Le conocí a Cristina Castro cuando hace varios años me entregó el original de su tesis doctoral sobre la Biología ‘La ballena jorobada, Megaptera novaeangliae’. Desde ese momento seguí con mucho interés su trabajo por la defensa de los cetáceos en el ámbito nacional e internacional. Hace poco Cristina Castro presentó en la Facultad de Filosofía de la Universidad Central una interesante conferencia sobre los ‘Avances en la investigación y conservación de la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) en las costas ecuatorianas’. Luego de la brillante disertación, inicio un diálogo con Cristina sobre lo que constituye la pasión de su vida: el estudio y la defensa de las ballenas jorobadas. He aquí un resumen de ese diálogo.

- ¿Cómo surgió su interés por la biología marina?
- Siempre fui una amante del mar. Recuerdo que mis mejores vacaciones eran cuando mis padres decidían ir a la playa. Soy bióloga, graduada en la Universidad Central del Ecuador. Combiné los estudios con el trabajo, por necesidad económica pero también intelectual. Empecé a trabajar en el Museo de Zoología de la Politécnica Nacional que dirige el Dr. Luis Albuja, que es el mejor mastozoólogo del país. Mi trabajo específico era dibujar cráneos para el libro Murciélagos del Ecuador. Vale destacar que primero trabajé con los mamíferos pequeños y ahora con los mamíferos más grandes: las ballenas. Un día el Dr. Albuja me preguntó si quería hacer mi tesis en la Costa ecuatoriana y si sentía algún tipo de temor de trabajar en botes o en el mar. Yo le dijo que no, y que me encantaba el mar. En ese tiempo yo era una estudiante universitaria, por lo mismo creyó el Dr. Albuja, que difícilmente podría aventurarme a vivir sola en la Costa. Luego me indicó que iría a estudiar las ballenas jorobadas y que podría hacer mi tesis con una alemana. No lo podía creer, era como un sueño hecho realidad. Siempre quise estudiar biología marina, alguna vez, pensé irme a vivir a Guayaquil. Con la propuesta del Dr. Albuja, pude al fin trabajar y hacer mis sueños en el mar. Desde la primera vez que visité Puerto López y observé mi primera ballena -que la tengo siempre en mi mente-, supe que mi dedicación y pasión son los grandes cetáceos. Por esto les agradezco a mis padres que me mostraron siempre a la naturaleza como parte de mi vida; le agradezco al Dr. Albuja que motivo en mí, no solo a hacer ciencia, sino el seguir los pasos de uno de los mejores científicos del país, el Dr. Gustavo Orces. Recuerdo la navidad que el Dr. Albuja me lo presentó al profesor y le dijo que le presentaba a la nueva generación de biólogos del país que iban a seguir su misma línea; yo personalmente espero nunca decepcionarlo.

- ¿Por qué decidió estudiar las ballenas?
- Al inicio porque eran parte de mi tesis. Junto a Janira González, que era mi compañera de la Universidad Central, tratamos por primera vez de conocer la población de ballenas jorobadas que llegaban a Ecuador, a través de la fotoidentificación que consiste en fotografiar e identificar colas de ballenas. Después, porque en 1999, antes de terminar mi tesis, casi perdí mi vida en el mar, entonces entendí que tengo un compromiso de vida con los organismos marinos. Las ballenas fueron cazadas en el siglo pasado hasta casi exterminarlas y actualmente todavía las cazan. El sentir de cerca a una ballena, ha sido de las cosas más maravillosas que me ha pasado en la vida, siento que ellas y la gente que trabaja con esperanzas de un mejor futuro alrededor de ellas, me necesitan.

- ¿Cómo ha cambiado su vida desde el encuentro con las ballenas?
- Cambió radicalmente. Desde el año 2001 trabajo en la Fundación Ballenas del Pacífico. Vivo en Manta y desde el próximo año viviré en Puerto López definitivamente. Dejé mi familia, mis costumbres… lo cuál me ha costado mucho. Extraño a mis padres. Mis hijas Soledad y Alejandra tuvieron que adaptarse a la vida en la Costa, que es mucho más despierta y alegre que en la Sierra. Pero lo más importante es que somos muy felices juntas. Si hace 10 años me contaban que yo iba hacer una especialista en ballenas y que iba a recorrer todo el mundo para defenderlas o hablar sobre ellas, no lo hubiera creído; que yo iba a representar a mi país en la Comisión Ballenera Internacional como diplomática, talvez me hubiera reído; que iba a escribir publicaciones científicas que serían consideradas importantes y decisivas para mucha gente, no pasaba por mi mente. La verdad es que las ballenas me dan de comer, les dan los estudios a mis hijas y me inspiran hacer un mejor ser humano cada día, lo que es lo más importante para mí.

- ¿Qué resultados positivos de su trabajo puede presentar a la comunidad científica nacional y al país en general?
- Lo que estamos viendo ahora es el trabajo de conjunto de las comunidades de Puerto López, Machalilla, Salango, Puerto Cayo… que son parte del Parque Nacional Machalilla y que aprendieron a trabajar en conjunto. Yo no soy la importante, lo más importante es el mensaje que traigo. Las ballenas, como muchos otros seres en el mar, pueden cambiar el estilo y la forma de vida de muchos ecuatorianos y darnos oportunidades para salir adelante. Si no sabemos trabajar en conjunto esas oportunidades que nos brinda la naturaleza se pueden perder. Es el caso del tiburón, si lo vemos desde otro punto de vista, podríamos abrazarnos ambientalistas y pescadores, para luchar juntos y pedir al Gobierno de Rafael Correa, que brinde más alternativas productivas al pescador artesanal y no caer en trampas políticas. Juntos hacemos la fuerza y podemos aprovechar de manera racional lo que nuestra madre naturaleza nos ofrece. Yo no creo en el desarrollo sustentable, que solo habla de economía y medio ambiente. Yo creo fielmente en el desarrollo humano sustentable, que es la manera como el ambiente, la economía y el hombre interaccionan para ayudarse mutuamente. El buen manejo de la naturaleza puede proporcionar una mejor calidad de vida y mejorar la economía local, conservando estos ecosistemas. El turismo observador de ballenas apenas está empezando. Las ballenas se han convertido en la atracción de la Costa ecuatoriana y brindan una mejor calidad de vida a la gente, que ha aprendido a trabajar en conjunto en torno de las ballenas. Creo que esa opción es mucho mejor que matarlas.