Deben seguir la rutina diaria de vivir y convivir -en la mayoría de los casos- en forma infrahumana, teniendo “empleos” en negro o mal remunerados, sin servicios básicos, en villas miserias, perseguidos o denostados por su condición de ser pobres.

Y pagan el alto precio de la injusticias en silencio.

Sólo en el conurbano de la provincia de Buenos Aires hay casi 12 millones de migrantes e inmigrantes provenientes de países o de provincias que van mutando con los años, intercambiando sus pautas culturales y creando nuevas subculturas, pero siempre en la pobreza.

La riqueza de todos, se distribuye entre pocos, muy pocos.

Se puede ver esa radiografía macabra de un genocidio silencioso y sin pausa. Agonizan y sueñan con una existencia mejor; pero están atrapados. Están cansados, y sólo les queda un poco para la “distracción” y para eso tienen en cada segundos de sus vidas y en sus propias viviendas la “anestesia” que le suministran los poderosos grupos mediáticos. Espejitos de colores.

Es que el Poder –el económico, el real- los necesita así: adormecidos, pero con una sonrisa. No importa si es bajo cuatro chapas y todos juntos en un mismo colchón; si se emborrachan o no tienen para comer; siempre así: entretenidos con una cultura chatarra, basura.

Los obligan a consumir lo que el “mercado” les pone frente a sus ojos.

Y para ello les crean el mundo ficticio que los hace soñar con que algún día podáan ser como “ellos”, como los “poderosos”.

Es que “ellos” -los dueños de ese poder asesino y segregador- generan a cada instante la “estética mediática del consumismo” contraria a la “ética del trabajo” dignificante, creando de esta manera un verdadero ejército de muertos vivientes deambulando por las ciudades.

Pero, siempre hay un pero, del otro lado están los “otros medios”, los que dan batalla en ese cada día, los comunitarios, los barriales, los locales o regionales.

Son los “comunicadores sociales – periodistas - trabajadores de prensa” a los que no les importa la poca tirada de un boletín, un diario o el poco alcance de la FM, porque la experiencia diaria de la lucha comunicacional les impone generar en los mensajes una “estética” no copiada de los grandes medios, sino una “estética liberadora” y comprometida.

Pequeñas batallas que le dicen.

(*) Periodista - comunicador social.