Es obligación del Estado dotar de empleo a los ciudadanos, y con él, una remuneración justa, decorosa, con la que éste pueda satisfacer sus necesidades de alimentación, salud, educación, vivienda, servicios básicos y vestido, para lo cual el empleo se encuentra unido indisolublemente al tema de la estabilidad laboral, y para ello, la doctrina laboral declaraba la existencia de la estabilidad absoluta. Por esto es que la estabilidad relativa, la tendencia de la “flexibilización laboral” es liquidar toda estabilidad; antes, con despidos masivos, trámites de visto bueno, desahucios, cierres ficticios de empresas; ahora, de una manera más discrecional, esto es, desde el mismo contenido de la actual ley.

Es en el empleo donde se observa también de manera meridiana cómo se cumple la formulación de Karl Marx:“…La parte de que se apropia el capital, la ganancia, aumenta en la misma proporción en que disminuye la parte que le toca al trabajo, el salario y viceversa. La ganancia aumenta en la medida en que disminuye el salario y disminuye en la medida en que éste aumenta…”. La confirmación de esta tesis la encontramos en la extrema concentración de capitales: en el mundo, 358 personas obtienen ingresos acumulados superiores al resto de la humanidad, 6 300 millones de seres, o en el Ecuador, donde 40 000 integrantes de ricas familias alejan cada vez más el anhelo de progreso de otros 12,900.000 ecuatorianos.

Lo referido se explica en la jornada laboral de ocho horas diarias, ahora en hechos de doce horas, no se pagan sobretiempos, los aportes al IESS que se descuentan a los trabajadores no los entregan muchos patronos a la seguridad social, se trabaja más, para ganar menos; y, si algo se reclama, el despido intempestivo es la respuesta. ¡Esa es la actual realidad! Se pasó en definitiva del aforismo in dubio pro operario, esto es el principio de favorecer al trabajador, al de in pejus, esto es: en perjuicio del trabajador. Todo, sin que en el vértice de nuestro sistema legal se haya modificado la Constitución, de manera que estamos hablando de ilegalidades e inconstitucionalidades, a todas luces. En el aprovechamiento del traspaso del ingreso del trabajador a la rentabilidad patronal, destaca la implementación de las denominadas tercerizadoras e intermediadoras, capaces de contratar, desde domésticas hasta astronautas. La improvisada andanada de normas en este tema se encuentra orientada a consolidar la perentoriedad laboral y no la estabilidad. La aplicación más antigua de la subcontratación la encontramos principalmente en la agroindustria, a través de los denominados o contratistas o mayordomos, esta modalidad de incorporar al trabajo no con el obligado directo en calidad de patrono, sino por el intermedio de empresas o personas, y esto es lo que en la actualidad se afianzó como tercerización e intermediación.

La subcontratación, en todas sus formas, es una figura de excepción, que en el caso de la tercerización se la llega a catalogar como una ficción jurídica, pues NUESTRA LEGISLACION PLANTEA COMO REGLA LA ESTABILIDAD, NO COMO EXCEPCION. En los hechos, se ha invertido esta determinación, con una sistematización administrativa y legal, destinada a escamotear la directa relación obrero-patronal.

Quienes se benefician de la precarización laboral, tejen argumentos elaborados con la lógica de sus intereses, llegando a afirmar que la intermediación y la tercerización crearon un millón quinientas mil plazas de trabajo, pero quienes estamos en el medio laboral sabemos que aquello solo fue el paso de la mano de obra con estabilidad a la eventualidad, como resultado de la acomodada legislación, precisamente para beneficiar más aún a los empleadores. Decenas de intermediadoras ubicadas en las instalaciones emblema del recurso más rico del país, la actividad petrolera, son una de las “perlas” de esta modalidad, la tercerización, que no se puede normar, sino de una vez eliminar, de acuerdo con el ofrecimiento electoral del Presidente y exigencia general de la población económicamente activa, que se quiere quedar en el país decentemente y no tener que emigrar.