Con estridente hipérbole –rarísima en tecnócratas fríos como témpanos- el director regional del Banco Mundial, Marcelo Giugale, anunció que Perú se perfila a convertirse en el “Tigre de los Andes”. Para ello es necesario que se cumplan tres elementos fundamentales: hacer realidad el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Gringolandia; mejorar la infraestructura física del país vía los contratos de concesión; y elevar los estándares tecnológicos de las empresas. Infiérese que las tres premisas requieren de su cumplimiento complementario, coetáneo e indesligable. Si una falla, las otras resienten su probabilidad. Ergo, acogiéndose al superlativo del tecnócrata, perderíamos la ocasión de convertirnos en el felino de esta parte del mundo.

“Nunca ha habido una oportunidad mejor para construir un Perú diferente, más rico, más equitativo y más gobernable”, dijo Giugale en conferencia de presentación de su libro: Perú: La oportunidad de un país diferente. Agregó Giugale: “Cuando el presidente Alan García termine su mandato podrá dejar como legado un Perú muy distinto al que encontró en 2006…El crecimiento económico es una condición necesaria (aunque no suficiente) para el éxito del Perú. El gobierno del presidente Toledo construyó una excelente plataforma de política macroeconómica de la cual comenzar. La primera condición es no debilitar esa plataforma, sino consolidarla”.

El mandatario Alan García condecoró a Giugale y le elogió con entusiasmo. Años atrás, García Pérez escribió un libro llamado El futuro diferente. Adviértase que a veces hay coincidencias o parecidos sugerentes.

Hasta donde se sabe, casi todas las concesiones para infraestructura de los últimos tres o cuatro lustros han mostrado catastróficas manchas imborrables porque han sido carreras de un solo caballo; con empresas favorecidas y con mínima o ridícula experiencia. Pruebas recientísimas: la concesión del Aeropuerto Jorge Chávez vía un contrato que fue reformado a pedido de la empresita Lima Airport Partners, LAP, ¡hasta en cuatro oportunidades en menos de cinco años!; la concesión de doce aeropuertos a una firma Swissport que luego aparece como concesionaria y otra, al alimón, Aeropuertos del Perú, como adjudicataria, y se desconoce su experiencia en manejo de terminales aéreos y una es de recientísima conformación comercial. Quien quiera enterarse o profundizar en pruebas irrefutables de lo aquí expuesto puede visitar la siguiente página http://www.voltairenet.org/article1... que corresponde al libro ¡Estafa al Perú! ¡Cómo robarse aeropuertos y vivir sin problemas!.

El futurólogo Marcelo Giugale, típico burócrata dorado y dolarizado, no pisa el suelo genuino del Perú. Es entendible que sus análisis sean como todos aquellos que emprenden los tecnócratas: con subrayado especial en guarismos y proyecciones. Y los seres humanos, para esta especie de personas, son dígitos y variables, desprovistos de sentimientos, dignidad o cualquier índole de comportamiento racional. Entonces basta con el planeamiento, la perspectiva macroeconómica y ¡sobre todo! la rentabilidad de quienes proveen fondos que manejan gavillas de economistas dispuestos hasta a matar de hambre al resto, con tal que sus diseños estratégicos funcionen.

Giugale tiene recetas para todo. Aparte de lo ya dicho y profetizado: “Tigre de los Andes”, sostiene que para lograr la transformación del país es preciso emprender un programa de reformas con tres objetivos: economía que genere empeo rápido y sostenible; un nuevo contrato social, entre los que tienen, los que carecen y los que deciden; y un Estado del que los peruanos puedan sentirse orgullosos, porque da los servicios que a ellos importa”.

¿Y el eterno protagonista mudo de las inefables recetas de todos los gobiernos, de sus asesores, criollos y foráneos, dónde está? Se habla del pueblo como masa de borregos o lumpen movilizable al que hay que encuadrar dentro de ciertos objetivos. Y punto. Ignoraba -mi desconocimiento es vasto- que el Estado, al dar servicios, producía júbilo y motivaba orgullo. ¿Así que hay nuevos paradigmas para ser felices?

¡Tanta cháchara y puro barniz, maire, maire, cabellicos que se lleva el aire!

¿Perú, tigre o marioneta de los Andes?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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