En eso estaba Fernando Blanco a sus 17 años, cuando dos años atrás, el 27 de junio de 2005, falleció como consecuencia de la brutal paliza que le dio la policía tras un partido jugado entre Defensores de Belgrano y Chacarita en la cancha de Huracán. Pero pasaron 730 días y la Justicia se sonroja. Poco y nada ha sucedido en el despacho del titular del Juzgado 26 de Instrucción Penal, a cargo del juez Mariano Scotto.

"El juez tiene miedo porque recibe fuerte presiones de la policía" sostiene Ángel, el papá de Fernando. Aquella tarde había fuerzas de las seccionales 35 y 28 y comandos especiales para los espectáculos deportivos. Como quedó comprobado en muchas filmaciones, a Fernando lo golpearon ferozmente a la salida del estadio y "había oficiales con manoplas" asegura el padre. Esos videos de diversos canales de TV, según Ángel Blanco, ni fueron mirados por el juez, "y sí otros adulterados que acercó la propia policía, en los que no se podía identificar a ningún agente".

Sólo fue separado de la fuerza policial el cabo primero Lagorio, quien conducía el móvil policial donde a Fernando lo trasladaban ya muy golpeado. "Además lo dejaron 24 horas tirado en una camilla del hospital Penna sin atención. También accionamos contra esos médicos porque hicieron abandono de persona. A Fernando le partieron el cráneo -le rompieron los huesos peñasco y parietal-, pero si lo atendían de inmediato se salvaba. Hubo un hincha que lo vio todo golpeado en el móvil de la policía, y el juez no lo deja testimoniar. Es que la policía dice la mentira de que se golpeó porque se tiró del camión celular". Fernando falleció a las 48 horas de finalizado el partido.

Aquel Defensores-Chacarita que definía un descenso a la Primera B Metropolitana no debió jugarse pues tanto el club de San Martín como Nueva Chicago debieron haber perdido la categoría por los graves incidentes que protagonizaron sus hinchas ante la CAI y Huracán, respectivamente. Pero la AFA y Julio Grondona, presionados por Luis Barrionuevo, Fernando Niembro (fanático de Nueva Chicago) y sus contactos políticos, les restituyó rápidamente los puntos que les había quitado.

Fernando, hincha de Defensores, estudiante, buen pibe, buen hijo y que sólo conocía la violencia de los pellizcones cariñosos de su mamá Clara, fue recordado en una misa en la Iglesia Santísima Trinidad, de Cabildo y Crisólogo Larralde. Hubo quien rezó por Justicia. La hija de quien esto escribe estuvo aquella vez en la cancha. No evita las lágrimas por el recuerdo cruel. Y también reza, por otro país.

(*) Periodista.