Un importante grupo de estudio multidisciplinario que no es, en absoluto, una dolarizada ONG, me ha enviado algunas de sus aproximaciones de análisis, a continuar en las próximas semanas. Las resumo.

Importante recordar, por otro lado, lo que sostiene en su libro El Perú y la Oceanopolítica, Fernán Altuve: “La Geopolítica fue concebida por el sueco Rodolfo Kjellen (1864-1922) como culminación de los tratados de Geografía Política de Ratzel (1844-1904). Ahora bien, dentro de la geopolítica se han desarrollado las doctrinas defensoras de la hegemonía terrestre, como lo hizo hacia 1904 Halford Mackinder (1861-1947), con la idea del pivote continental; o Karl Haushoffer (1869-1946), con sus teorías sobre el espacio vital (lebensraum) y las fronteras”. (ob. cit. p. 17)

Una de las premisas fundamentales del equipo de izquierda democrática, es decir de pensamiento nacional independiente, es la de sostener que “hoy como nunca existe una relación directa entre los acontecimientos internacionales y los acontecimientos internos del país”. Y a continuación hace las siguientes preguntas, con el afán de motivar un debate intenso y polémico:

¿Por qué viaja Lula a México?

¿Por qué EEUU acaba de garantizar el apoyo para la habilitación de una planta nuclear a Chile (incluyendo bombas atómicas)?

A nadie escapa la certeza que en Gringolandia se considera que Chile es una especie de Israel, tesis de la que se huelgan, con poco recato, los vecinos del sur. Un embajador de esa nacionalidad, es un importante experto en energía atómica, educado en Estados Unidos.

Días atrás, el entonces cónsul boliviano en Chile, Roberto Finot, anunció la inminencia de la salida al mar de su país por Arica. Sin mayor conocimiento del Perú ni nada que se le parezca, esta decisión es imposible de ser asumida como tal si antes Chile no consulta con Perú en virtud del Tratado y Protocolo del 3 de junio de 1929 que establece meridianamente que cualquier cesión de tierra en Arica tendrá que ser por acuerdo bilateral, exclusivo y expreso entrambas naciones Perú y Chile. Lo que haga Bolivia con Chile es asunto de ellos.

Las autolimitaciones de Chile en Arica, las servidumbres y los derechos irrenunciables de Perú en Arica acaban de ser esclarecidos en publicación en diario local por el embajador Félix C. Calderón, autor de una magnífica obra: El Tratado de 1929. La otra historia, editado en el 2000 por el Congreso. El canciller García Belaunde, parece haber asimilado la lectura y ha ratificado in extenso aquellos conceptos soberanos.

El equipo de estudio plantea otra urticante constatación:

¿Qué significa el fortalecimiento de los intereses económicos chilenos en Perú, verbi gracia, el novísimo Banco Falabella que es una manera de tomar posición firme, más aún, en la infraestructura comercial y financiera peruana y que alude, por pasiva o activa, a compromisos o favoritismos desde el gobierno?

¿Qué respuesta política plantea el gobierno, el partido oficialista o la burocracia nacional, el empresariado, la prensa o la sociedad, frente a las intromisiones extranjeras clarísimas con el pretexto de ayuda humanitaria. Un médico que cura ojos, bien puede desempeñarse como mentor político, adiestrador de cuadros y repartidor de sinecuras en petrodólares. ¿Hay dudas sobre el particular? Cerrar los ojos y hacer la cobarde política del avestruz, sólo garantiza que en pocos años, se tenga en Perú, células que podrán creer en cualquier cosa, menos en el desarrollo independiente de la nación. Más bien de todo lo contrario, es decir, la disolución del Perú.

Preocupa al grupo de estudio la constatación que el proceso descentralizador, única llave maestra para salir del subdesarrollo, está fracasando y convirtiendo a los gobiernos regionales en apetitosas instancias de micro-poder político y de presión según quien los maneje. Aunque adelanta su observación que deviene interesante la respuesta regional en un país que ha tenido por centurias, una capital plena en taras centralistas y de pronunciado egoísmo discriminador.

Para el grupo de estudio, la acción del oficialismo, es cualquier cosa, menos satisfactoria. No sólo eso, el partido de gobierno, el Apra, dista mucho de ser la expresión colectiva de antaño y apenas si supera los vicios de la sucia política tradicional. A la par, ninguna acción colectiva se comprueba como capaz de enrumbar al país por un pensamiento orgánico y frente a los temas esenciales del drama nacional.

El documento es extenso y promete, a la par que una exégesis leal con el Perú, opciones que tienen que ser materia de estudio. Entonces, no todo está perdido porque hay equipos que así lo demuestran. ¡Enhorabuena!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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