Es una situación agravada si se considera que durante la vigencia de la convertibilidad, entre abril de 1991 y enero de 2002, se produjo una brutal transferencia de recursos desde el conjunto de los trabajadores hacia el sector empresarial más concentrado.

Fenómeno consolidado en tiempos recesivos (1998/2002) y profundizados con la devaluación desde el 2002. Por lo tanto, sigue sin modificarse el dato estructural de la distribución de la riqueza socialmente generada en el país.

Si bien no existe información oficial fidedigna que de cuenta sobre el estado de la distribución del ingreso (apropiación de la renta nacional entre trabajadores y empresarios), se han realizado investigaciones que explican el deterioro de la parte apropiada por los trabajadores.

La verdad es que los datos fueron discontinuados desde comienzos de los años ‘70, llegando la información provista por el Banco Central hasta 1973. Puede entenderse el escamoteo de esos guarismos por la millonaria transferencia de recursos a manos del capital, ya que cada punto perdido por los trabajadores representa unos mil millones de dólares aproximadamente.

Una reciente reconstrucción realizada por investigadores de la UBA analizando diversas series construidas luego de los años ‘90, por la CTA, el sistema de Cuentas Nacionales del Ministerio de Economía y el propio CEPED señala que si en 1993 los trabajadores recibían algo más del 40% del ingreso total, hacia fines del 2004 no alcanzaba el 30%, habiendo bajado en 2002 hasta poco más del 25%.

A modo de ejemplo podemos señalar que si sólo consideráramos una pérdida de 10 puntos porcentuales, estamos hablando de valores absolutos anuales de una transferencia del orden de los 10.000 millones de dólares. La recuperación salarial y de ingresos de los trabajadores hasta el presente se ubica en torno de una apropiación del 30% del total del ingreso, que si bien está por encima del piso reconocido en la crisis reciente, se encuentra alejado del valor de comienzos del ‘90 y muy lejos del récord histórico del 50% para los primeros años de la década del ‘50.

La distribución del ingreso es una asignatura pendiente. La Argentina crece, pero ese beneficio se acredita en la cuenta del capital más concentrado y mientras tanto se mantienen los elevados promedios de desempleo. Aun bajando al 10,1% la tasa de desocupación, expresa niveles estructurales que involucran a generaciones enteras por fuera del mercado del trabajo. Junto a ello se mantiene la problemática del subempleo e incluso del sobreempleo.

Ya no alcanza con obtener un puesto de trabajo, ya que el 40% de ellos no está en condición regular. Es un dato de la realidad la precariedad de los trabajadores activos y pasivos, lo que implica un deterioro de la calidad de vida de buena parte de los argentinos. Es así que la economía crece pero manteniendo niveles de inequidad que requieren una discusión sobre el país en construcción. Hoy como ayer, a poco tiempo del bicentenario, es el pueblo quien decide sobre el destino social de la Argentina.

# Nota publicada en la revista “Movimiento Continúo” número 1, junio de 2007. (*) Economista.