por Javier Lajo; [email protected]

Voy a dar aquí una respuesta a la crítica que de mi Conferencia transcrita y publicada: Qhapaq Kuna... mas allá de la civilización (http://www.quechuanetwork.org/yacha... ), hace Mario Mejía Huamán (1), (un conocido quechuólogo columnista del Comercio de Lima), porque no es nada serio dar calificativos malintencionados a mi texto sin ni siquiera haberlo comprendido bien. Lo mínimo que se puede pedir a un crítico es respetar al autor que se critica y mayor respeto aun para con los lectores que leerán dichas críticas y que se merecen una buena y leal información. Pero sobre todo comienzo mi respuesta de esta forma porque lo que más se debe evitar en una crítica es desinformar. El trabajo del crítico debe ser hecho bajo un esfuerzo de buen entendimiento de los textos que se critica; y si se da el caso en donde el autor criticado no se deja entender o es poco claro, entonces se debe mencionar tal cosa, pero no se puede dar cualquier contenido a los textos que no comprendemos, ante tal caso, si no entendemos un texto es mejor mantener un silencio prudente.

Lo primero es que no estoy de acuerdo en llamar “Filosofía” a nuestra sabiduría andina, porque en primer lugar, si me dan ha escoger entre ser “amante” o “titular” de la “Sofía” (es decir de “la sabiduría”) prefiero ser titular. Y en segundo lugar, porque yo mismo he usado erráticamente este término a discreción en el texto en cuestión sin percatarme que la “filosofía” tiene un contenido estricto y rigurosamente vinculado a la cultura occidental, concuerdo con la Dra. Maria Luisa Rivara que no se puede hablar de “filosofía andina”; es mas yo sostengo que en sentido riguroso la filosofía es la principal arma de guerra que usa Occidente desde la expansión helénica en el mediterráneo, contra los otros pueblos y culturas, “arma” que ha dotado a los griegos primero y a los Occidentales después de su gran eficacia para el dominio y el sometimiento del resto de la humanidad. La filosofía es su verdadero arte para la hegemonía cultural y la destrucción de todo lo diferente, proceso que ahora llaman graciosamente “Globalización”. Es por todo esto que es preferible llamar a nuestra ‘forma de pensar’ simplemente sabiduría andina.

Mario Mejía Huamán no ha leído bien mi texto, y algo peor: no lo ha entendido; ni siquiera lo suficiente como para darse cuenta que lo que él llama “camino de la verdad” en su crítica, en mi texto original citado, no es la diagonal en 45° o Qhapaq Ñan (tal como él interpreta erráticamente), entonces mal puedo llamar a esa diagonal en 45°, “Cheqaq Ñan” (como Mejía H. me lo reclama), o mejor “Ch’ekkalluwa” que es la palabra que Jorge A. Lira indica que significa “diagonal” y que es la que se aproxima mas al concepto de “camino de la verdad”. Y aquí no le voy a explicar cual es o qué es, “El Camino de la Verdad” y cuál el “Camino de los Justos”, que en mi texto son dos caminos diferentes, pues un profesor universitario y magíster en filosofía debería darse la molestia de estudiar estructuralmente el libro y contextualmente cada frase o idea que pretenda criticar seriamente.

Este aparente “descuido” de Mejía H. no creo que sea casual, pues no ha leído –concienzudamente también- el Diccionario de Jorge A. Lira (antes citado) que es la fuente donde me apoyo para reforzar lo aprendido en mi pueblo y para escribir que “K’apah”, última palabra de la página 115 del mencionado diccionario dice textualmente: Cabal, exacto, justo. Puede decirse también K’apakk (2).

Pero esta palabra traducida por la pluma autorizada de Lira, no es el único argumento en que apoyo mis investigaciones sobre el “Camino de los Justos”. Existe otro significado mucho más propio: En la Pág. 158, palabra 44 del diccionario citado, Lira traduce la palabra Kkh’apakk como: Sagrado, dedicado o relacionado con la divinidad o su culto. Y aquí no hay donde perderse. No se necesita ser “fantástico” o “esotérico” para traducir técnicamente –valiéndose de un diccionario autorizado como el de J. A. Lira- que K’apakk Ñan es “camino de los justos” y Kkhápakk Ñan es “CAMINO SAGRADO” y que cualquier escolar de escuela fiscal o cualquier persona con mínimo sentido común podría identificar cualquiera de estos dos significados con la “ruta que une en una línea recta una secuencia de templos y ciudades a lo largo de la cordillera de los Andes”, y si esta recta esta “ajustada” a 45° del eje norte sur, hay que ser de veras “escaso” para decir que lo descubierto e investigado por María Sholten es algo irrelevante o inservible para los quechuahablantes, tal como lo sugiere Mejía Huamán en su crítica. Aunque lo mas probable es que esta voluntaria “ceguera” sea solamente terquedad de envidioso.

Lo también notorio es que Mejía H. usa un Quechua, que en mi tierra le dicen el idioma de los “rudimentarios”: el “Purun Runa Simi”, es decir de los que usan el idioma como les da la gana, así, hacen del conocimiento de la lengua una herramienta subjetiva. O tal vez Mejía H. quiere corregir el diccionario de Jorge A. Lira, a través de sus extraños injertos, pues en la Pág. 135 de su crítica, nota al pie 155, leemos que existiría un Dicc. Lira-Mejía (¿!?); cosa que sería muy normal en él, o muy adecuado a su notoria aculturación, es fácil percibir en él un sentimiento del que se cree un diccionario personificado, que posee las “esencias del runa simi”. De esta forma se siente con la libertad para enmendar la plana a todos los que “osen” entrar en lo que él considera “su chacra” (5); de allí su deseo de injertar adulterando hasta el diccionario de Jorge A. Lira; ¡qué tal pretensión... !. Ya ha sucedido con otros autores que han sido victimas de sus descortesías, por decir lo menos.

Además, Mejía H. no solo no lee bien, sino que no sabe escribir. Mencionamos para muestra un botón, en la Pág. 195 de su crítica, dice y acto seguido se contradice, veamos: “En los Andes se concibe que toda (sic) las cosas existentes, incluyendo los dioses, tienen sexo, es decir son hembra y macho”, y en el párrafo siguiente dice: “... Y se le representa –a Pachakamaq- como hembra y macho, porque en última instancia (sic), como ser ideal no era (sic) ni hembra ni macho”. ¿En qué quedamos? No era que todos, “incluidos los dioses, tienen sexo”?, o ¿Pachakamaq “no era” dios?, o ¿Los dioses no son “seres ideales”?. Esta última afirmación conceptual de Mejía Huamán, es equivocada, pues no es lo mismo decir que la cosmogonía andina es “paritaria” que decir “toda(s) las cosas existentes, incluyendo los dioses, tienen sexo”, ¡qué tal desliz!, pues en la cosmogonía andina se puede bien y correctamente ‘parear’ la sexualidad, si se piensa en los planos humano y hasta biológico, pero es incorrecto y hasta torpe hacer lo inverso, es decir, sexualizar “la paridad”. Y aquí, en el mal uso que hace de significantes y significados, términos y contenidos, Mejía H. delata su entraña transcultural y más aun, su ignorancia de ambas culturas. Si Mejía H. hubiera leído bien mi texto Qhapaq Kuna, habría identificado la imagen primaria puquina y lacustre de “Illawi” (“ídolo” encontrado en la localidad de Ilave) con su desarrollo posterior y costeño de “Pachakamaq”, como iconos de la “paridad del conocimiento”, nada que ver con el androginismo que anida en los mitos de las mentes transculturadas y occidentales . Tal vez en su “purun runa simi”, “Pacha” signifique “un concepto unificado”, pero en el Qhapaq Simi (o idioma puquina) existen los términos y contenidos bien diferenciados de “Pacha” y “Paqas” para referirse al “tiempo” y al “espacio” respectivamente, tal como lo refiere y explica claramente Federico Aguiló, en “El Idioma del Pueblo Puquina”. (Edit. Colección Amauta Runacunapac, Quito, 2000. Págs. 99 y 101). Valgan estos dos ejemplos sobre contenidos relevantes del Qhapaq Kuna, pero que Mejía H. trata de manera extraviada y simplona para argumentar la calificación de “fantástico y esotérico” que le sugiere mi texto.

Otra parte ilustrativa y nada casual de la “purun filosofía” de Mejía H. es la deformación y manipulación de mis dibujos y conceptos; se puede notar claramente cuando intenta hacer un análisis de los círculos concéntricos, que según él “... estamos suponiendo que Lajo se esta refiriendo en el segundo dibujo... en que el pozo se encuentra en un sentido horizontal” (ni modo un pozo vertical no?... en un texto de filosofía no puedes suponer nada, tienes que leer bien y releer hasta entender lo que textual o metafóricamente quiere decir el autor) , y luego “en cambio si Lajo estuviera representando las ondas en un espacio vertical...” (Habría que preguntarle a Mejía H. si existen o si se puede representar ‘espacios’ verticales y/o horizontales…, tal vez quiso decir ‘planos’). Esto que él llama “suposiciones” son en realidad manipulaciones (inconcientes, tal vez), al usar los términos “horizontal” y “vertical” y de “sentido” y “espacio”, Mejía Huamán deduce que “en sentido vertical”, “Hanan” tendría su antónimo en “Urin” y no “Ukhu”, y si es en “espacio horizontal” el centro es “Chaupi” y la parte exterior “Hawua”. Las cosas específicas, frases o palabras descontextualizadas pueden significarnos muchas cosas y las podemos decir de muchas maneras, y más en un idioma tan metafórico y expresivo como el runa simi, pero el entendimiento general de un texto tiene que ser riguroso y sobre todo estructural, sino estamos “lacleando” como los “purun runas”. Y repito que él o cualquier lector, en mi texto que él cita y critica, no tiene porque “suponer” nada, pues, en esos párrafos 41, 42, 43 y 44 del Qhapaq Kuna, que tratan “del estanque y de los tres pachas”, he usado textualmente y a propósito ocho veces (¡8 veces!) el término ESFERA, en singular y plural, entonces Mejía H. no tiene porqué suponer “espacios horizontales o verticales” (que solamente pueden caber en su particular “entendimiento”); por lo demás la figura de “la piedra en el estanque” la hice para que hasta un niño comprenda, pero Mejía H. mira y/o entiende solo un “sentido horizontal” o “un espacio vertical”, porque no ha entendido nada de mi propuesta contextual sobre ‘el tiempo’ y la sabiduría de la cultura andina. En un artículo sobre este tema (ver: http://machaqmara.googlepages.com/j... — Principios de Sabiduría indígena, final del segundo artículo: “Yanantinkuy y Chekalluwa”), he insertado un dibujo o simulación tridimensional, de la ‘visión’ o imagen culta del tiempo en la cultura andina, para que los lectores sin ninguna capacidad imaginativa, o poco comprensiva, puedan ayudarse a visualizar una ‘imagen’ del tiempo en nuestras culturas indígenas, como la andina y la centroamericana, ya que hay evidencias que los Mayas tuvieron una ‘visión’ o imagen similar del tiempo, en lo que conocen como la “era Ollín” o era del “movimiento” (ver notas últimas del segundo artículo en el link arriba inserto ).

Finalmente quiero hacer una última reflexión sobre la decodificación del Runa Simi y la virtual desaparición o exterminio compulsivo del Qhapaq Simi o Puquina; realizada por la “Orden” Jesuita y luego la Franciscana en su labor etnocida o “evangelizadora”. El Puquina, tal como lo señalan algunos especialistas, fue el ancestro del Qechua y del Aymara, por tanto muchas de sus raíces y contenidos se han extendido y se han hecho pan-andinas, como lo sostengo y trato de probarlo en mi libro: QHAPAQ ÑAN: LA RUTA INKA DE SABIDURÍA (3) (Versión resumida), que es una versión mas explicativa del texto Qhapaq Kuna, en mención, ya que éste último impreso solo es una conferencia transcrita. Como Mejía H. no es ni jesuita, ni franciscano, concluyo que el entendimiento de Mejía H. solo le alcanza al “plano donde vive el ser humano” (Párrafo 44 del Qhapaq Kuna) y nunca alcanzará las esferas de entendimiento y el lenguaje de los “Amaro Runa”; cosa a la que nosotros aspiramos (4). De allí a pedirle que entienda algunas metáforas que empleo en mi texto como aquello (impreso en cursivas en el original) de “volar en las alas de la pasión organizada que procrea nuestra cultura” u otra metáfora sobre “La Magia de Moisés” al reflexionar sobre la escritura fonética y su uso judaico o bíblico; o peor, aquello que no es metáfora, “de la acción y presencia de los Amaro Runa en nuestra historia”. Creo que pedirle comprensión de este lenguaje metafórico y mítico a un “Wáman que no vuela” es como pedirle imposibles al profesor Mejía Wamán. Efectivamente, es hablarle textualmente en términos “fantásticos y esotéricos”.

Por último, es evidente si uno da un simple vistazo al texto de su crítica, y lo compara con el mío, puede notar que mis conceptos, dibujos y esquemas en su libro están mal reproducidos y explicados, es decir él esta desinformando, por decir lo menos; siendo él un profesor universitario, y además Magíster en Filosofía, no es nada riguroso ni serio en su publicación.


Notas:

(*) Wáman: Gavilán, Halcón, ave de rapiña. Diccionario Kkechuawa-Español, 2da. Edición autorizada por el Autor Jorge A. Lira. Bogotá, D.E. Colombia, 1982. Sec. Ejec. del Convenio Andrés Bello. (1) Mario Mejía Huamán. en su libro HACIA UNA FILOSOFIA ANDINA (2) La forma del significante “Qhapaq”, en lugar del “K’apakk” que usa Lira, le fue recomendada al Editor por la Academia de la Lengua Quechua del Cusco, así fue publicado y así ha quedado ya en uso corriente. (3) http://emanzipationhumanum.de/downl... (4) Sobre la estirpe de los Amaro Runa: Tema planteado por Huamán Poma y otros cronistas, que también vengo trabajando a la luz de lo avanzado por R. Tom Zuidema y H. Burgos Guevara (5) Las pretensiones de Mejía Huamán, de pontificar sobre el uso del Runa Simi, y hasta de la “filosofía andina” son evidentes cuando dice: “Su discurso bien puede impactar a lectores que no conocen o tienen poco dominio del runasimi. Las categorías que usa son equívocas, por tanto permiten sumergirse en un mar de falacias”. ¿Qué le da derecho a este Sr. para lanzar tamaños juicios y sentencias?. No solamente se cree un diccionario ambulante y que se atreve a corregir e “injertar” a Jorge Lira (¿¡?), sino un ridículo “propietario” del conocimiento andino.