Hizo el gobierno lo único posible, decente y patriótico que debía hacer: declinar la adhesión peruana a la Convención del Mar y hacer oídos sordos a todos los alharaquientos que han mentido contumazmente sosteniendo que este instrumento internacional servía para el litigio probable en la Corte de La Haya con Chile por la pendiente delimitación marítima. El fracaso sin atenuantes de los traidores que quieren regalar el Mar de Grau, la riqueza mineral, gasífera y energética de sus fondos y la inmensa capacidad pesquera, ha sido una derrota vergonzosa, letal, sin excusas, integral, formidable. Ha triunfado el Perú.

Importante, por el deber de conciencia que mostró en vida y su lealísima postura para con los intereses sagrados e indubitables del Perú, recordar en este momento de reflexión feliz, al maestro y patriota integérrimo Alfonso Benavides Correa desaparecido pocos meses atrás. A él débense batallas tenaces, argumentaciones nunca rebatidas, artículos periodísticos, en defensa del Mar de Grau, de potentes y esclarecedoras luces intelectuales cuanto que doctrinarias. Como el Cid, gana lides el maestro Alfonso, tras su paso a la eternidad.

¿Bastará la posición nacional mostrada por el Ejecutivo y la Comisión respectiva del Congreso para acallar a los lenguaraces farsantes que promueven la adhesión del Perú a la Convención del Mar? No estoy muy seguro. Aquí hay mucho más que un instrumento jurídico internacional. Hay dólares que sufragan proyectitos, tallercitos, fórums, libritos, para fabricar la plataforma que permita el saqueo y expoliación del Mar de Grau a cargo de potencias extranjeras que navegarían a partir de la milla 13, más allá de la Zona Económica que establece la Convemar. Y los traidores vienen trabajando desde hace mucho tiempo.

¿Callarán aquellos ahora que Perú adoptó una sola posición ante la inminencia de un litigio en la Corte de La Haya con Chile? Hay algunos, como el tristemente célebre caso del ex canciller de Kenya Fujimori, Eduardo Ferrero, que hablan para dar cuenta que existen y hay medios que dan cabida a mediocres como éste. No es desdeñable recordar que algunas fundaciones norteamericanas, reputadas como cercanas a la CIA, como la Fundación Ford, han invertido en ONGs cientos de miles de dólares con propósitos, de repente interesantes, pero en modo alguno a favor del Perú, sino de su debilitamiento geopolítico. La Convemar ha sido una de estas actividades.

Todo aquél que, en trance de entrar en pelea jurídica, interrumpa, distorsione, envilezca, la orientación nacional ¡es traidor! ¿Cuántos millones de dólares malgastó Cancillería en el 2005 con esa campañita en los medios con pescaditos, propaganda a favor de la Convemar y que tuvo que ser sacada de circulación ante el estrepitoso, evidente y clamoroso fracaso de entonces? ¿quiénes son los responsables? Propongo que se los identifique, señalice públicamente y se les haga pagar, de su propio peculio, el dinero que se tiró al agua porque el pueblo peruano ¡no puede ser la víctima eterna de las aventuras traidoras en que incurren felones muy conocidos!

Los partidos políticos, mejor dicho los clubes electorales, que aspiran a convertirse en reales organizaciones capaces de promover las mejores causas patrióticas, tienen que tocar estos temas y preparar líderes con versación intelectual, doctrinaria y cultural para no hacer el ridículo presente. ¡Ni uno solo aguanta un debate, de cualquier tienda y por eso hay multitud de envanecidos y auto-llamados internacionalistas, estrategas, politólogos, que se reputan como sapientísimos expertos!

Ignorantes en geopolítica, validos sólo para la sinecura y el puesto estatal efímero o el negocio con nombre propio y episódico, los clubes marchan ineluctablemente hacia su extinción. ¿Alguien podría dudar que sólo queda cáscara en lugar de genuinos, macizos y poderosos partidos políticos?

La Convención de Mar fue presentada, por sus adherentes, como refuerzo de la posición peruana ante un contencioso de límites. El canciller José García Belaunde en nombre del gobierno y en interpretación clara, inequívoca, firme, de cómo piensan las mayorías nacionales, ha dicho que no es así, que ésta no es indispensable, dando un fuerte puntapié en el trasero a los venales. Y esa es la actitud de Perú. Cualquier otra cosa es simple y repugnante traición. Amén.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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