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Izquierda: El diplomático peruano Oswaldo de Rivero, derecha, tapa de su libro.
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Muchos creen hoy que el crecimiento del PNB (Producto Nacional Bruto) del Perú, es la señal de que la economía ha entrado en un ciclo virtuoso que lleva al desarrollo. Crecer no es desarrollo, crecer en base a productos primarios mineros lo es menos. El Perú siempre ha exportado productos mineros y nunca ha logrado convertirse en un país desarrollado. ¿Por qué ahora muchos creen que esta bonanza cíclica de los precios de los minerales nos llevará al desarrollo?

Esta bonanza cíclica de los minerales se origina como siempre por factores externos y cesará también por factores externos. Hoy depende concretamente de la fuerte demanda internacional, en particular de la China, y también de la gran especulación en las bolsas del mundo.

La historia de nuestro subdesarrollo es una saga de bonanzas y terribles crisis de las exportaciones producidas por factores externos. Como fueron las bonanzas y las crisis del guano, el salitre y el caucho en el siglo XIX y las bonanzas y crisis de los minerales en el siglo XX.

En ningún caso las bonanzas temporales de las materias primas han disminuido la pobreza en el Perú. Al contrario, la exportación de materias primas combinada con el gran crecimiento de la población, en particular la urbana, a través de más de 180 años de independencia, han hecho que la pobreza en el Perú se vuelva hereditaria y hoy afecta a casi la mitad de la población peruana.

Las recientes informaciones del Instituto Peruano de Estadísticas (INEI) demuestran que la bonanza de los precios de los minerales y de las exportaciones no ha servido para disminuir la desigualdad del ingreso y la pobreza. Desde 1991 los salarios en el Perú que eran el 30% del PIB han bajado hasta llegar en el 2005 al 22,9. Entonces, no es nada extraño que esta baja de los salarios unida a las tasas altas de desempleo y subempleo origine una constante turbulencia social en el Perú y también una creciente emigración. En verdad, nada demuestra más el fracaso del desarrollo nacional en el Perú que el tsunami de refugiados económicos peruanos en extranjero.

Ningún analista internacional, académico o banquero privado serio considera que el Perú está en un proceso de desarrollo, solo porque su PNB crece debido a exportaciones primarias, en particular, a exportaciones des minerales, que son el 60% de ellas. Estos especialistas ven al Perú como una economía primaria, tradicional, poco competitiva, incrustada en una sociedad muy pobre, donde la mitad de su población vive con 2 dólares y en una constante agitación social.

Los analistas internacionales privados, a diferencia de las burocracias internacionales del Banco Mundial y de las Naciones Unidas, consideran que los pobres son mas de la mitad de la población en el Perú porque también son personas pobres, las que ganan 3, 4 y hasta 6 dólares diarios Acaso no es pobre, dentro de una economía global, una persona con 6 dólares diarios, 180 dólares al mes. Lo que pasa es que la burocracia internacional ha puesto la barra de la extrema pobreza muy baja, en 1 dólar diario y el de la pobreza, en 2 dólares diarios. Entonces, cualquiera mejora de esta paupérrima situación, para estos tecnócratas es vencer la pobreza, o sea cuando los habitantes de un país tienen 3 dólares diarios (90 dólares al mes) ya no son pobres!

La pobreza es la consecuencia del subdesarrollo no la causa. Hoy, el mayor obstáculo al desarrollo que tiene países como el Perú y los latinoamericanos es de naturaleza cultural. En efecto, desde la independencia todos estos países han demostrado una falta de vocación histórica por las ciencias matemáticas, físicas, químicas y biológicas y también por la investigación y desarrollo de tecnologías, derivadas de estas ciencias, para innovar constantemente su producción nacional.

Como consecuencia de esta histórica falta de vocación por la ciencias exactas y naturales, las sociedades de América Latina son hoy verdaderas “culturas acientíficas”, sociedades donde casi todo el conocimiento y el discurso es histórico, jurídico, sociológico, económico o literario; donde se prefiere la letra que el logaritmo, la retórica que el experimento, la creencia antes que la duda científica. El resultado es que casi no existen programas de Investigación y Desarrollo científico (R&D) que son los que hacen, en esta era de la innovación, la diferencia entre riqueza y pobreza, entre desarrollo y subdesarrollo, entre Asia y América Latina.

Los países entrampados en culturas acientíficas, como los latinoamericanas, son solo capaces de producir y exportar recursos naturales y manufacturas con muy bajo contenido tecnológico, las cuales siempre tienen menos valor que los productos de alto contenido tecnológico que importan. En consecuencia, estos países no pueden acumular recursos para satisfacer la modernización que exige su creciente expansión urbana. Ante esta situación no tienen otra alternativa que endeudarse permanentemente para comprar el progreso científico y tecnológico que no saben producir.

Así, la causa profunda del subdesarrollo no es económica sino cultural. Los economistas siempre han ignorado las explicaciones “culturales” del desarrollo. Para ellos solo las formulas económicas explican la riqueza de las naciones. Simplemente, esto no es así. La experiencia empírica muestra, por ejemplo, que un país puede practicar la más radicales formulas de libre mercado pero si sigue entrampado en una cultura acientífica, seguirá siendo una sociedad atrasada, endeudada y pobre porque exportara siempre recursos naturales y productos con poco contenido tecnológico que tienen menos valor que el progreso científico que constantemente tiene que importar.

Hoy, solo un 10 % de los científicos del mundo está en los países en desarrollo, el 90 % de este porcentaje, está Asia, repartido entre Taiwán, Corea del Sur, Singapur, Malasia, China y la India. Estos países asiáticos son los únicos que, aparte de los Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, registran anualmente cientos de patentes de invención en la Organización Mundial de la Propiedad Industrial.

América Latina solo cuenta con el 0,7 % de los científicos de los países en desarrollo y no esta inventando nada. La región comparada con el Asia es un páramo científico-tecnológico. Salvo el Brasil, ningún otro país latinoamericano, gasta en Investigación y Desarrollo una suma ni siquiera cercana al 1% de su PNB. En el Perú la inversión en investigación científica y tecnológica es casi nula. El estado solo gasta el 0,03 del PNB, uno de los más bajas inversiones en R&D en la región.

Ninguna sociedad podrá salir, en el siglo XXI, del subdesarrollo sólo con conocimientos restringidos a las humanidades y las ciencias sociales. Estos conocimientos son indispensables, pero no son suficientes para entrar en un verdadero proceso de desarrollo. Es por estas razones que la humanidad ingresa a su tercer milenio como una sociedad planetaria dual, dividida. De un lado, una minoría próspera de países que viven del esfuerzo intelectual científico, que inventan e innovan productos y servicios. Del otro, una mayoría de países pobres, como el Perú y la América Latina, que siguen viviendo todavía del esfuerzo físico, de la explotación de recursos naturales y de labores burocráticas rutinarias, comprando cada vez mas caro el progreso científico y tecnológico que no pueden crear.

Entonces, para saber si un país esta “en desarrollo”, no hay que impresionarse con el crecimiento del PNB, alimentado por la bonanza temporal de exportaciones primarias, sino observar, si se están graduando mas científicos, ingenieros y tecnólogos que abogados, letrados, historiadores, sociólogos o psicólogos. Y sobre todo, verificar si el estado, las empresas, las universidades e institutos invierten en R&D para innovar constantemente la producción, tal como sucede hoy en Corea del Sur, Singapur, Taiwán, India, China y Malasia, que son hoy los únicos países que están en desarrollo o ya se desarrollaron

Una señal verdadera de que existe en el Perú un ciclo virtuoso hacia el desarrollo seria la existencia de una estrategia de estado para librarnos de la trampa de la cultura acientífica que nos mantiene hoy en el subdesarrollo. Una estrategia cuyas principales orientaciones serian una revolución educativa para lograr graduar igual o más científicos que letrados y un programa de inversiones en investigación y desarrollo científico-tecnológico para incrementar el contenido tecnológico de nuestra producción.

Esta señal no se esta dando en el Perú, ni tampoco en Latinoamérica, donde la cultura sigue siendo solidamente acientífica, donde las exportaciones siguen teniendo poco contenido tecnológico, donde el PNB, se incrementa pero la desigualdad social aumenta, donde los ricos viven en un paraíso vigilado, la clase media en un purgatorio y el pueblo en el infierno,

Oswaldo de Rivero / Julio del 2007.