“El Código Penal argentino está sufriendo un lento proceso de destrucción, donde vale más la propiedad privada que la vida, la vida de un funcionario que la de otro. Esto ha sucedido por la irresponsabilidad legislativa en función de responder a una supuesta opinión pública y sancionar leyes demagógicamente”, desarrolló el magistrado penalista, que a partir de su basta obra teórica sobre derecho penal ha logrado un amplio reconocimiento en América Latina y en el mundo.

El evento, de cual también participó la presidente de las Abuelas de Plaza de Mayo Estela de Carlotto, se enmarcó en una nueva jornada por la desaparición en 1993 de Miguel Bru, estudiante de dicha casa de estudios que fue visto por última vez cuando lo detuvo una patrulla policial. Si bien el cuerpo de Bru todavía no apareció, cuatro efectivos han sido condenados por asesinato, aunque sólo uno permanece en prisión.

Con respecto al tema de la convocatoria, Zaffaroni manifestó que “los Derechos Humanos no son algo realizado aún, ya que la plena realización de los Derechos Humanos, en un futuro, implicaría la eliminación del poder represivo del Estado”. Y concluyó: “El poder punitivo estatal y los derechos humanos son dos discursos que funcionan a contramano”.

En el mismo sentido advirtió que “el aparato represivo del Estado siempre ha sido un aparato de poder, y el poder siempre ha sido manejado por el poderoso; esa es casi la cuadratura del círculo”.

En tanto, Zaffaroni indicó que la facultad disciplinadora gubernamental siempre resulta en un ejercicio de discriminación cuando es manejada por el poder político porque “tiende a consolidar y fortificar las estructuras de privilegio, y por lo tanto selectivas”.

Esa selectividad, según el ministro, es una característica estructural “casi imposible de desmantelar". Por eso, impartir justicia sería “tratar de bajar ese grado de selectividad, de evitar que el poder político se imponga indiscriminadamente, que la acción discriminadora sea lo más baja posible”.

Por otra parte, Zaffaroni alertó de la existencia de sectores de la sociedad que “están reclamando poder punitivo aún más selectivo” y remarcó que “cuando decimos lucha contra la impunidad, todos sabemos de lo que hablamos, pero no todos saben que el mismo slogan puede usarse en sentido contrario”.

Así, sin hacer nombres propios, se refirió al movimiento iniciado por Juan Carlos Blumberg, figura ignota que a partir de la muerte de su hijo en un incidente delictivo, con un fuerte apoyo de la prensa masiva, comenzó a pedir que se baje la edad de imputabilidad a los 16 años, más poder de acción para la policía y reformas para endurecer la legislación penal.

Se trata de una postura de mano dura o “tolerancia cero” que, justamente, se identifica con el ex acalde del Nueva York Rudy Giulanni y que Mauricio Macri, flamante Jefe de Gobierno de la capitalina Buenos Aires, supo convertir en plataforma política para derrotar al ministro de Educación nacional Daniel Filmus.

Integrante desde 2003 de la máxima instancia de la justicia de Argentina, Zaffaroni ha sido siempre caracterizado como un defensor a ultranza de las garantías individuales y, en consecuencia, férreo opositor a la corriente anterior.

Asumió cuando el presidente Néstor Kirchner decidió remover el staff de jueces que desde la Suprema Corte de Justicia habían avalado, en la década del noventa, privatizaciones fraudulentas de empresas estatales estratégicas -proceso que el mismo Kirchner apoyó en cierta medida cuando gobernaba una provincia petrolera como Santa Cruz-.

“Cuando vemos las violaciones a los Derechos Humanos y los crímenes de lesa humanidad cometidos en el siglo pasado, y cuando vemos las atrocidades que aún se comenten, uno siente vergüenza y cierto temor de pertenecer a nuestra especie”, continuó Zaffaroni y completó: “El ser humano, en las peores condiciones y bajo el peor de los sufrimientos puede construir escapes y reivindicar su dignidad”.

“Es cierto que podemos cometer atrocidades que el resto de los animales no comete, pero podemos tener conductas heroicas, reivindicatorias de la libertad, que los otros animales tampoco tienen”, amplió quien es profesor emérito de varias universidades de Suramérica y que ha convertido en un best seller sus disquisiciones sobre la práctica penal.

Para cerrar su participación, Zaffaroni denunció que el papel de la mujer moderna en la lucha contra el autoritarismo “esta muy oculto” y tuvo palabras de elogio para las dos organizaciones más reconocidas en el campo de los Derechos Humanos: “Ante los crímenes cometidos por el aparato del Estado, aquel que nos tiene que defender, la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo es una lucha por una sociedad más justa, con menos desigualdad, con menos discriminación y con menos perversión”.

# Nota publicada por la Agencia Periodística del Mercosur (http://www.prensamercosur.com.ar/ap...)