Sólo después del sismo y luego que se comprobara (arrancando por el presidente García), que los muertos sumaban centenas, las empresas tomaron debida nota que existían peruanos más allá de sus planillas de pago (siempre explotadores) y que hay vida allende y aquende sus castillos dorados plenos en contratos con estabilidad jurídica, licitaciones con dedicatoria y robos legalizados por múltiples estudios de abogánsteres. Para lavarse el rostro y para “quedar bien” son las que lideran las campañas de recolección de vituallas, víveres y medicinas para los damnificados. ¡Qué hipocresía mayúscula!

A los vendepatria no les gusta que les llamen así. Son apologistas pro domo sua de la empresa privada a la que atribuyen poderes mágicos y salvadores del caos social y denostan del Estado del cual viven casi simpre por trapisondas y favoritismos de gobiernos absolutamente presos de convenios tácitos y coimas que jamás guardan recibo.

Luego que las comunicaciones telefónicas fijas y celulares se cayeran el miércoles pasado, lo que no ocurrió con Internet –y nadie ha explicado esto-, el jueves se presentó ante cámaras y micrófonos, la viceministra de Transportes, Cayetana Aljovín, a dar explicaciones y justificaciones. Habíamos anticipado que los mercenarios de imagen de esa empresita ladrona, Telefónica, iban a hacer aquello. Lo que no imaginábamos es la desverguenza que una viceministra iba a oficiar, pretextos más, pretextos menos, de blindadora de semejante barbaridad. ¿Qué hubiera ocurrido en casus belli? La respuesta es sencilla: los grandes vivos estarían fuera del país, como cierto ministro con familia en Temuco; los otros estarían a buen recaudo hasta que pasen los momentos “delicados”. Y el resto del país, como siempre, aherrojado al designio atolondrado de la improvisación, la estulticia convertida en gobierno y la indignación impotente de una casta política bananera para un país bananero y con empresas bananeras como Telefónica. Por tanto la conclusión inequívoca es que la señora Cayetana Aljovín ha incurrido en una evidente, aviesa e inaceptable traición a la patria. ¿Le pagan para que defienda a empresas rufianas o para que abogue por el Perú?

¡Ni qué decir de la titular del portafolio, la Verónica Zavala de los 5 millones de dólares, depositados, años atrás en un banco que luego quebró y cuando era directora del Fonafe! Esta señorita, de recientísimos arreglos cosméticos muy notorios (¿estará encantando muy mucho a cierto funcionario público con el que anda arriba y abajo, en Palacio y fuera de la ciudad?) es la defensora de Telefónica, de Lima Airport Partners y sus múltiples trampas para no construir la segunda pista; para no explicar los robos con las mangas; para no dar cuenta de si están pagando las deudas incurridas luego de la autorización que les diera la Addenda 4 del 2003; defensora a ultranza de mil y un trapacerías en su ministerio y esas concesiones carreteras que apestan y que tiene un muy bien pagado equipo de patibularios confeccionadores de imagen en radio, diarios y televisión, incumple con su deber todos los días y se burla del Perú. No sólo eso: trabaja contra el país. ¿Será cierto que está a punto de ser expulsada de la cartera? ¿Y será juzgada porque la Contraloría General de la República ha encontrado mérito penal a que sea denunciada por su pillería de los 5 millones?

Los vendepatria son una raza abominable. Hablan varios idiomas. No sienten para nada al Perú del cual se acuerdan cuando la ocasión, cualesquiera que fuese, así se los recomienda. Como hubo un sismo, ahora se han vuelto “solidarios”. ¡Cuánta mentira insensible, qué basura espiritual, qué hediondez manifiesta la que poseen estos infelices traidores a su pueblo! Pero allí están, engreídos por los miedos de comunicación; protagonizando “campañas” que son sólo muy epidérmico aseos de rostro. El alma negra, antichola, racista, disolvente y de casta traidora, permanece como culpa eterna de eternos complejos. ¿Actuará con rabia constructiva la casta política? Vamos a ver. No pocos de esos viven en aparente contradicción, pero se alimentan con los vendepatria porque de esos está construido el fragilísimo edificio de la república de juguete que es el Perú. Aunque nos duela decirlo.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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¡Vendepatrias!
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Lan ministra Verónica Zavala Lombardi.
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