Si uno gozara de un fino humor negro, afirmaría que en este coqueto barrio, el límite entre la vida y la muerte esta trazado por la calle Vicente López. De un lado, bares, restaurantes, artesanos, chicos y adolescentes "copando" Plaza Francia. Bullicio, griterio, energía, vida. Del otro, un silencio casi solemne, o solemnes son los que estan. Próceres y no tanto "guardados" en una ciudad etérea.

Ciudad con sus avenidas, y calles, algunas separadas por tan sólo 70 cm. Ciudad con una superficie de cinco hectáreas y media, recorrida y custodiada por 65 cuidadores, reúne en su haber unas 4700 bóvedas.

Entre sus bóvedas hay 82 Monumentos Históricos, más de mil ángeles y obras realizadas por algunos de los mejores escultores del mundo como Jules Felix Coutan, José Fioravanti o Lola Mora, sólo por citar algunos.

Durante la colonia no existieron cementerios, salvo en ciertos momentos debido a epidemias que causaban gran mortandad en la población, se habilitaban terrenos que sirvieran de cementerios, pero vuelto a la normalidad , cesaban en su función. Los muertos recibían sepultura en los templos.

En 1820, durante el gobierno de Martín Rodríguez y su ministro, Bernardino Rivadavia, fueron expropiados los terrenos ocupados por el huerto de la Congregación Franciscana, siendo destinados a la construcción del Cementerio del Norte (el primer cementerio público en la ciudad de Buenos Aires).

Su inauguración fue en el año de 1822 y en un comienzo fue habilitado sólo para católicos.

Los primeros en recibir sepultura fueron una joven uruguaya llamada Dolores Maciel y un joven, párvulo liberto llamado Juan Benito.

En 1863 el presidente Mitre firmó un decreto que permitía que fuesen enterrados los practicantes de otras religiones.

Con el tiempo, el cementerio del Norte llegó a un estado de abandono y desidia que pocas eran las almas que se acercaban, hasta que en 1880, el primer Intendente de la ciudad de Buenos Aires, Torcuato de Alvear, encomendó al Arq. Buschiazzo, su remodelación.

Lentamente fueron edificándose bóvedas y monumentos de lujo y artísticos. Según la tradición, la primera obra de arte que tuvo fue la escultura de Tantardini que decora el sepulcro de Facundo Quiroga, a pocos metros de la entrada.

Desde 1946, es considerado Museo Histórico Nacional, por los personajes ilustres que aquí descansan, por la calidad arquitectónica y por sus magníficas esculturas. Al ingresar al peristilo se observan en el piso tres fechas: 1822 (año de creación del cementerio),1881 (fecha de su primera remodelación ) y 2003 (tercera remodelación).

A la derecha se encuentra una capilla dedicada a la religión católica, en cuyo altar se observa un Cristo realizado en mármol de Carrara blanco de una sola pieza por el escultor italiano Giulio Monteverde (quien fue maestro de Lola Mora).

Cabe destacar la cantidad de símbolos masónicos que ostentan muchas bóvedas. La estrella de cinco puntas que representa los cinco sentidos y es el símbolo del hombre; el triángulo equilátero que simboliza la Fuerza, la Belleza y la Sabiduría; la escuadra, el compás elementos utilizados en la construcción (masón significa albañil en francés) figuran por doquier dentro del cementerio.

A esta ciudad la recorren muchas leyendas. Los rumores de amor y odio están a la orden del día . Se cuenta que Elisa Brown, hija del almirante Guillermo Brown, descansa junto a él en este mausoleo. Elisa estaba comprometida con el marino Francisco Drummond, quien murió en batalla durante la guerra con el Brasil, por lo cual la joven tomó la decisión de quitarse la vida arrojándose al Río de la Plata, vestida con el traje de novia que no pudo estrenar para la boda.

O el caso del cuidador del cementerio -David Alleno-que compró su espacio, mandó a construir a Italia su estatua y después se suicidó para poder "disfrutar" de su nueva propiedad; y que por las noches continúa recorriendo el predio anunciado por el inconfundible sonido del llavero, aseguran los del lugar.

Más allá de amores y de odios, la que más interés concita es la tumba de Eva Perón. Todos los visitantes, turistas o porteños quieren ver dónde descansan sus restos. En esto coinciden los guias de turismo que trabajan para la Ciudad de Buenos Aires : es la tumba más visitada. Siempre hay flores frescas y llama la atención del visitante lo sencillo y simple de la bóveda. Casi pasa inadvertida. Paradojas de la historia.

# Nota publicada en el portal Buenos Aires Sos (http://www.buenosairessos.com)