“Es bastante interesante la estrategia del Gobierno, esta cosa de eliminar la posibilidad de debate. Porque cuando fue la campaña de la ciudad, lo central de Mauricio Macri fue evadir el debate y a la vez plantearon una fuerte campaña publicitaria, que fue muy eficaz por otra parte”, recuerda Marafioti, quien publicó además varios textos que hoy son libros de consulta en centros académicos del país y del exterior, como Medios masivos, Atracción mediática, Sentidos de la comunicación y Culturas nómades.

–En ese momento alguien dijo que la campaña mejor armada era la de Telerman, que de todas maneras no ganó.

–Claro, pero la del Pro era una copia de la presentación de la Playstation 3. Es una copia absoluta que se la puede ver en Youtube, y el comercial de ese jueguito es el mismo que utilizaron con Macri. Había una serie de testimonios de distintos ciudadanos que decían que estaría bueno tal y cual cosa pasara en ese producto, y eso repitió la campaña de Macri en relación con la ciudad.

–En cierto modo ese patrón se repite en la campaña actual del Pro.

–Fíjese que la campaña de Filmus de entonces fue calcada de un comercial de Adidas,”nada es imposible”. O sea que los dos copiaban a productos masivos. Lo interesante es que existía una campaña propagandística muy fuerte y a la vez una renuencia al debate. Lo paradójico era que el Gobierno Nacional en ese momento decía que el oponente eludía el debate y ahora de hecho instala una campaña en donde no hay competencia, si no que se plantea directamente como una sucesión. Por otro lado, es una especie de campaña publicitaria externa, en la que además el periodismo nacional no participa. Cuenta con algunos equipos de filmación que son contratados y terminan siendo los que filman a la candidata, pero nada más.

–Es cierto, es una campaña que se hace afuera del país, y es curioso, pero tanto Elisa Carrió como Roberto Lavagna hacen presentaciones judiciales o denuncias de fraude también en el exterior.

–Sí, pero no tienen el mismo impacto. No es lo mismo ver a Lula, ir a asamblea de Naciones Unidas, entrevistarse con Angela Merkel , que sentarse acá y denunciar internacionalmente. La verdad es que hay una distancia muy grande. Por otro lado, uno tendría que pensar si este estilo es el que prefigura el futuro, porque este gobierno tiene cosas que son sumamente interesantes y otras que son absolutamente debatibles, y ojalá pudieran ser más debatibles.

–¿Cuáles son las cosas interesantes y cuáles las debatibles?

–Interesantes me parecen las relacionadas con la política de derechos humanos, la Corte Suprema, por poner dos ejemplos. Si uno hace un balance de los años de esta joven democracia me parece que este es el mejor gobierno que hubo en este período. Claro, es el mejor gobierno democrático que hemos tenido después de la crisis de 2001 y cuando además hay una sociedad que está sumamente ansiosa y que requería un poco de estabilidad y de horizonte previsible, sobre todo en términos económicos. Por eso me parece que hace bien el Gobierno cuando dice que falta mucho por hacer. Porque el nivel de pobreza sigue siendo flagrante y es todavía una ofensa para los argentinos bien pensantes que haya estos niveles de marginación. Algo tienen que decir sobre eso.

–Digamos que parece una estrategia razonable, entonces, asumir desde el discurso publicitario que todo lo que falta y que lo mejor que puede pasar es la continuidad.

–Sí, aunque debo destacar que la campaña oficial es pobrísima y la de la oposición es espantosa. La primera pieza publicitaria que vi en la calle fue una de Cristina ocupando la mitad del afiche y la otra mitad en blanco. Se prestaba a que cualquiera la llenara con un graffiti, como ocurrió. Me dije, a esto lo pensó el enemigo. Veo que a esa imagen ahora le han agregado consignas que tienen que ver con el conocimiento. Vamos mejorando.

–¿En qué sentido?

–Cualquiera que tenga algún conocimiento de la senadora sabe que tiene mucho nivel legislativo, que es una persona competente, independientemente de la diferencia entre el poder legislativo y el ejecutivo. Que es capaz de polemizar y defender posiciones. De todas maneras no se nota que detrás de Cristina haya un equipo. Lo que hay es una sucesión, lo que ha manejado el Gobierno es una estrategia con números y estos números dicen que en realidad no necesita debatir mucho, porque dan que va a ganar en la primera vuelta. Pero también es importante decir que esta es una democracia excesivamente delegativa, los candidatos no representan a sectores de la sociedad, si no que se les delega y después se reclama. Hay un contrato muy lábil.

–¿Cómo sería eso?

–Yo no creo que en la ciudad de Buenos Aires el 60% haya votado conociendo y acordando con Macri. De eso se trata, creo.

–Una de las campañas que más impactó y que sin embargo probablemente haya tenido menos resultados fue esa que decía “Sobisch 100% Cristina 41%”.

–La verdad es que es un espanto, es confusa, yo la tuve que pensar dos veces. Y además Sobisch, después de lo de Fuentealba, me parece que ya fue.

–Sin embargo explota la imagen del duro de la película.

–Sería interesante que existiera una derecha sólida, con la que se pudiera debatir. Hoy la derecha aparece monopolizada en un sentido por Lavagna, por ciertos sectores del peronismo, por López Murphy, por el mismo Sobisch. Pero todo es muy confuso. Y si uno tiene que decir cuáles son las características salientes de este gobierno, tiene que decir que evidentemente no es un gobierno de derecha, nada más que viendo lo que piensa La Nación. Por otro lado, hay una dispersión de fuerzas muy grande, y como siempre en los últimos 60 años, el peronismo es determinante. Lo interesante es que cada vez más el peronismo aparece desperdigado, y eso quizás puede ser bueno para la democracia.

–¿Y Carrió?

–No sé, la veo como una tormenta, un huracán que está por llegar y que finalmente no llega.

–Da la impresión de que los medios cada vez más están participando en la campaña, ¿no cree?

–Lo que no sé es si eso será determinante. Porque si uno prende la radio a la mañana se puede pensar que Cristina pierde. En los medios radiales, el Gobierno no tiene un voto. El periodismo radial es absolutamente opositor, es como si la ola del diario La Nación invadiera las radios de la mañana, aunque uno ve que eso es limitado. En definitiva, la gente después hace lo que quiere, y si uno puede entender que Hadad se dé vuelta y se haga relativamente oficialista, entonces no hay que ofrecerle tanto crédito a los medios.

–Me refería a que la campaña no se ve en términos publicitarios sino que se trasladó a los medios.

–Me parece que en realidad esa es la estrategia del Gobierno. Por eso digo que uno debería pensarla como una campaña publicitaria diferente, novedosa para lo que nosotros hemos conocido.

–En resumen, la noticia es que no hay campaña.

–Seguramente en los últimos días va a haber más, pero lo interesante de las campañas no es exclusivamente la publicidad, sino la posibilidad de debatir, de confrontar ideas, de hacer una especie de balance. Y eso no está ocurriendo.

# Nota publicada en la revista Acción 988. (*) Periodista.