En días pasados, con la solemnidad típica de país bananero, la señorita Beatriz Merino, Defensora del Pueblo, comunicó al país su diagnóstico (¡otro más!) de la situación conflictiva del país. Según algunos miedos de comunicación “reveló” ríspidas situaciones en las que se mostraría la ausencia de interlocución entre los vectores protagonistas. ¡Pero si este país está lleno, aburrido, colmado de diagnósticos! Nada nuevo aportó aquella persona, sólo una forma de justificar vacíos de la que es parte y echarle la responsabilidad absoluta a un gobierno ineficiente. ¡Cháchara, pura cháchara!

Así parece haberlo entendido el primer ministro, Jorge del Castillo, quien retrucó a la DP pidiéndole soluciones donde las papas queman. Habrá que sospechar que la recurrente costumbre peruana de dar muchas vueltas, producir interminables circunloquios, onanismo verbal por toneladas, afecta cancerosamente, a la casta política, sin distinción de banderas, ubicaciones en la cansada ubre del Estado y que dan como oprobioso cuadro, la pulverización total de este mismo y aburrido conjunto de personas.

Por una tarea de idiotización constante en los últimos quince o veinte o más años, la narcotización social parece haber anquilosado cualquier capacidad crítica de dudar de cuanto dicen los hombres y mujeres de la cosa pública. Hay una gigantesca neumática de silencio y ¡lo que es terrible! crónica falta de acción efectiva contra las taras tradicionales de la república. A lo más, se judicializan los procesos y nadamos en la miasma de proveídos, oficios, citaciones, notificaciones, una cultura de cháchara en blanco y negro y de monumental impotencia.

La prensa semisorda, cuasi boba, inmisericordemente mediocre, no revela los grandes temas del drama nacional sino que aborda las orillas, pasea por los límites y difunde lo que la propaganda pagada limita como criterio abordable (a juicio de los anunciantes) para el resto de ciudadanos simples y mortales. Un ejemplo inverso: ¡hasta hoy nadie quiere agarrar la papa caliente que da cuenta de cómo, cuando era funcionaria de Fonafe, la pícara Verónica Zavala Lombardi, colocó en depósito la enorme suma de US$ 500 millones en un banco que luego quebró! Ni en el gobierno, o en el gabinete o en la prensa se toma en cuenta que la Contraloría General de la República ha encontrado mérito para acusarla penalmente.

La destrucción paulatina, legal, sin atenuantes de la Corporación Peruana de Aeropuertos Comerciales, CORPAC, empezó con la concesión tramposa del Jorge Chávez (¡Estafa al Perú! ¡Cómo robarse aeropuertos y vivir sin problemas! http://www.voltairenet.org/article1...) y ya se regalaron (con este gobierno) doce aeropuertos a una empresa especializada en cargamento de maletas, traslado de escaleras e higiene de baños como Swissport y Aeropuertos del Perú y hay serias sospechas que el contrato que figura en la página web de Ositran no es el que genuinamente está en vigencia entre los involucrados, uno de los cuales es, para variar, el Estado concesionador. Felizmente, anoche, y por boca de su decano Jorge Guizado, el Ilustre Colegio de Abogados del Callao anunció su determinación de ponerse al frente de los sagrados intereses del primer puerto y el pueblo peruano.

Empieza a conocerse que los eternos vivos y desvergonzados de Lima Airport Partners, LAP, concesionaria del Jorge Chávez, impulsan una “auditoría” externa para conseguirse mañosamente un aval que los releve de construir la segunda pista del aeropuerto y “ahorrarse” más de US$ 100 millones de dólares. Amén que nadie sabe si la póliza de seguros contra accidentes sigue vigente porque la que se conoce tiene fecha de terminación en diciembre del 2006.

Pero ¡claro! la Defensoría del Pueblo sólo emite diagnósticos, “revela” situaciones de las que todo el mundo tiene conocimiento, pero hay fantoches y pandillas que se llenan la boca ¡y los bolsillos! apelando a verdades de Perogrullo, situaciones vulgares de cuyo enunciado vive el precario edificio del país desde hace casi 200 años. La DP ya olvidó el gravísimo tema de Camisea y su gasoducto-estafa, amén que jamás hizo un trabajo crítico arrasador como debiera ser su misión ineludible para impulsar correcciones radicales.

Tampoco, y en claro giro misterioso, ha aclarado nunca Beatriz Merino de qué hablaba cuando afirmó que había tomado contacto con entidades para programas de saneamiento. ¿Está la susodicha involucrada en concesiones, privatizaciones, por segundas o terceras personas que alientan estos negocios? En días pasados se echó lodo a la figura de una parlamentaria aprista por Junín reputándola como relacionada con leyes en el tema del agua. ¿Quiénes dicen la verdad, los que acusan con muy débiles argumentos o los que refunden en palabrería hueca la típica tara peruana de vomitar cháchara, pura cháchara?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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