Para variar, dando demostración de su “sabiduría” profunda en temas de lealtad a la patria y al derecho cuanto que a su ignorancia, Jorge Brousset ha dicho que no adherir a la Convención del Mar, es un “error político”. Pocos días atrás, preguntado por la actitud chilena de “consultar” al Perú sobre una salida al mar de Bolivia por Arica, afirmó que le parecía “saludable”. Del mismo Protocolo Complementario se desprende que no hay consulta posible sino “previo acuerdo”. ¿Qué puede parecerle “saludable” a quien no defiende la posición jurídica pétrea peruana y se zurra en las transgresiones más escandalosas de lo que dice el Tratado del 3 de junio de 1929? ¿es consultable quien sólo proclama inexactitud, falta de conocimiento, desapego a la historia, en suma, profana y descarado desapego en torno a gravísimos temas sensibles a la integridad territorial del Perú?

No es la primera vez que el marino hace patente como patético su desamor al Perú. En 1999 fue parte del equipo capitaneado por el embajador Jorge Valdez, integrado por Fernando Pardo, el traidorzuelo Fabián Novak y otros, que convino con Chile el acta espuria de noviembre de ese año y que facilitó la línea de acción chilena que, como es obvio, no favoreció al Perú.

¿Acaso el atracadero ridículo e inútil, aceptado a Chile, se encuentra dentro del perímetro de los 1575 metros pactado por Leguía en 1929 en esforzadas, largas y hasta tediosas como interminables negociaciones con los del sur? Novak ha dicho en voz alta y a modo de disculpas, ante todo aquel que le oyera, que “los de la Marina” fueron los que dieron la “conformidad”. ¿Hay alguna fórmula que permita dar “conformidad” a las traiciones a la patria? ¿no sería mejor que supuestos especialistas, fueran premunidos de brochas y enviados a pintar barcos en lugar de estar haciendo cotidianamente el ridículo como en este caso?

El embajador Félix Calderón descubrió, luego de haber estado ¡70 años!, perdido en las bóvedas de Torre Tagle, el Plan de Remozamiento portuario de Arica, el mismo que fue base fundamental en las mencionadas negociaciones con Chile. Los de la pandilla de 1999, se hicieron los bobos y comenzando con Jorge Valdez, prescindieron ignorando un documento vital y luego firmaron el adefesio que no obliga al Perú a nada porque se convino otra cosa distinta a lo pactado en el Tratado de 1929. Un marino, ignorante y bocatán, se hizo de la vista gorda y prefirió el silencio cómplice y dio paso a una genuina y aleve puñalada contra Perú. ¿O no fue así?

¿Sabrá algo de derecho Brousset? Si es así, lo disimula con una habilidad sorprendente porque sus expresiones se estrellan contra la realidad de lo que éste dice. Por ejemplo, su ignorancia espeluznante sobre delimitación marítima se ratifica tozudamente cuando habla que la Convención del Mar ampara la posición peruana cuando el ius cogens (¡préstenle un mataburro!) hace lo propio. El canciller José García Belaunde ha sido muy claro en la ratificación de lo que todos dicen, salvo Brousset. Pero resulta que el titular de Torre Tagle, es decir de la política externa, su manejo y liderazgo, ya ha dicho lo razonable. ¿Está Brousset cuestionando, por no se sabe qué intereses, la postura oficial del Perú?

El dominio marítimo donde Perú ejerce soberanía y jurisdicción es tridimensional, por eso es que Chile NO tiene la razón porque se basa en acuerdos multilaterales de naturaleza unidimensional (bien ha bautizado el acápite, el mismo embajador Félix C. Calderón, como neolítico del Derecho del Mar), pero pedirle esta clase de imaginación a quien no distingue “acuerdo previo” de consulta, es decir un ignorante de polendas, es una exageración.

¿Error o estupidez política?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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