“¿Qué fue lo inédito, lo que me diferenció? Pienso yo que fue creerle al emisario que llegó a Chile y se entrevistó conmigo. Yo lo había conocido precisamente en un viaje a Bolivia, en el año 1967. Bueno, yo transmití entonces esta información a otros colegas, y un equipo de mérito pudo publicar el diario. Me parece que solamente se ha publicado en este país de América latina, en la Argentina, y tal vez en otro como México; y en el resto del mundo.

El documento es muy impresionante porque da cuenta de un hecho notable, y solamente quiero agregar una cosa: fue una doble emoción porque en el diario, el che, habla de una entrevista con el entonces dictador (René) Barrientos, y se refiere exactamente a las dos preguntas que yo le hice a ese mismo represor boliviano en la conferencia de prensa.

Recuerdo que había que entregar las preguntas antes de la ronda. Y, en fin, por alguna razón misteriosa, Barrientos decidió contestarme y reconocer que el intelectual y legendario jefe guerrillero francés Regis Debray estaba prisionero. Eso prácticamente confirmaba la existencia del Che en la guerrilla.

Quiero agregar que el silencio significaba simplemente que querían matarlo; porque en esos momentos, no se si todavía, en Bolivia estaba prohibida la pena de muerte. Ese fue otro de los elementos que motivaron el asesinato del Che. No podían juzgarlo. No había leyes que les permitieran matarlo, y -por eso- igualmente lo asesinaron”.