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El Reino Unido y los EEUU llevan actualmente un ataque mediático contra Rusia en el caso del espia ruso Alexandr Litvinenko, espia que partió de Rusia tranquilamente para colaborar con los británicos sin que éste fuera un personaje importante en Rusia. La idea es presentar al gobierno del presidente Putin como fuera de la ley y desestabilizar la imagen del país en vista de las elecciones presidenciales de 2008 en Rusia. Por otro lado Condoleezza Rice no dice nada acerca del terrorista Posada Carriles protegido por su gobierno.
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La secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, está convencida de que Rusia debe extraditar a Gran Bretaña al empresario Andrei Lugovói, acusado por las autoridades británicas de estar involucrado en el asesinato del ex oficial del FSB, Alexandr Litvinenko.

"Rusia debe cooperar con Gran Bretaña en esa cuestión. Llamamos a Rusia a cooperar plenamente", manifestó Rice entrevistada por el canal de televisión británico Sky News.

Andrei Lugovói: "Me consta que soy inocente. ¡Y punto!"
Komsomolskaya Pravda
21:01 | 18/ 07/ 2007

El empresario ruso Andrei Lugovói, principal sospechoso del "caso Litvinenko", jamás se había imaginado que un día se viera en el epicentro de un escándalo diplomático entre Londres y Moscú pero sus peripecias duran tanto tiempo que ya confiesa haberse acostumbrado a ser la comidilla de la ciudad.

Las recientes declaraciones del camarero Nomberto Andrade, a quien supuestamente distrajeron de forma deliberada para echar una dosis de polonio 210 en el té que estaba tomando Alexandr Litvinenko, chocaron a Lugovói muy poco, según él mismo afirmó en una entrevista a Komsomolskaya Pravda.

Según Lugovói, es un "invento burdo", "muy cómodo" para una persona que estuvo al lado pero no vio absolutamente nada.

Lugovói dice haber aceptado el desafío de la "cúpula burocrática que armó todo ese lío" y se declara dispuesto a pelear con ella.

"No tengo nada que temer. Me consta que soy inocente. ¡Y punto!", subrayó él.

Al exigir de Rusia extraditar a Lugovói, Gran Bretaña niega extradición de individuos odiosos

Moscú, 17 de julio, RIA Novosti. El Ministerio de Exteriores de Gran Bretaña declaró el lunes que del país serán expulsados 4 diplomáticos rusos como respuesta a la negativa de Rusia a extraditar al empresario Andrei Lugovói, acusado en Gran Bretaña de estar involucrado en el asesinato del ex oficial del FSB, Alexandr Litvinenko.

Lugovói refuta categóricamente tales acusaciones, afirmando que las formularon por motivos políticos. Por estos mismos motivos los jueces británicos le negaron a Rusia la extradición del empresario Borís Berezovski; de Yuli Dúbov, el socio del primero en la compañía LogoVAZ; de Ahmed Zakáev, emisario de los separatistas chechenos; del propio Alexandr Litvinenko y de los ex ejecutivos de YUKOS: Natalia Chenishova, Dmitri Marúev y Alexandr Temerko.

Conviene señalar que Gran Bretaña también negaba a otros países la entrega de presuntos delincuentes. Por ejemplo, en 2004 no quiso extraditar a EEUU al islamista radical Abu Hamza al Masri bajo el pretexto de haber cometido éste delitos insignificantes en Gran Bretaña, mientras que existía mucha probabilidad de que en EEUU lo condenasen a la pena capital, acusándolo de la actividad terrorista.

Expertos rusos hacen recordar que en 2002 un tribunal distrital de Londres negó la entrega del argelino Lotfi Raissi, sospechoso, según autoridades estadounidense, de estar involucrado en los atentados del 11 de septiembre.

Durante diez años Londres le negaba a Francia la extradición del terrorista argelino Rashid Ramda (Abu Fares), quien gozaba del estatuto de refugiado en Gran Bretaña a causa "de un posible maltrato a los musulmanes en el sistema judicial francés".

A Farj Hasan Faraj, conocido como "Hamza libio", las autoridades italianas lo acusan de formar parte de un grupo criminal internacional que preveía realizar atentados en Italia y fuera del país. Los italianos exigieron su extradición, pero la parte británica de hecho se lo negó.

En opinión de expertos, los ejemplos aducidos (también existen otros) no dan fundamento para deducir de que los jueces británicos tomen decisiones guiándose sólo por motivos políticos. A veces lo hacen pariendo de sus propios convencimientos (lo que es de lamentar), los que a menudo coinciden con la política que aplican los dirigentes del país.

La legislación británica, incluida su nueva ley de la extradición, se presta a numerosas interpretaciones. Tal situación no puede servir de motivo, ni mucho menos, para que otros países modifiquen sus legislaciones.

Es más, tal "cooperación" de Gran Bretaña en materia de lucha antiterrorista puede ser interpretada por la comunidad mundial como complicidad de Londres con el terrorismo internacional, subrayan los expertos.

Fuente: Ria Novosti, 19/ 07/ 2007.