“……de haber comandado Cáceres las batallas de San Juan y Miraflores, no habrían entrado a Lima" (comentario de jefes chilenos derrotados y expulsados del centro del país).

Marcavalle y segundo combate de Pucará, 9-7-1882 La campaña de La Breña, Eduardo Mendoza Meléndez, Tomo I, pp. 297-300, Lima 1993

La unidad que exhibía uno de los nombres más gloriosos: Tarapacá fue la que avanzó más aprisa y rompió los fuegos cuando al alcanzar las avanzadas del Santiago cerca del cuello Marcavalle, escuchó: ¡Alto:...! ¿Quién vive?; una certera ráfaga de fusilería que cayó sobre los alarmados chilenos fue la respuesta. La sorpresa fue completa. Al escuchar esta primera ráfaga, y como estaba convenido, la artillería, emplazada en las alturas del cerro Curacán, comenzó a moler las posiciones enemigas; según el coronel Morales Toledo, subjefe del Estado Mayor General del Ejército, el primer cañonazo fue disparado por el propio general Cáceres; mientras los otros agrupamientos avanzaban incontenibles buscando desbordar los flancos de los defensores. La columna Voluntarios de Izcuchaca, pasó por las alturas situadas entre Pucará y Zapallanga. Los bravos del Tarapacá, al mando de su primer jefe, coronel Manuel Cáceres, se empeñaron a fondo trabándose en violento combate. Durante su avance demoledor barrieron con los puestos avanzados, y cuando estaban a punto de completar el cerco, los santiaguinos emprendieron precipitada fuga a Pucará, que se encuentra a 5 kms., dejando Marcavalle en poder de los atacantes, con sus muertos y heridos regados en el campo, entre los que se encontraban el teniente José del Carmen Retamal y el subteniente Elías Garay. El enemigo abandonó sus posiciones sólo a los quince minutos de iniciado el combate. Perseguido por las compañías del Tarapacá, los chilenos con envidiable velocidad y resistencia alcanzaron Pucará, en busca de protección de las compañías que permanecían en ese lugar, al mando del capitán Pedro Pablo Toledo; allí trataron de ofrecer alguna resistencia con la ayuda de éstas y de un pelotón del Yungay, que, llamado urgentemente, había concurrido apresuradamente desde Zapallanga al mando del mayor Domingo Castillo; pronto la avalancha barrió con todos, cuando las fuerzas recién llegadas ocupaban posiciones. La columna Izcuchaca al mando del coronel Calvez y los guerrilleros de Domingo Cabrera, rodeaban a gran parte de los chilenos, amenazando cortar la retirada al resto, mientras las fuerzas del coronel Secada los presionaba fuertemente; entonces, sin pensarlo dos veces, los chilenos dejaron apresuradamente sus puestos de combate y fugaron masivamente a Zapallanga. Fue tal el pánico que "olvidaron" todo, hasta los caballos que podían haberles ayudado a fugar. Las bajas peruanas fueron insignificantes; "sólo hemos tenido un muerto y tres heridos en Marcavalle" afirma el general Cáceres. En cuanto a las acciones sobre Pucará, el parte de combate dice:

"al mismo tiempo los guerrilleros al mando del coronel Cabrera y la columna Izcuchaca del coronel Galvez, con una celeridad increíble no sólo habían cortado la retirada de la guarnición de Marcavalle, que pereció toda, no sólo habían destrozado la guarnición de Pucará y habían ocupado la población, sino que pasando por el río sostenían un recio combate en Zapallanga”.

El coronel Morales Toledo, actuante, al referirse al desastre chileno en Marcavalle y Pucará, manifiesta:

"Fue tal el empuje de nuestros soldados que sucumbieron los 150 hombres de Marcavalle, los refuerzos de Pucará y los mismos que concurrieron desde Zapallanga. Puede asegurarse como cosa evidente que el batallón Santiago, es decir el primer batallón del ejército chileno, fue completamente destrozado, habiendo muerto en la palestra su primer jefe, un capitán, varios oficiales y 150 soldados.

Daba horror ver el camino de Marcavalle a Pucará. Los cadáveres que sembraban el espacio de una legua, desnudos y lanceados por nuestros indios, ofrecían un espectáculo espantoso, sólo visto en la Divina Comedia".

En Marcavalle y Pucará el enemigo pudo ofrecer una tenaz resistencia, amparado en el enorme poderío de sus armas y abundantes municiones, y también en la magnifica posición estratégica que ocupaba. Recordemos que escasos meses atrás el general Cáceres se había enfrentado a toda la poderosa fuerza chilena en el mismo lugar con sólo dos compañías mal armadas y su escolta, habiéndoles infligido una vergonzosa derrota. En Pucará el general detuvo sus fuerzas para darle algún descanso y alimentación, así como para recoger y redistribuir el armamento y municiones capturados al enemigo, enterrar a los muertos, ordenando que se les diera sepultura especial con los honores correspondientes, a un jefe y cinco oficiales chilenos. Las pérdidas chilenas pasaron de 200; dejaron en poder de los atacantes 200 fusiles, buen número de pistolas, municiones, la caja del Lautaro, una bandera, el archivo del cuerpo, el rancho, caballos, vestuario, víveres y otros despojos de guerra. Poco después crecieron las bajas chilenas, entre muertos y heridos, a 300, más gran número de desertores. La columna Izcuchaca y otras guerrillas, fueron las encargadas de conservar el contacto y perseguirlos hasta Zapallanga. A las 4 p.m. alcanzaron este lugar y comenzaron a cercarlo; en este momento llegó el grueso de las fuerzas de Huancayo, con los batallones Lautaro, Chacabuco y carabineros de Yungay al mando del propio del Canto; éste intentó una carga por los flancos con la caballería, pero pronto fue contenido y rechazado, causándole severas bajas, una vez más intentó realizar un contraataque con los batallones, pero fue definitivamente rechazado huyendo a Huancayo. Mientras tanto los guerrilleros de la región seguían llegando a reforzar a los atacantes; el dato de la iniciación de la contraofensiva que había volado por todo el alertado valle, puso en acción a las guerrillas de la zona; así concurrieron a Pucará los guerrilleros de Chupaca, los de Sicaya a órdenes del coronel Domingo Lindo, y los de los pueblos aledaños; acudieron también a Concepción dos guerrillas de Chupaca, una a órdenes de José Cuevas y otra al mando de Félix Salvatierra; de Sicaya a órdenes del guerrillero Carlos Ramos; de Orcotuna, Mito, Sincos, San Jerónimo; los sicaínos alcanzaron el campo de batalla de Pucará, en el preciso momento en que lanzaban los contraataques los batallones chilenos. En mérito al brillante comportamiento de los sicaínos y al de su jefe durante la acción, el Congreso de la República otorgó a Lindo la medalla de oro que estableció por la ley No 232, para los vencedores de la batallas de Marcavalle, Pucará y Concepción en 1906. A Lindo se le entregaron el 3 de enero de 1907.

Entretanto, mientras se alejaban derrotados, los jefes chilenos comentaban, a decir de Luis Alayza, "que de haber comandado Cáceres las batallas de San Juan y Miraflores, no habrían entrado a Lima".