Una de las más abyectas demostraciones de ineptitud, falta de coraje, integridad y respeto de los congresistas fue el SIS-escándalo y en particular con la persona de un médico, Julio Espinoza Jiménez, a quien ya habían sentenciado, sin juicio ni actuación de pruebas, porque era necesario fusilar a alguien en ese tema y así dar “testimonio” de la supuesta tarea moralizadora del Establo. Día que pasa, día que anemiza la endeble tesis que eso propugnaba y en cambio, de forma multipartidaria, hay la consigna de no dejar morir el SIS-escándalo.

En efecto, el legiferante Carlos Bruce ha, según él, denunciado un convenio entre el SIS y el INEI. El asunto puede merecer todas las investigaciones que sean necesarias. Pero ¿qué ha dicho el titular de la cartera, el mediocrísimo Carlos Vallejos?: que ese acuerdo interinstitucional queda sin efecto. Resulta sumamente sospechoso que las acciones y reacciones parezcan escritas para producir efectos demasiado rápidos y “convincentes”. A lo más, son espectáculo para una masa hambrienta de fintas y cabriolas y que, como es tradición en la sociedad peruana, se aterra de llegar a conclusiones o definiciones. Bien decía el vate inmortal: de un pan que en la puerta del horno se quema.

Sin embargo, he aquí la monstruosidad, nadie quiere averiguar, neumática contra natura, del porqué el MEF soltó los millones tan rápido al SIS en agosto, saltándose las autorizaciones y procedimientos usuales y archiconocidos en la administración pública y a sola firma se otorgan los dineros mal usados en compras que tienen responsables tanto en la forma como en el fondo. Pero ¡horror! los congresistas de la Comisión de Fiscalización ya tenían ¡un culpable, Julio Espinoza Jiménez! Con los días, la serenidad ganó a la estupidez colectiva en el Establo imperante, pero ¡ningún parlamentario admite la bestialidad gigantesca de que fueron cómplices y contra la honra, buen nombre, ejecutoria profesional de decenios, de un galeno que asiste a todas las citaciones, va donde lo llaman, contesta a todos los cuestionamientos, aún los más torvos! ¡Qué sinverguencería!

El asunto de fondo es que algunos legisladores ya se dieron cuenta de que metieron la pata y que actuaron mal frente a un hecho reprobable como el acontecido en las gestiones sobrevaluadas del SIS. ¿Qué esperan para rectificarse públicamente? ¿Será posible concebir en un parlamentario peruano, tradicionalmente torpe, lento, de reflejos casi dinosáuricos y de inteligencia casi menos que inferior, la chance de admitir el yerro? Nada indica que así pudiera ocurrir. Lo agregado por, siendo que es de otra naturaleza, pero que incluye al satanizado SIS, Carlos Bruce, es harina de otro costal, pero, nótese la sintonía, contribuye a no dejar morir el SIS-escándalo.

Hay parientes de connotados miembros de este gobierno metidos en el SIS y en empresas vinculadas. La mano pesada del ex viceministro, Calderón, es evidente de toda evidencia y su alejamiento del cargo no desinfla el cúmulo de dudas que dejan sus insuficientes respuestas. El ex encargado de Administración, Vega Díaz, está metido de pico y patas. Pero ¿está solo? Una operación de esta envergadura aprovechó ausencias, maquinó dinámicas y apretó el acelerador de la corrupción que desde el MEF (ministerio de Economía y Finanzas) muy amablemente soltó la friolera de casi S/ 20 millones con ultra-velocidad supersónica. ¿Cuántos casos hay así en los últimos 150 años en la administración pública? ¡Por supuesto, eso NO se investiga, ese es un tema vedado! ¿por causa de qué? ¿o son muchos más los del cogollo metidos en el fango?

Vi al médico Espinoza Jiménez en el programa de Juan Carlos Tafur en Canal 11. El galeno sigue sosteniendo sus afirmaciones que nadie ha podido refutar en la pétrea solidez de sus simplezas: no estaba en Lima, no negoció ni compró nada, no tuvo que ver con las gestiones en el MEF, no firmó nada, se enteró a posteriori del detalle de cómo se mal manejó el intríngulis. Pero para la tanda de frívolos parlamentarios, para el ministro Vallejos, para buena parte de la prensa adocenada, el malo, el perverso, el terrible de todo el acápite inmoral, había sido Julio Espinoza Jiménez. Tiene esta persona todo el derecho del mundo a demandar judicial o penalmente a sus ajusticiadores de juguete por el daño moral, material y profesional que le han causado. Ante el tribunal de la conciencia popular, ya empieza a conocerse la verdad maloliente de encubrimientos y complicidades, arriba y abajo, que ha sido este fétido bache de la usualmente sucia política peruana.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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