Redactor de los monólogos del que, para muchos, ha sido el mejor programa de humor político que tuvo la TV argentina, Varela llevó a cabo esa tarea durante los seis últimos años del ciclo: nada menos que 165 textos de los que seleccionó para este volumen algunos de los momentos más significativos. La iniciativa, cuenta, "surgió del Instituto Movilizador; lo hablamos con el director de la colección, Mario José Grabivker y vi la posibilidad de reunir fragmentos pertenecientes a los años en que trabajamos juntos con Tato. Lo que me llevó a releer todo el material, cosa que hasta ahora no había hecho…".

– ¿Y cómo fue la experiencia?

– Fue encontrarme con un montón de sorpresas. Había muchos con temas muy específicos, cuyo contexto habría que explicar. Pero muchos se entienden perfectamente. El criterio de selección fue dejar aquellos textos que hoy tuvieran sentido al leerlos. Sea por los personajes o por las situaciones. Mucha gente dice "qué vigencia tiene Tato", pero lo que sobre todo tiene vigencia es la crueldad de la realidad argentina. La corrupción, la mentira, la politiquería, los dirigentes que no representan a nadie, ese tipo de cosas son las que se han mantenido. A la vez, lo que aquí aparece es solo la mitad del trabajo, la otra mitad la puso Tato. Estos son textos para ser dichos: salvando la distancia, es como escribir una obra de teatro, el texto es una parte. Esto fue escrito a medida, solo y exclusivamente para Tato.

– Por otra parte, es un personaje que Tato venía haciendo desde hace años…

– Cuando yo lo tomé ya estaba muy construido, pero yo lo conocía mucho, como televidente. Entonces me resultó muy cómodo escribir para ese personaje. El tema era la actualidad, la realidad. Y el personaje ideológicamente era muy coherente, un demócrata, un hombre amante de la democracia, crítico de las cosas que por lógica y sentido común hay que criticar: la corrupción, la mentira, ese tipo de cosas. Y Tato decía los textos como los dioses. Creo que, con este libro, la gente que lo conoció a Tato lo va a volver a escuchar, y con eso alcanza.

– Pero tal vez el lector también pueda ir haciendo una revisión de la historia argentina reciente, ¿no?

– Creo que si algún día alguien toma los treinta años que estuvo Tato al aire, va a tener una visión de la historia argentina muy particular y muy certera. Nosotros exagerábamos, deformábamos, caricaturizábamos, pero no falseábamos. Yo me encontré, cuando releí todo el material, con la historia. Si hay algo que encontré ahí fue que conseguí contar esos seis años con toda precisión, realmente. Uno lo puede leer y revive lo que pasaba.

– ¿Cuál sería entonces la diferencia entre el humor y el periodismo?

– Yo trabajé en la revista Humor en la época del Proceso, y la verdad es que marcaba otra mirada. Decía las cosas que no se podían decir. Yo creo que esa es la base del humor político, ese código que hay con el lector o con el espectador, eso de decir las cosas a medias, de darlas a entender. Cosas que a veces el periodismo no puede decir. Yo creo que eso también tiene que ver con que el establishment no le daba pelota a estas cosas, no se sentía atacado, por esto la revista Humor creció. Aparte, el humor es opositor siempre, por definición. No hay humor político que sea oficialista.

– ¿Diría entonces que el humor tiene una utilidad, o debe tenerla?

– Utilidad no, pero tiene que decir cosas, como cualquier expresión artística. Hay cosas que pueden ser bellas y con eso alcanza: una música, una novela bien escrita, una película. Pero, si además de ser bella y estar bien hecha, dice algo, me parece que es un valor agregado. Hay cosas que están agregando algo, que están colaborando con la sociedad de alguna manera, insertándose en la sociedad, expresando lo que piensa la sociedad. Y bueno, duran: son obras que trascienden. En cambio hay otras que son muy lindas pero que van a tener una vida más efímera, por ahí porque no explican a su época. Trascendencia es la palabra.

– Usted escribió libros y guiones, trabajó en radio y TV, y en muchas revistas, ¿dónde se siente más cómodo?

– Me gusta mucho escribir, lo que pasa es que es difícil vivir de eso. Pero lo que más me gusta es la radio. En radio escribo los guiones y los digo. La radio me parece un lugar mágico, el más mágico de todos, porque podés hacer cualquier cosa con la palabra. Y además la radio tiene una devolución muy inmediata, tiene un retorno inmediato con el oyente, cosa que la televisión no tiene, y los tiempos son otros. En la radio estás en tiempo real. Y escribir, escribir. Si uno pudiera dedicarse únicamente a escribir…

– ¿Se puede decir que existe un humor argentino?

– Por empezar, el humor de Buenos Aires es muy distinto al rosarino o al cordobés. Pero ahora está todo muy globalizado. La información es instantánea a partir de la aparición de Internet. En Argentina hay mucha gente que hace humor, hay blogs de humor, hay ferias de humor, hay mucho movimiento. El humor está incorporado dentro de la cultura, lo cual es bueno, no es que la cultura son solamente los libros de Borges, no. En ese aspecto, veo que en Argentina el humor tiene mucha garra, siempre lo tuvo, yo creo que es una alternativa liberadora. La creatividad, la posibilidad de crear, de hacer música, de hacer teatro, hacer literatura, hacer cine, la posibilidad de ser creativo en estas cosas es una posibilidad que te acerca a una concepción de la gente y del mundo más liberadora, más consciente, porque acá es muy testimonial todo lo que se hace. Todo el mundo cuando escribe, cuando pinta, cuando hace algo, está de alguna manera metiendo su ideología. Y acá hay movimientos muy lúcidos en materia artística, periodística y testimonial. La oferta cultural en esta ciudad es muy fuerte. Y el humor forma parte de ella, en teatro se está dando mucho, ahora por ejemplo con los Stand Up…

– ¿Y cómo se aprende a hacer humor?

- Yo no estudié humor. Lo que sí me di cuenta es que me volví profesional. Llega un momento en que vos te das cuenta de que manejás recursos, sabés cómo redondear, cuándo terminar, cómo empezar. Mirá, la conciencia no tiene retroceso. O sea, una vez que vos viste cómo el mago hizo el truco ya no podés ver la magia, pero sí ves la calidad del truco y podés disfrutar de la calidad. Yo lo sigo disfrutando y me sigo riendo. A mí el humor me hace bien.

# Entrevista publicada por la revista Acción número 981 (Argentina)