Cuando ayer temprano, terminaba San Dionisio de leer La Primera y particularmente la columna que en su segundo capítulo entregó al público César Hildebrandt, los demonios –no tan raros en un hombre de acrisolada santidad- e imprecaciones, todo al alimón de espuma babosa, lisuras mil, puntapiés al periódico y mentadas de madre al por mayor a sus más íntimos secuaces, afloraron en la boca de uno de los dueños del Perú contemporáneo. ¡Sí, el banquero de los banqueros, bufaba rabioso su ira contra el diario y el colega que está recordando sabrosos pasajes en que –hay que decirlo con reconocimiento al mérito inverso- Dionisio Romero Seminario obedece como perro faldero, las indicaciones delincuenciales de su colega, Vladimiro Montesinos Torres.

El retorno de Kenya Fujimori, vía extradición, tiene, no sólo al borde de un ataque de nervios a muchos hampones de saco y corbata que hicieron negocios junto a abogángsteres especialistas en blindar legalmente las alamedas de lo que fue una expoliación y saqueo de privatizaciones y concesiones hechizas y con nombre propio entre 1990 y el 2000, sino que el piurano banquero está siendo atacado por los fantasmas de sus saqueos en Matarani; los US$ 150 millones que le robó a su prima hermana; en Lima; en la Selva con sus aviones lleva-dólares y en cuanta trapacería fue parte con la ayuda de gringos alcahuetes que dicen saber mucho de deportes y de empresarios pusilánimes capaces de aceptar sus gritos, insultos y vejaciones, sólo porque San Dionisio, al lado de su santidad vaticana y opusdeísta, cuenta con dólares que compran conciencias, sellan bocas y acallan testigos inoportunos de su depredación fenicia y financiera en el Perú.

El empresario de no sé qué año, se jaló ayer literalmente los pelos por el texto de César Hildebrandt. Hay un individuo de nombre Alvaro que tiene el dudoso mérito de haberse convertido en el pararrayos de la boca sucia de San Dionisio. Es el encargado de llevar las cajas de dólares para sobornar a malos profesionales de orden multidisciplinario: periodistas mermeleros, jueces al peso, policías de gramaje ligero, parlamentarios fronterizos y embajadores del banquero en el Establo y por eso ha aprendido a lidiar con la bestia peluda cuando sufre estos ataques ansiosos que le bizquean los ojos y le suben la presión a niveles que ningún dólar o euro, pueden remediar.

Es importante recordar cómo, en el pasado reciente de algo más de un lustro, algunos periodistas sí que se enfrentaron, ante el clamoroso e inexcusable silencio pretérito y actual de muchísimos otros, a San Dionisio. Por supuesto, la jocosa imaginación de Ricardo Ramos Tremolada hizo un alto a su agnosticismo militante para ponerse de hinojos ante la santidad de su paisano San Dionisio. Hildebrandt me dio la oportunidad de publicar en Liberación uno que otro puñetazo al augusto personaje de alcantarilla y compartió pareceres siendo que era el director responsable de la publicación. En Dignidad y Pura Verdad, acumulamos más de ¡siete primeras planas! denunciando a San Dionisio (¿cuántos pueden decir lo mismo y que no sean loas contra un majadero mal ejemplo de empresario?), y, de algún modo, hubo una modesta participación nuestra en esas inolvidables jornadas periodísticas. Por tanto, que hoy CH recuerde los diálogos registrados en vídeos, deviene en una importante contribución al país porque la prensa oficialista de siempre, nos atribuye la estulticia de “no tener memoria”. ¿Qué memoria se puede tener si quienes cuentan esas “historias” son olvidadizos pagados para no acordarse de nada?

Una novela de los 70s se llamaba Los ricos también lloran. Y doy como un posible hecho que cierto dueño del Perú, ya esté encargando en Sabylle Road, Londres, varios trajes, uno para cada día de la semana, de finísimo casimir inglés con motivos a rayas, para usarlos en su próximo alojamiento tras las rejas. ¿Dejarán visitar a San Dionisio por su calidad de haber sido “empresario del año”, elegido así por sus pares sinverguenzas y cómplices de arrebatos? ¿qué dirá ahora la cáfila de decenas, sino cientos, de “hombres de negocios” que le tienen como paradigma? No dirán nada, si San Dionisio no los autoriza. Así es el grado de borreguismo pueril al que han llegado estos señores que se creen “serios y decentes”.

¿Será verdad tanta belleza? No lo sé. Aquí ocurre cualquier cosa. ¡Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor!... ¡Ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador! ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! ¡Lo mismo un burro que un gran profesor! No hay aplazaos ni escalafón, los inmorales nos han igualao. Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, ¡da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón!... ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! ¡Cualquiera es un señor! ¡Cualquiera es un ladrón! Mezclao con Stravinsky va Don Bosco y "La Mignón", Don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín... Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remaches ves llorar la Biblia contra un calefón... (tango Cambalache).

¿San Dionisio empresario modelo? ¡Ja, ja, ja!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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