El 28 de octubre habrá elecciones en Colombia para elegir nuevos gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles, estos últimos en las ciudades que han sido divididas en comunas o localidades. Son las primeras elecciones territoriales después de comprobarse que a partir de 2005 gran parte de las sub regiones estaban bajo el control de organizaciones armadas ilegales, cuya captura de los poderes locales ejercían para hacer la guerra, entre otros fines. El proceso electoral se cumple en medio de una gran ofensiva gubernamental para atajar la descentralización que se inició en la década de los 80 y con normas recientes para recomponer los partidos políticos, sobre todo en su disciplina interna.

¿Cómo cubrir estas elecciones? Se trata de un gran desafío para los medios y periodistas de Colombia, especialmente para los de la región Caribe, integrada por ocho departamentos con casi nueve millones de habitantes, y que ha sido la más afectada en el destape de la parapolítica, es decir, la asociación de ilegales de derecha con los políticos tradicionales. Elecciones que por tradición son fuertemente influidas, además, por el dinero como factor determinante en las coaliciones y el quehacer electoral. Prácticas de compra venta de políticos, registradores, jurados, electores y escrutinios son altamente perturbadoras por tratarse de la región con los mayores indicadores de pobreza, miseria y desigualdad en el país. Por lo tanto, en teoría, la más necesitada de una democracia y unas instituciones públicas eficientes.

¿Ganarán de nuevo los candidatos impuestos o que gocen de la aceptación de los grupos armados ilegales, en algunos casos asociados con políticos tradicionales sospechosos o acusados de corrupción, o la sociedad se levantará en pos de opciones de cambio? Frente a estas opciones de extremos, hay todo tipo de posibilidades e incertidumbres. Entre ellas, si los propios jefes paras “hacen política” otra vez y, en caso de que la hagan, con cuáles argumentos y prácticas intervienen. El presidente Uribe no ve obstáculos insalvables para que los paras intervengan en política, pues, dice, ya están desmovilizados y vinculados a un proceso de paz. Los propios jefes paras insisten en que los tiempos de la guerra quedaron atrás. Las elecciones próximas son la mejor oportunidad para que lo demuestren.

Barranquilla, que es la ciudad más poblada de la Costa y que durante la década de los noventa fue un referente para los resultados de muchas otras entidades territoriales en la región, se ha caracterizado en su historia electoral por alcanzar picos de rebeldía contra las ofertas o candidatos de los políticos tradicionales en coalición. Es un fenómeno que solo ocurre en las elecciones uninominales, es decir, cuando se elige a una sola persona, y coincide con momentos de exasperación y de esperanza. Ocurrió en 1982 y 1990 a favor de Belisario Betancur y Antonio Navarro Wolff, respectivamente. En 1991 con Gustavo Bell para la Gobernación del Atlántico y en 1992 a favor del cura Bernardo Hoyos, elegido alcalde de Barranquilla porque se reconocía verazmente comprometido con las soluciones más apremiantes para los pobres: agua potable y demás servicios sociales. En el 2000 el médico Humberto Caiafa derrotó a lo que representaba como política el cura Hoyos. Lo logró con consignas de integración de toda la sociedad, freno a la corrupción y orden fiscal. Pero no cumplió. El candidato de Hoyos, Guillermo Hoenisgberg, en coalición con casi todos los políticos tradicionales de la ciudad, recuperó entonces el gobierno en 2003. Hoyos insiste desde diciembre de 2006 que para este triunfo fue determinante un aporte de $2.500 millones (un poco más de un millón de dólares para la época) que hizo el contratista Eduardo Losada asociado con el jefe paramilitar Rodrigo Tovar Pupo (Jorge 40), y el asunto está siendo investigado.

Barranquilla no es la única capital de la Costa Caribe gobernada con probable mediación de narcotraficantes, paramilitares y políticos o contratistas acusados de corrupción. En mayo se supo por declaración de la contratista de juegos Enilce López que el alcalde de Cartagena, Nicolás Curi, había recibido de ella un préstamo en la época de su campaña que todavía no le ha pagado. Otros grandes electores de Curi están encarcelados o bajo sospecha. El alcalde de Sincelejo, Jaime Merlano, es hermano del ex senador Jairo Merlano, preso por asociación para delinquir con paramilitares y con fines políticos, lo que hace obvia la relación, pues los votos tienen la misma procedencia política. El propio presidente de la República Álvaro Uribe fue testigo de una acalorada discusión entre dos importantes jefes cordobeses que se acusaban entre sí por sus asociaciones y connivencia con paramilitares. La prueba que uno y otro esgrimía son las “cuotas” de gobierno otorgadas. Sobre este hecho el Presidente debe declarar ante la justicia. Santa Marta, Riohacha y Valledupar han sido sacudidas al destaparse y luego judicializarse el escándalo de la parapolítica. Los gobernadores del Cesar, Hernando Molina, y Magdalena, Trino Luna, están detenidos en una cárcel por orden de la Fiscalía en desarrollo de esos hechos escandalosos. El Alcalde de Riohacha elegido en 2003 apenas despachó medio año.

Herramientas para periodistas

Los riesgos se agravan si, como ha ocurrido en el pasado, especialmente en Cesar, Sucre y Córdoba, los ilegales se oponen con sus armas al ejercicio libre del periodismo.

Si bien los principales jefes paramilitares de la Costa se han desmovilizado y empezaron a acudir a sus jueces naturales de Justicia y Paz, persiste el temor de que ellos mismos u otros jefes de ilegales armados emergentes que les sustituyan sean activos al definir candidatos o en el apoyo a los propios. De manera que allí está el mayor riesgo para la democracia y para los periodistas en el cubrimiento electoral que se avecina; esta es una de las primeras conclusiones de un seminario taller que se llevó a cabo el pasado 8 de junio con periodistas de Barranquilla, Santa Marta y Cartagena organizado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) en asocio con la Red de Periodistas del Caribe (Redcaribe) y la Cámara de Comercio de Barranquilla.

Las deliberaciones del taller, conducido por María Teresa Ronderos, autora junto con María Fernanda Moreno del manual para periodistas Cómo cubrir elecciones, no solo giraron alrededor de la reincidencia del paramilitarismo en las elecciones sino frente a otros riesgos. Por ejemplo, sobre el papel que juegue el dinero, un tema sumamente sensible no sólo en cuanto éste interfiere en el juego político propiamente dicho sino también en el quehacer de los medios y los periodistas. La autocrítica, la ética, se ponen otra vez en el orden del día en las redacciones enfrentadas a las necesidades de la subsistencia en escenarios donde la venta de publicidad constituye la fuente principal de ingresos para reporteros y directores de medios. Ya nadie discute que la pauta determina agenda y fuentes.

Precisamente, este manual, publicado con el apoyo del proyecto Votebien.com, tiene entre sus objetivos prevenir el adocenamiento de los periodistas en el cubrimiento electoral. “Propone un periodismo más sintonizado con los ciudadanos y menos dependiente de las fuentes oficiales (…) Se busca que estos (los ciudadanos) tengan la información más completa posible a la hora de votar y que por ello puedan elegir en forma más responsable y consciente”.

Consta de siete capítulos que terminan con una serie de posibles historias periodísticas para realizar en la etapa previa, el día de las elecciones y la post electoral. Son casi un centenar de preguntas. Para citar algunas: ¿Cuál es el tema más importante en la agenda política de esta ciudad o departamento? ¿Se necesitan nuevas políticas públicas, fijar nuevas prioridades o continuar con las existentes? ¿El poder de los poderosos está en riesgo? ¿Cómo sería la gobernabilidad si gana una u otra opción? ¿Quiénes son y qué representan los registradores? ¿Hay confianza en los jurados? ¿Hay dineros fluyendo en abundancia en determinadas campañas? ¿Cuál es su origen? ¿Cuáles son los antecedentes de los candidatos? ¿De qué viven? ¿Hay conflictos de intereses? ¿El discurso de este candidato es consistente con los problemas identificados y con sus propias actuaciones pasadas? ¿De dónde procederá el financiamiento de las promesas que hacen? ¿Quiénes están a su alrededor y qué representan? ¿Cómo hacer y cómo leer las encuestas? ¿Qué viabilidad tiene el que las personas candidatizadas en una misma lista actúen posteriormente con criterios de bancadas?

La región Caribe

El periodismo de la región Caribe es tierra fértil para este tipo de predicamentos, aun cuando actúa de manera espasmódica. Los éxitos de Navarro, Bell y Hoyos a principios de los noventa en Barranquilla tuvieron como factor desencadenante una vigorosa denuncia periodística alrededor del colapso de los servicios públicos y la culpa atribuible a los políticos tradicionales, que en aquellos momentos perdieron importancia para luego recobrarla, ganando después las elecciones pero sin convencer mucho. En esta ciudad el voto de opinión es, otra vez, precario en los resultados. Pero están dadas las condiciones sociales para que emerjan en estas o en próximas elecciones las fuerzas de opinión.

Es tierra fértil, además, porque en todo ese proceso de paramilitarización del país los medios regionales, con algunas excepciones, mantuvieron de manera enhiesta una posición de denuncia, información y análisis que sólo recientemente ha sido recogida con vigor y pasión por los medios nacionales escritos. Otra cosa es que la información procedente de la región carezca de espacios suficientes y oportunos en los medios nacionales y que la fuerza de los ilegales haya sido muy superior al valor personal de unos y a la precariedad de medios en los medios.

Es compartido en Redcaribe [1] el objetivo de incentivar el ejercicio de un periodismo que tiene preguntas y las hace en beneficio de los ciudadanos, conscientes sus miembros de que hay muchos obstáculos todavía por superar, derivados, como ya se ha identificado en las deliberaciones en red, de la propiedad de los medios, de las formas de financiamiento de estos y de los propios periodistas con su dependencia de la pauta, de las agresiones de los armados ilegales y los corruptos, de una deficiente formación y de un ambiente hostil a las virtudes del buen ciudadano. En la Costa no tenemos suficientes empresas periodísticas estables en lo económico y en lo administrativo que les den la independencia deseada.

Acá se es consciente de que las soluciones requieren tiempo. Pero se hace la tarea por mejorar.

Cómo cubrir las elecciones de 2007 constituye, en consecuencia, un capítulo importante en su misión y objetivos. Se trata de afianzar un periodismo sereno, que ponga la mirada en los problemas y en los actores para apoyar a los ciudadanos en la toma de sus decisiones el 28 de octubre, siendo conscientes de que los factores que deterioran la democracia son numerosos y de que la cura trasciende sus capacidades. Se trata esta vez de contribuir para que la política se haga mediante procedimientos pacíficos, en libertad, sin interferencias de poderes dañinos.

Todo ello en un escenario en que los entes territoriales han perdido las expectativas de recursos que se derivaban de la Constitución de 1991 porque hoy la prioridad es la estabilidad fiscal de la Nación, afectaba esta estabilidad por las urgencias de la guerra interna y la necesidad de apuntalar a la Presidencia de la República como el otorgante discrecional de más recursos. Eso por un lado.

Por el otro, un escenario en que se ponen en vigor instituciones que buscan reconstituir los partidos políticos, disciplinándolos, lo cual podría ser factor clave en la construcción de mejores liderazgos, una de las carencias más evidentes de la región Caribe de Colombia.

[1] [Redcaribe es un esfuerzo propio de periodistas apoyados por la FNPI y Protransparencia Atlántico, UNESCO, Fundación Avina y Knight Center. Sus objetivos son la unión del gremio, la libertad de expresión, la calidad del periodismo y el desarrollo regional. Su principal herramienta es la comunicación por Internet