Si la naturaleza nos hizo recordar ayer a las 6.40 pm. y por más de dos minutos que apenas somos casualidades mortales impotentes, sacudiéndonos con un sismo grado 7.9 en su peor zamacón, la empresita española Telefónica produjo otro que llegó o superó el número 10 en cualquier escala de sinverguencería que, como todas las desfachateces en Perú, hoy tendrá alguna “explicación” a cargo de los asalariados de imagen.

Apenas segundos después del sismo, los teléfonos fijos y celulares dejaron de funcionar. Pero las comunicaciones en Internet, que usan la misma línea continuaron normalmente. Es decir, no había impedimento alguno como que no se yuguló esa única veta en que pudimos informar de lo acontecido en el país. ¿O será que cuando hay sismos, Telefónica tiene un servicio automatizado, de alto nivel científico y tecnología de punta que permite apagar los teléfonos, dejar Internet y provocar el pánico en el resto del mundo?

Quien está fuera del país, y pareciera ser que de esos hay cientos de miles de compatricios, captura su teléfono, celular o fijo, y llama al terruño para saber qué ocurrió y si sus familiares están a buen recaudo o accidentados. O, como ha sucedido, en más de una lamentable centena de casos, fallecidos por el impromptus terráqueo. Pero no. Decenas de comunicaciones por correo electrónico protestaban furiosamente porque ¡no había forma de hablar con Perú! Gracias, por supuesto al plan de inversiones modernísimo y de última generación de los ladrones de Telefónica.

Ya que hablamos de una de las empresas con mayor prontuario generoso de los últimos tiempos, a algún genio de la misma, se le ha ocurrido una sola factura para tres servicios: cable, teléfono e internet. Sin consultar con el usuario que a duras penas paga uno de esos tres, y siempre a destiempo (soy uno de ellos), Telefónica se zurró en el público que la sufraga y decidió ofrecer una “ventaja” que, en el mejor de los casos, sólo ahorra papel de impresión a quienes vienen estafando al público desde hace larguísimos años. ¿Se puede desdoblar la obligación a honrar y cumplir de manera parcial? ¡No es ese el espíritu! Se trata de ahogar al deudor para que pague ¡sí o sí! o ¡se le cortan los servicios! No sólo son caras, las barbaridades deficientes que presta Telefónica, ahora hay que asumirlas con un dolor enorme en las alicaídas faltriqueras. ¡Y con el silencio más abyecto de todas las instituciones!

Con ese tenor colectivista en las facturas, uno de estos días, fusionan la compañía de electricidad con la del agua y nos zampan cada mes, facturas conjuntas. Si no paga la luz, no tiene luz y tampoco agua. Si no paga el agua, tampoco tiene luz y viceversa. ¿Cómo la ven? El genio de mercadotecnia que impera en Telefónica hace ¡lo que le viene en gana porque de lo que se trata es de esquilmar a los usuarios! Pero ¿saben estos señores que nunca se ha cobrado una deuda, ahorcando al deudor?

Es evidente, palmario, inconcuso, que Telefónica es una empresa millonaria pero que aplica o usa tecnología para país bananero en Perú. ¿Cómo se explica el corte masivo de comunicaciones telefónicas? El presidente García ha hecho bien en demandar explicaciones. ¿Será suficiente? Yo creo que no. Es hora de castigar, azotar y de modo ejemplar con multas por un hecho penal como es impedir la capacidad de comunicación que millones de peruanos pagan a esta firma ladrona. ¡Y al contado! ¡A ver si aprenden! El problema del Perú no es económico ¡es moral! El día que veamos a parlamentarios escupidos en lugares públicos, a ediles o alcaldes azotados por sus vecinos, ministros echados y apostrofados en todas partes y ex presidentes en la cárcel ¡ese día, retorna el nuevo Ayacucho y la redención de este país acostumbrado a perdonar a sus traidores, elevar al rango de prohombres a sus estafadores y envilecido en la tara que es mantener castas políticas podridas y hediondas!

El terremoto que provocó Telefónica superó en muchos grados al que madre naturaleza, sin pedir explicaciones, espetó a buena parte del Perú. ¿Y ahora qué hacemos? ¿será todo apenas discurso para la platea? ¡Res non verba!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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