre la vida en la Isla comunista".

Ante los aullidos fascistoides que exigían retirar de las bibliotecas las 49 copias de las citadas obras, los corderos de cuello blanco de la Junta Escolar del Condado Miami-Dade plegaron la cerviz y cumplieron las demandas. Creían haber hecho méritos para asegurarse el apoyo electoral del importante sector de "las clases vivas" en venideros comicios.

Personas sensatas residentes en dicha urbe, muchas de las cuales conocen los reales desvelos del gobierno cubano por la niñez y bajo amparo constitucional exigieron ante la justicia que los libros se repusieran en los estantes bibliotecarios.

¡Sorpresa para los apocalípticos! Un juez federal en Miami ordenó devolver los libros a las bibliotecas, pues determinó que la Junta Escolar había abusado de su poder para "eliminar las expresiones de ideas que no aprueba".

Comenzó así la clásica cadena de apelaciones que caracteriza la impartición de justicia en el contexto norteamericano. Apeló la Junta Escolar a nombre de los apocalípticos, y volvió a reclamar la Unión Americana de Libertades Civiles en representación de los integrados a la cordura civilizada.

Durará tiempo definir la cuestión, alertan expertos locales.

Pero algo ha quedado muy claro: La mafia de origen cubano asentada en la Florida, sus gubernamentales padrinos y los genuflexos burócratas de cuello blanco temen que la felicidad irradiante de la sonrisa de los pioneros cubanos en las páginas de libros escolares pueda contagiar a muchos otros niños ansiosos de poder sonreír.

Agencia Cubana de Noticias