Para desinformar recurren a viejos y acuñados esquemas, como la necesidad de que existan varios partidos políticos, sin los cuales la elección de los dirigentes y órganos de gobierno, según estos postulados, no son legítimos.

Todo cuanto se aparte de esos criterios carece de validez, según los patrones imperiales. No obstante la simpleza de tal enfoque, ha servido para engañar incautos y ocultar los mayores escamoteos de la voluntad popular.

Las virtudes del sistema cubano radican, precisamente, en aquellos aspectos más criticados por los detractores de la Revolución, y son los que permiten definirlo como expresión de democracia participativa.

El protagonismo popular, más allá de la voluntad y los intereses de partido alguno, está presente en Cuba en todos los pasos organizativos de las elecciones, desde la conformación del registro de electores hasta la toma de posesión de los elegidos y el posterior desempeño de sus deberes públicos.

Lo anterior se cumple mediante el ejercicio de cinco características principales, que tienen los comicios a nivel municipal: inscripción universal, automática y gratuita de todos los ciudadanos; nominación de los candidatos por los propios electores; inexistencia de campaña publicitaria a favor de ninguno de los candidatos; total limpieza y transparencia de los comicios, celebrados a la vista del pueblo, y la facultad de los ciudadanos de revocar el mandato otorgado.

En estos momentos las comisiones electorales municipales y de circunscripción trabajan en la organización de los comicios convocados para elegir los delegados a las asambleas municipales, cuya primera vuelta será el próximo 21 de octubre.

Por estos días están ocupados en la confección y publicación de los registros de votantes, conformados con todos los ciudadanos mayores de 16 años, y en la organización y realización de las asambleas de vecinos para nominar los candidatos. La base del sistema institucional son los delegados de circunscripción, quienes se agrupan en Consejos Populares - instancia que abarca un número de delegados a los fines del trabajo operativo - e integran las asambleas municipales como órgano de gobierno del territorio. Los candidatos - dos como mínimo y hasta ocho - resultan propuestos y nominados directamente por los vecinos de las diversas áreas -aproximadamente 250 electores - en que se dividen las circunscripciones.

La elección, realizada cada dos años y medio, se efectúa mediante el voto directo y secreto y para resultar elegido debe contar con más del 50 por ciento de los votos válidos emitidos.

A diferencia de la práctica universal, en Cuba la propaganda electoral no está permitida. En este caso los pasquines, vallas, menciones de radio y televisión y los mítines a favor de los aspirantes, son sustituidos por la publicación en lugares concurridos de sus biografías y fotos, en igualdad de condiciones.

En este documento se detallan los datos personales y las virtudes y méritos sociales de cada quien, por demás, ampliamente conocidos por la vecindad.

El día previsto para emitir el sufragio los miembros de los colegios, también vecinos de la comunidad, invitan al público a comprobar que las urnas están vacías antes de sellarlas y ponerlas bajo custodia de alumnos de la enseñanza primaria, miembros de la Organización de Pioneros.

Concluida la votación se emprende inmediatamente el escrutinio de forma pública. A este acto asisten libremente los electores, cualquier otro ciudadano, periodistas nacionales y extranjeros y visitantes de otros países Los elegidos no reciben remuneración por el desempeño de su labor. Quienes deben dedicarse a tiempo completo a dirigir y asegurar el funcionamiento de las asambleas municipales, como su presidente y vicepresidente, reciben el mismo salario que tenían en su lugar de trabajo.

Todos los delegados - incluido el presidente de la Asamblea Municipal— rinden cuenta de su labor cada seis meses ante sus electores, quienes pueden revocar su mandato cuando consideren que estos no cumplen con sus obligaciones.

Como puede observarse con la descripción anterior, la participación ciudadana, sin distinción de edad, sexo, creencias religiosas, raza, profesión u ocupación laboral, es una constante en todas las etapas del proceso.

El sistema electoral cubano, que abarca con estos mismos principios hasta la elección del Parlamento y el Consejo de Estado, quedó plasmado en la Constitución de 1976, discutida masivamente y aprobada en referéndum por más del 95 por ciento del electorado.

Agencia Cubana de Noticias