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El sistema electoral en la Isla, está diseñado para incorporar lo más ampliamente posible formas y vías que garanticen un ejercicio democrático directo y participativo.

De varios modos el sistema vigente promueve la participación real de los ciudadanos y la vinculación efectiva de los elegidos con ellos, desde la postulación en las circunscripciones de los candidatos, hasta el control de estos mediante los mecanismos de rendición de cuenta y su revocación.

Este principio se habrá cumplido cuando este tercer domingo de octubre se abran los colegios habilitados para elegir los 15 mil 236 delegados, entre los 37 mil 328 nominados en 50 mil 760 asambleas vecinales, a las que asistieron más de siete millones de ciudadanos, representativos del 84 por ciento de todos los mayores de 16 años.

Se trata de cifras demostrativas de que las elecciones en la mayor de las Antillas constituyen un singular ejercicio democrático masivo.

Súmese al elevado número de votantes, siempre superior al 95 por ciento, la cantidad de ciudadanos que de manera absolutamente voluntaria trabaja durante varias semanas antes de los comicios en la organización y el aseguramiento material de estos.

Un solo dato más como ejemplo de lo anterior: Cada uno de los 37 mil 280 colegios está integrado por un presidente y cuatro miembros más, lo cual indica que en estos menesteres estarán ocupados 186 mil 400 cubanos, a los que se deben agregar alrededor de medio millón de alumnos de la enseñanza primaria y secundaria básica, miembros de la Organización Nacional de Pioneros, encargados de custodiar las urnas.

Falta añadir los miembros, también voluntarios, de las comisiones electorales de circunscripción y municipales, responsabilizados con la organización y el control de la votación, por lo cual no es para nada exagerado calcular cerca de un millón de ciudadanos, ocupados en cumplir con total transparencia y calidad este acto democrático.

Desde 1976 hasta la fecha los cubanos han repetido esta experiencia en 13 oportunidades, lo cual ha contribuido a crear una cultura participativa que va más allá de la intervención real de los individuos en la elección de sus representantes gubernamentales.

La experiencia electoral cubana, en permanente perfeccionamiento, ha demostrado que el desarrollo democrático, para ser genuino, necesita fundarse en toda la riqueza creadora de una sociedad civil, que alcanza su plenitud allí donde las organizaciones e instituciones intervienen efectivamente en la dirección y control de la sociedad misma.

Agencia Cubana de Noticias