Cuando el pueblo se reúne, acuerda y decide, no hay afeite legal, norma jurídica, mandato minero o poder efímero palaciego y por encargo de las transnacionales, que esté por encima de tal soberana actitud valiente. En Ayabaca y Huancambamba se producirá el próximo domingo un repudio absoluto de expresión popular a la minería. El voto es la revolución. La cobardía es tildar a un comicio genuino de mil y un formas y ninguna de éstas pasa por acción política de trabajo, información y combate a los traficantes que viven de la pobreza con fondos externos. El presidente dice lo que quiere. Oirá, el 16, lo que no quiere que es real y contundente: la voz del pueblo. Vox populi, vox dei.

El poder minero ha entrado, como siempre: sobornando, envileciendo conciencias, propagando embustes, repartiendo dinero y dólares. ¡A la bruta! Así de simple. Estas empresas no entienden que los pueblos deben estar absolutamente involucrados en cualesquiera proyecto de desarrollo. Los precedentes en Cajamarca, con Minera Yanacocha ¡no pueden ser peores! Pero lo ocurrido en el 2002 en Tambogrande, el asesinato misterioso del ingeniero Godofredo García Baca, de quien tirios y troyanos no se acuerdan, parece no enseñar nada a quienes pretenden convertir a Piura en un desierto contaminado, sin vegetación natural de defensa o regulación de sus vientos y en vil coto de caza para que allí generen fortunas exportables y que, como en Cajamarca, en 20 ó 30 años, existan desiertos y cientos de miles migren a la Costa o a Lima en búsqueda de empleo.

Recuerdo con emoción personal el titular de Dignidad, único diario que el 2002 se jugó por completo por los pueblos de Piura: ¡El Perú se llama Tambogrande! y la consulta arrojó lo que todos sabían iba a ocurrir: más del 90% a favor de la agricultura y el resto por la minería. El razonamiento fue simple allí: si la agricultura es más rentable, ¿para qué minería? No estoy muy seguro que aplicar lo de entonces, mecánica y servilmente a Ayabaca y Huancabamba, sea lo más correcto o apropiado.

Que el gobierno esté absolutamente enfeudado a las transnacionales mineras es un hecho lamentable e indecoroso del cual no hay posible duda. ¡Ni la más mínima! Se entiende entonces que estas firmas declinen contratar a especialistas informadores. ¿Para qué?, si tienen a los vocingleros en Palacio y en la PCM. La pregunta es incómoda: ¿a cuánto asciende la onerosa factura del do ut des? ¡Qué desverguenza!

Las cacatúas de cuello y corbata en el Establo echan lodo a la consulta del domingo. ¡Como si sus voces importaran un bledo! Pero tienen titulares, notas periodísticas y espacio en radios y canales. Sin embargo la historia registrará el insuperable ridículo del cual son tristemente célebres protagonistas.

Si el gobierno, la minera y ¡todo el mundo! sabía del repudio que concitan las actividades de ese jaez ¿por causa de qué no han organizado legítimas acciones políticas respetuosas de la voluntad pueblerina? No, las porquerías aquellas amañadas que prohíjan los ministerios respectivos en que abundan traficantes profesionales que viven del engaño y el timo institucional. Lo que ocurre es que no quieren invertir con limpieza sino siguiendo los métodos prohibidos y mendaces que en otras partes han producido muerte y tragedia.

Hay pandillas que viven de la agudización de conflictos. Y ¡lo que es peor! importan agendas y dólares foráneos para persistir en el cómodo menú de engordar con el sufrimiento de otros. Eso es conocido. ¿Qué se ha hecho para contrarrestar política y orgánicamente esta influencia? Las masas se combaten con las masas, no con discursitos o mohínes de desprecio que se convierten, a la postre, en bumeranes.

Mientras que el gobierno no comprenda que esta es una actividad de alta política constructiva y que debe hacer conjugar los intereses del capital con las legítimas aspiraciones populares de desarrollo con ambientes limpios y preservación del medio ambiente, seguirán medrando patotas, tanto las que responden mercenariamente a las empresas mineras como esas otras que viven de los tan odiados dólares que sólo limpian la conciencia de las transnacionales y su accionar en estos pueblitos subdesarrollados, ignorantes y embrutecidos por siglos de opresión moral y mental.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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