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De ese modo, los resultados favorables a los intereses de la sociedad están garantizados, pues los seleccionados serán invariablemente ciudadanos de reconocido prestigio en sus comunidades, relevante trayectoria en el desempeño de sus responsabilidades laborales y comprobada vocación de servicio público.

Basado en la más amplia participación ciudadana y total transparencia, tal sistema no ofrece margen para convertir en candidatos a personas envueltas en turbios manejos, pillos y charlatanes o a quienes son conocidos por conductas corruptas y delictivas.

Las autoloas, los mensajes tarifados y los abundantes y llamativos pasquines con rostros sonrientes solicitando el apoyo popular, constituyen en Cuba verdaderas entelequias dignas de museos, válidas solo como malos recuerdos de cuando las ciudades y el medio ambiente resultaban inundados con la estridente propaganda plena de falsas promesas.

Aquí todo es incomparablemente más sencillo, efectivo y transparente, con la ventaja adicional de que ningún candidato puede sobresalir en la publicidad solo por poseer más dinero o estar privilegiado en la nómina de un partido, tal como ocurre cada vez más, en las campañas políticas de otros países, cuyo ejemplo supremo deviene Estados Unidos, donde los postulados al Senado gastan, como promedio, cada uno, entre 400 y 500 mil dólares.

De los aspirantes al sillón principal de la Oficina Oval informes conservadores fijan el costo de la segunda elección de Bush en unos 400 millones de dólares, y tan enorme suma solo para convencer a la mayoría de los norteamericanos de que es talentoso, honrado, amante de la paz, y en fin, todo un dechado de "virtudes".

En Cuba esas " libertades democráticas " no existen. En las semanas previas al día fijado para los comicios, los candidatos a delegados a las asambleas provinciales y al Parlamento, sin oportunistas rivalidades, participan juntos en reuniones con los electores, pero solo para conocer las preocupaciones de las comunidades y responder preguntas acerca de sus biografías y fotos personales, colocadas en igualdad de condiciones en lugares públicos de las circunscripciones y distritos.

Como norma, los cargos electivos no reciben remuneración. Delegados municipales y provinciales y los diputados cumplen sus responsabilidades en su tiempo libre, con excepción de una minoría dedicada a tiempo completo a funciones en la administración pública, o cuando son requeridos para trabajar temporalmente en una comisión legislativa.

En esos dos últimos casos mantienen el salario correspondiente a su ocupación laboral habitual. En la mayor de las Antillas la política, como profesión, no existe.

Todos los cargos electivos son revocables. Esto puede producirse a partir de una solicitud del propio órgano de gobierno a los electores o por iniciativa de estos, invariablemente motivado por existir evidencias de falta de interés, incapacidad manifiesta o corrupción.

La función del Partido Comunista de Cuba se limita solo a garantizar que en este proceso se cumpla estrictamente con lo establecido en la Constitución de 1976, la Ley electoral y su reglamento.

Estas virtudes del sistema cubano para elegir a sus órganos de gobierno, son manipuladas en la sistemática campaña mediática orquestada desde Estados Unidos contra esas elecciones, dedicada a negar la validez de los comicios debido a su parcialidad ideológica y a los escasos conocimientos sobre la realidad política de la Isla.

Quien dude sobre la efectividad de estas elecciones y sus virtudes podrá ganar claridad, si organiza un paseo por la ínsula en la segunda semana del venidero octubre.

Agencia Cubana de Noticias