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La Casa Blanca, a lo largo de casi cinco decenios, y embebida en el malsano deseo de sacarse de encima a la isla rebelde, ha jugado de forma incisiva la carta de internacionalizar el cerco a La Habana para intentar dar un golpe mortal a la Revolución.

Solo entre mayo de 2006 y mayo de 2007, reportan las autoridades cubanas, al menos 30 naciones del planeta enfrentaron los embates de la extraterritorialidad del bloqueo, entre ellas Alemania, Australia, Brasil, Canadá, Reino Unido, Países Bajos, Suecia, España, Finlandia, México, Noruega y Suiza.

No han sido solo golpes a sus empresas, entidades exportadoras o bancarias, sino que se ha llegado incluso a la insolencia de promover la expulsión de delegaciones cubanas en hoteles de propiedad norteamericana, radicados en algunos de esos países.

El bloqueo establece concretamente varios puntos sumamente lesivos a terceros. Así, por ejemplo, niega a subsidiarias norteamericanas en el exterior el comercio con la Isla y prohíbe la entrada a Estados Unidos de artículos extranjeros que contengan componentes cubanos.

No deja que barcos foráneos que visiten puertos de la mayor de las Antillas accedan a terminales norteamericanas, o que entidades de terceros vendan a la ínsula artículos con más de un 10 por ciento de componentes estadounidenses.

Se persigue a los bancos de otras naciones que acuerdan operaciones con Cuba, y hasta han llegado a adquirir por firmas estadounidenses la mayoría de las acciones de empresas y entidades financieras extranjeras para evitar sus tratativas con La Habana.

Ultimamente, ni los ciudadanos cubanos residentes en el extranjero pueden establecer cuentas en bancos vinculados a los Estados Unidos.

¿Es este entonces un asunto "bilateral" como afirma Washington? Ciertamente no lo parece, ni mucho menos se corresponde con el hecho de que no pocas naciones hayan debido establecer leyes "antídotos" para enfrentar los embates de tan brutal cerco.

Agencia Cubana de Noticias