La nota 100 de prensa de la Defensoría del Pueblo “sugiere gratuidad del trámite a ciudadanos en situación de pobreza”. La 99 “propone reforma integral de la gestión ambiental”. En la 98 se lee que el Informe 121 reporta que “la situación en juzgados contencioso-administrativos pone en peligro demandas ciudadanas contra la administración pública”. No ha dicho una sola palabra la DP sobre los trágicos sucesos acontecidos en Casapalca con la pérdida infausta de vidas humanas. Tampoco se ha pronunciado sobre el impresionante fiasco que ha representado el papelón del Congreso en el tema del TC. ¿Sirve para algo la Defensoría o simplemente toma razón de los sucesos, emplea personal, paga sus sueldos y alimenta burocracias doradas para que elucubren hipótesis sobre multitud de situaciones corrientes –hasta vulgares- y cumpla con existir?

Según la ley es deber de la Defensoría “proteger los derechos constitucionales y fundamentales de la persona y de la comunidad, supervisar el cumplimiento de los deberes de la administración pública y la prestación de los servicios públicos a la ciudadanía”. Aparte de mojigangas que se leen bien en los diarios ¿qué ha hecho la Defensoría en torno a temas de fondo como la tremenda estafa que es el contrato de concesión del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, la concesión de los doce aeropuertos y la entrega, según novísimos dispositivos publicados en El Peruano de aeropuertos a municipios y gobiernos regionales? ¿qué hay de Camisea ahora supervisada por una empresa alemana pagada por el consorcio tramposo constructor del gasoducto-estafa?

De repente conviene recordar cómo es que la actual titular de la Defensoría, Beatriz Merino, llegó a este puesto. En medio de marchas y contramarchas, también del muy desacreditado Establo de la Plaza Bolívar, se la escogió luego de desplantes y descoordinaciones. Una vez en el cargo, Merino habló de gestiones avanzadas para planes e iniciativas de saneamiento y de agua. Hasta hoy no explica qué quiso decir con aquellas expresiones. ¿Tenía ya como ex funcionaria del Banco Mundial, planes con nombre propio o dedicatoria para coordinar en Perú sobre esos acápites? ¿o de qué hablaba? Por tanto, no remover la misma historia de cubileteos, a cual más torpe, en el Congreso, conviene o explica el silencio actual en la Defensoría y su titular.

Entonces, ¿la Defensoría toma razón de mil y un circunstancias, emite comunicados y da material de que emitir comentario en los medios de comunicación? ¿tan poco es lo que se puede esperar de esta institución? ¿no empieza a sentirse que si el Congreso, el TC, son instituciones devaluadas, de poco prestigio, la DP está en ese mismo nivel burocrático, ineficaz y puramente formal para llenar crónicas de naderías coyunturales?

La psicología peruana goza alabando con fruición y ensalzando supuestos logros. La orfandad de crítica despiadada permite que nadie cuestione si se cumplen objetivos o tan solo se maquillan formas o empujan brulotes por la carencia de rigurosidad en el escrutinio. Además, cuando los medios, al alimón, están comisionados –y pagados- para fabricar imágenes, cualquier idiota pasa como científico, internacionalista, analista, estratega o luchador social. Así de fácil la impostura en medio de una hipocresía común obscena.

Ninguna institución escapa a la acelerada descomposición permanente que todo lo enloda. Aquí nada funciona, salvo la viveza de rufianes que se hacen ricos de la noche a la mañana vía concesiones con nombre propio y privatizaciones con postores únicos. Manadas de tecnócratas –todos vendepatrias- regalan el país de a pocos y a nadie parece importarle, mucho menos a la Defensoría del Pueblo, que la ministra de Transportes, Verónica Zavala, haya sido encontrada pasible de acusación penal por haber depositado US$ 5 millones de dólares del Fonafe (dinero del Estado) en un banco, NBK, que después quebró; o que Proinversión y el MTC sobrevalúen un kilómetro de carretera construida que está a US$ 150 mil promedio y que lo eleve a US$ 823 mil. Como en el tango: lo mismo un burro que un gran profesor….los inmorales nos han igualado.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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