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Es una lástima que los pensadores que podrían situar el debate en este nivel, que podrían darle altura, hayan cedido el puesto a falsificadores de hechos, adulteradores de la verdad, falsarios o, en el mejor de los casos, holgazanes que repiten sin molestarse en verificar.

¿A qué estamos asistiendo en los últimos años?

A la repetición casi maquinal de informaciones tomadas de una fuente única, que más valdría evitar como la peste. ¿Qué fuente es esa? La prensa venezolana. ¿Quiénes son sus dueños? Por lo general, oligarcas inmensamente ricos que viven parte del año en USA y cuya vocación por la información es casi tan fuerte como la de Serge Dassault, Arnaud Lagardère o Patrick Lelay [1]. A veces el lavado de cerebro se apoya en institutos de sondeo venezolanos. Muchos de ellos pertenecen a los patronos de la prensa.

Casi todas las cadenas de televisión venezolanas son privadas. Son hostiles a un gobierno elegido por el pueblo con gran constancia (once elecciones consecutivas ganadas por los partidarios de la revolución bolivariana). Nueve de los diez grandes diarios nacionales son de oposición. Estas televisoras y estos periódicos han reemplazado en gran medida a los partidos políticos de derechas, completamente derrotados. Sin embargo, son sus «informaciones» y solo ellas las que nuestros medios reproducen a porfía.

Este papanatismo es suicida para nuestra prensa, ya de por sí (¿y por eso mismo?) bastante desacreditada y, por consiguiente, con salud precaria.

Los medios venezolanos participaron masivamente en el golpe de estado de abril de 2002. Algunos, con RCTV en primera fila, fueron sus impulsores. Estos hechos (que no esta «opinión») no necesitan demostración. Hasta en USA lo han admitido con franqueza algunos periódicos. Véase, por ejemplo, Los Angeles Times del 30 de mayo de 2007: «Hugo Chávez contra RCTV» por Bart Jones.

Los medios golpistas se hartaron de mentir mientras duró el golpe. No han dejado de hacerlo desde entonces. Al contrario.

Antes, durante y después del golpe, y sin parar hasta hoy, una cadena como RCTV ha llegado a tales extremos que en Francia no habría durado ni una hora. La lista de sus infracciones es tan larga que su dueño estaría en la cárcel, junto con buena parte de su equipo. ¿Infracciones? ¡Sí, cientos de ellas! Infracciones que ningún medio podría cometer en Francia, en distintos ámbitos: ley sobre publicidad de tabaco y alcohol en los estadios, protección de la infancia, imágenes subliminales, incitación a la desobediencia civil… A lo que hay que añadir la negativa reiterada, arrogante, de dialogar con la CONATEL (Comisión Nacional de Telecomunicaciones) [2]. Convocada más de 20 veces en 2006, RCTV no se dignó a acudir.

Pues bien, ¿qué leemos en Francia? ¿Artículos de periodistas que han bebido en distintas fuentes? Nada de eso. Sólo nos llegan las versiones de los antiguos golpistas, es decir, los adversarios de la legalidad democrática, los enemigos del sufragio universal, los felones. Incluso en los sitios de la internet comprometidos con la verdad hay lugar para los bulos.

Es tal la avalancha de embustes que se difunden por doquier, que sólo la idea de desmentirlos todos produce cansancio. No quedaría tiempo para otra cosa.

Porque habría que explicarlos uno por uno, pues el lector, de entrada, se muestra incrédulo ante una información que contradice las que ha recibido machaconamente un sinfín de veces.

Si un explorador regresa de la Amazonia contando que allá, en la selva profunda, el agua hierve a 80º, las migalas se acoplan con las culebras y los indios se comen a uno de cada dos recién nacidos, y estos disparates se repiten mil veces en los medios, acabarán convenciendo a una parte de los lectores, no porque sean creíbles, sino porque están repetidos.

Pero seguirán siendo mentiras.

Es lo que sucede con Venezuela.

¿Chávez ha instaurado un partido único? Mentira.

¿Va a cambiar la constitución para ser presidente vitalicio? Mentira.

¿Ha cerrado la última cadena de televisión de la oposición? Mentira.

¿Impide que RCTV emita por otras vías? Mentira.

¿Su incuria provoca escasez de alimentos? Mentira.

¿Durante su visita a Moscú no le invitaron a la Duma? Mentira.

¿Putin le ha inferido una afrenta? Mentira.

Podría seguir en este plan hasta desgañitarme exclamando: ¡Mentira, mentira, mentira!

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Pero voy a detenerme un momento sobre una nueva: «RCTV no ha reanudado sus emisiones porque el estado le ha robado su material». Sobreentendido: «No estamos ante un estado de derecho, sino ante una mafia dictatorial».

La verdad es la siguiente: hace 20 años, otro gobierno otorgó a RCTV la concesión para emitir por canal abierto. El contrato estipulaba que las instalaciones necesarias serían construidas por Radio Caracas Televisión a sus expensas. Tanto el terreno como las torres y construcciones erigidas en él serían propiedad exclusiva de la república.

¿A qué se debía esta condición? A que, en caso de que se concediera el permiso a otra cadena, no hubiera interrupción de las emisiones. Chávez no ha robado nada, al contrario, ha devuelto a la nación dos bienes que le pertenecían: la frecuencia hertziana y los medios para usarla. De conformidad con la ley y los términos firmados por sus predecesores.

¿Por qué no pudo emitir RCTV entre el 28 de mayo y julio? Porque renunció deliberadamente a hacerlo por satélite y por cable, de entrada para recalcar que no acataba la decisión soberana del estado y pretendía doblegarle, y además porque necesitaba este cierre voluntario para hacerse la víctima. Cuando ha quedado claro que ha perdido la partida, RCTV ha tomado las medidas necesarias para volver a emitir (de momento, por cable). Habría podido hacerlo antes, pues se lo advirtieron en diciembre de 2006.

RCTV no es una cadena de televisión como las demás, es un ariete de la derecha más radical de Venezuela. Su dueño, Marcel Granier, puede resistir meses de suspensión sin que su economía se vea afectada más que la de una persona común cuando compra una barra de pan. Posee, en todo o en parte, 40 emisoras de radio y cadenas de televisión además de RCTV.

En [el sitio francés] Agoravox, Daniel Duquenal, que se ha especializado en criticar al gobierno venezolano, habla de «venganza política», de «saña política de Chávez», de «proyecto totalitario» que tiende a la «represión pura y simple». Estamos en el terreno de la opinión: aceptémoslo como elemento para un debate.

Lástima que su opinión se base en datos falsos, a menudo emocionales. Veamos unos cuantos: Chávez ha cerrado RCTV (falso).

Al cabo de un mes RCTV no ha podido encontrar un espacio de difusión (¿un mes? En realidad ha dispuesto de unos seis meses) ni ingresar lo suficiente para pagar a su personal (¿subvenciones, tal vez? ¿A pesar de la enorme fortuna del dueño de RCTV?).

Chávez quiere obligar a RCTV a pagar impuestos suplementarios (son impuestos atrasados, pues RCTV acostumbraba a evadir impunemente los impuestos. RCTV debe a la hacienda pública 1,5 millardos de bolívares, unos 700 millones de dólares).

Luego, lo que he mencionado antes: «El gobierno ha secuestrado todos los equipos de transmisión de RCTV… simple confiscación del gobierno de Chávez, que sienta el peligroso precedente jurídico de otorgar al estado el ’derecho’ a apoderarse de cualquier bien privado que necesite, cualquiera que sea el motivo de esa necesidad. En una palabra, el robo legalizado a favor del estado». Una mentira bien gorda para poder emitir un juicio abrupto.

Más aún: «Hay una escasez de géneros alimentarios que se ha vuelto crónica» (los servicios oficiales encargados del abastecimiento descubren continuamente género oculto, porque la escasez está organizada: un tipo nuevo y cruel de huelga patronal).

Por último, según el mismo polemista, quienes no se adhieran al «partido único del chavismo» (falso, el partido se define como unido, no único) «a partir de ahora serán ciudadanos de segunda clase, incluso los verán como enemigos de la nación y cómplices del imperialismo» (otra invención que se saca de la manga).

¿Chávez es un apestado? «El parlamento ruso, la Duma, no quiso recibirle la semana pasada, y Putin le recibió de forma ’privada’ para no tener que rendirle honores oficiales».

La verdad es que la Duma sí invitó a Chávez, que pronunció un discurso. No lo hizo en la tribuna sino en una sala contigua. ¿Por qué? Porque el reglamento de la Duma, salvo en ocasiones muy especiales, no permite que los jefes de Estado hablen desde la tribuna. Hacer una excepción con Chávez habría supuesto irritar inútilmente a Washington, en vísperas de la reunión de Putin con el presidente George W. Bush.

Veamos la crónica de Radio France Internationale (Stefanie Schüler, 29 de junio de 2007): «Fue recibido por Vladímir Putin en su casa de campo de Novo Ogarevo, a las afueras de Moscú». Putin, a su vez, «será recibido los días 1 y 2 de julio por George W. Bush en su casa familiar de Kennebunkport, Maine. Un honor que hasta ahora no ha dispensado a ningún otro dirigente». ¿Afrenta en un caso, honor en el otro?

Se podrían escribir cien páginas como esta, con pruebas de que los adversarios de la revolución bolivariana necesitan recurrir a imprecisiones, insinuaciones y mentiras para atacarla.

Lo cual, a fin de cuentas, es alentador (y esta sí que es una «opinión». Optimista).


NOTA DE ALTERCOM:
- Este artículo fue traducido del francés por Juan Vivanco, miembro de TLAXCALA, la red de traductores por la diversidad lingüística.

VENEZUELA: PLUS JELIS LES MENTEURS, PLUS J’AIME BOLIVAR

Auteur: Maxime VIVAS TLAXCALA

Un sujet d’étonnement, quand on lit la presse opposée à la montée des résistances en Amérique latine, est l’évacuation de toute pensée élaborée qui pourrait convaincre de leur nocivité. Seul le mensonge est attelé à ce labeur.

Après tout, des discussions philosophiques, éthiques pourraient opposer les partisans de Chavez et ses adversaires. La place existe pour confronter des approches différentes, des conceptions politiques antagonistes, sur la gestion des affaires publiques, sur les choix économiques, sociaux, culturels, sur la vision du rôle des Etats-Unis dans la région, sur ce que doit être la démocratie, sur ce que devrait être, ou ne pas être, le socialisme, sur les vertus ou les tares du néolibéralisme dans ce pays.

Hélas !, les penseurs qui situeraient le débat à ce niveau, qui le tireraient vers le haut, ont laissé la place à des falsificateurs de faits, à des truqueurs de vérité, à des faussaires ou, dans le meilleur des cas, à des paresseux qui ressassent sans vérifier.

A quoi assistons-nous depuis des années ?

A la répétition quasi machinale d’informations provenant d’une source unique dont il faudrait se méfier comme de la peste. Quelle est cette source ? La presse vénézuélienne. Qui sont ses patrons ? Pour l’essentiel, des oligarques immensément riches qui vivent une partie de l’année aux USA et dont la vocation pour l’information est aussi forte que celle de Serge Dassault, Arnaud Lagardère ou de Patrick Lelay. Parfois, le décervelage s’appuie sur des instituts de sondage vénézuéliens. Nombre de ces derniers appartiennent aux patrons de presse.

La quasi totalité des chaînes de télévision vénézuéliennes sont privées. Elles sont hostiles à un gouvernement choisi par le peuple avec une grande constance (onze élections consécutives remportées par les tenants de la révolution bolivarienne). Neuf grands quotidiens nationaux sur dix sont dans l’opposition. Ces télés et ces journaux se sont substitués pour la plupart aux partis politiques de droite en complète déconfiture. Ce sont pourtant leurs «informations» et uniquement celles-là, que nos médias reprennent à l’envi.

Ce panurgisme est suicidaire pour notre presse déjà (et pour cela?) assez discréditée et, par suite, en mauvaise santé.

Dans leur grande masse, les médias vénézuéliens ont participé au coup d’Etat d’avril 2002. Quelques-uns, au premier rang desquels la chaîne RCTV, ont joué un rôle moteur dans son déclenchement. Ces faits (et non cette «opinion») n’ont plus à être démontrés. Jusqu’aux USA, on trouve des journaux qui ont honnêtement écrit là-dessus. Voir le «Los Angeles Times» du 30 mai 2007. «HUGO CHAVEZ CONTRE RCTV par Bart Jones.

Les médias putschistes ont menti, menti, menti tout au long du putsch. Ils n’ont pas cessé ensuite. Au contraire.

Avant, pendant, après le putsch, et sans désemparer jusqu’à aujourd’hui, une chaîne comme RCTV s’est mise dans une situation où elle n’aurait pas tenu une heure en France. La liste de ses manquements à la loi est telle que son patron serait en prison, accompagné par une partie de son équipe. Manquements? Oui, par centaines ! Des manquements qu’aucun média ne se permettrait en France, et couvrant des domaines divers : loi sur la publicité pour le tabac et l’alcool dans les stades, protection de l’enfance, images subliminales, appels à la désobéissance civile… Ajoutons-y le refus arrogant, réitéré, de tout dialogue de RCTV avec la Conatel, l’équivalent de notre CSA. Plus de 20 fois convoquée en 2006, RCTV n’a jamais répondu.

Or, que lisons-nous en France? Des articles de journalistes informés auprès des différents protagonistes? Pas du tout. Seules les versions des ex-putschiste nous parviennent, c’est-à-dire celles des adversaires de la légalité démocratique, celles des ennemis du suffrage universel, celles des félons. Même sur des sites Internet attachés à la vérité, le bourrage de crâne se taille une place.

L’avalanche des mensonges déversés partout est telle que la fatigue nous vient à l’idée de démonter toutes ces fumisteries. Il faudrait n’avoir que ça à faire.

D’autant plus que, pour chacune, on doit développer, tant le lecteur est a priori incrédule devant une autre information qui dément celle qu’il a reçue cent fois déjà et qui lui a appris le contraire.

Si un explorateur revient d’Amazonie et réussit à publier dans nos journaux que, là-bas, dans la forêt profonde, l’eau boue à 80°, que les mygales s’accouplent avec les serpents et que les indiens mangent un de leur bébé sur deux, si ces bobards sont ensuite repris mille fois dans les médias, ils convaincront une partie des lecteurs, non parce qu’ils sont crédibles, mais parce qu’ils sont répétés.

Mais ils resteront des mensonges.

S’agissant du Venezuela, nous en sommes là.

Chavez a instauré un parti unique? Mensonge !

Il modifie la Constitution pour être président à vie? Mensonge !

Il a fermé la dernière chaîne de télévision d’opposition? Mensonge !

Il empêche RCTV d’émettre par d’autres voies? Mensonge !

Son incurie provoque des pénuries alimentaires ? Mensonge !

Il n’a pas été invité à la Douma lors de sa visite à Moscou? Mensonge !

Poutine lui a fait un affront? Mensonge !

On en citerait mille encore, on s’égosillerait à répéter : Mensonge ! Mensonge ! Mensonge !

En voici un nouveau, pourtant, sur lequel je m’arrête un peu : «RCTV n’a pas repris ses émissions parce que son matériel lui a été volé par l’Etat». Sous entendu : «Nous n’avons pas affaire à un Etat de Droit, mais à une mafia dictatoriale».

La vérité est la suivante : La concession pour émettre par voie hertzienne a été accordée à RCTV par un précédent gouvernement, il y a 20 ans. Le contrat stipule que les installations nécessaires seront construites par Radio Caracas C.A. à ses seuls frais. Tant le terrain, comme les tours et constructions qui s’y installent resteront propriété exclusive de la République.

Pourquoi cette disposition ? Pour que, en cas d’attribution de la fréquence à une autre chaîne, il n’y ait pas rupture dans les émissions. Chavez n’a rien volé, il a rendu à la nation deux biens qui lui appartenaient : la fréquence hertzienne et les moyens d’en user. En conformité avec la loi et les termes d’un contrat signé par ses prédécesseurs.

RCTV n’a pu émettre entre le 28 mai et juillet ? Mais elle a délibérément refusé de se tourner vers les canaux par satellites et par câble, d’abord pour bien marquer qu’elle ne respecterait pas la décision souveraine de l’Etat, qu’elle le ferait plier, et ensuite parce que sa victimisation nécessitait une fermeture volontaire. Dès qu’il est apparu qu’elle avait perdu la partie, RCTV a pris ses dispositions pour émettre (par câble, à ce jour). Elle aurait pu le faire avant, ayant été avertie dès décembre 2006.

RCTV n’est pas une chaîne de télé comme les nôtres, c’est un fer de lance de la droite la plus radicale du Venezuela. Son patron, Marcel Garnier, peut supporter des mois d’interruption sans que ses finances en soient plus affectées que les vôtres quand vous achetez une baguette de pain. Il possède, en totalité ou en partie, 40 radios et chaînes télévisées, en plus de RCTV.

Sur Agoravox, Daniel Duquenal, qui s’est spécialisé dans la critique du gouvernement vénézuélien, parle de «vengeance politique», de «haine politique de Chavez», de «projet totalitaire» tendant vers la «répression pure et simple». Nous sommes là dans le domaine de l’opinion. Acceptons-là comme élément d’un débat.

Hélas, il étaie cette opinion par des faits mensongers, souvent basés sur l’émotionnel. En vrac : Chavez a fermé RCTV (faux). RCTV n’a pas été capable depuis plus d’un mois de retrouver un espace de diffusion (un mois ? Mais elle a bénéficié de près de six mois) ni de recevoir les revenus nécessaires pour pouvoir maintenir son personnel (Des subventions, peut-être ? Malgré l’immense fortune du patron de RCTV). Chavez veut faire payer des impôts supplémentaires à RCTV (il s’agit d’arriérés, RCTV ayant coutume de se soustraire impunément à l’impôt. RCTV doit au fisc 1,5 milliard de bolivares, soit 700 000 dollars).

Et puis ceci que j’ai déjà évoqué : «ous les équipements de transmissions de RCTV ont été séquestrés par le gouvernement… simple confiscation de la part du gouvernement de Chavez qui établit le dangereux précèdent juridique de donner à l’état le «droi » de saisir tout bien privé dont l’Etat a simplement besoin, quelle que soit la raison de ce besoin. Bref, le vol légalisé en faveur de l’état.» Nous avons là un beau mensonge pour amener un jugement abrupt.

Et encore : «Il y a les déficiences maintenant chroniques de certaines denrées alimentaires» (Les services officiels chargés de l’approvisionnement n’en finissent pas de découvrir des stocks cachés, la pénurie étant organisée : une grève patronale d’un type nouveau et cruel).

Enfin, pour le même polémiste, ceux qui n’adhèrent pas au «parti unique du chavismo » (faux, ce parti se veut «UNI», pas «UNIQUE») « seront désormais des citoyens de seconde classe, voire, des ennemis de la nation, des suppôts de l’impérialism » (belle invention qui ne se base sur rien de rien !).

Chavez honni du monde entier ? «Même le parlement russe, la Douma n’a pas voulu le recevoir la semaine dernière, alors que Poutine ne le recevait que d’une façon «privée» pour ne pas avoir à lui donner les honneurs d’une visite officielle».

La vérité est que Chavez a été invité à la Douma. Il y a fait un discours (pas à la tribune mais dans une salle annexe). Pourquoi ? Parce que le règlement de la Douma, sauf rarissimes exceptions, interdit que des chefs d’Etat s’y expriment en tribune. Y déroger pour Chavez, c’était irriter inutilement Washington à la veille d’un sommet avec le Président George W. Bush.

Voici ce que dit RFI (Stefanie Schüler 29/6/207 ) : «Il a été accueilli par Vladimir Poutine dans sa résidence de campagne à Novo-Ogarevo, près de Moscou. Lequel Poutine «sera reçu, le 1er et 2 juillet, par George W. Bush dans sa résidence familiale à Kennebunkport, dans le Maine. Un honneur qu’aucun autre dirigeant ne s’est encore jamais vu accorder». Affront ici, honneur là-bas ?

On pourrait faire ainsi cent pages qui démontreraient que les adversaires de la révolution bolivarienne ont besoin de l’à-peu-près, de l’insinuation, du mensonge pour la combattre.

Et ça, c’est finalement réjouissant (Cette remarque finale est une «opinion». Optimiste).

[1] Grandes patronos de la industria francesa del armamento, la aeronáutica y la construcción que redondean sus ganancias con el negocio mediático. Lelay, en un arrebato de sinceridad, hizo declaraciones de este tenor: «Hay muchas maneras de hablar de la televisión. Pero desde una perspectiva business, seamos realistas: básicamente, el trabajo de TF1 [la principal cadena privada francesa] consiste en ayudar a la Coca-Cola, por ejemplo, a vender su producto» (n. del t.).

[2] Que define así su misión: «Socializar el uso y la aplicación de las telecomunicaciones y democratizar su acceso hasta convertirlas en plataforma habilitadora de desarrollo para consolidar la República.» (n. del t.).