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Se trata de la última puesta en escena de teatro bufo, orquestada por la compañía que dirige el actual usufructuario oneroso de la Casa Blanca, rechazado por más del 72 por ciento de sus conciudadanos, cuando se precipita hacia el final de su mandato.

¿Por qué esa aparente severidad con el empleado de la CIA, con aval de larga y sangrienta trayectoria al servicio de gobiernos norteamericanos? Es el juego a la apariencia de lo que no es, al engaño premeditado.

La verdadera intención del gobierno de W. Bush es seguir apañando a Posada Carriles, como hace con su compinche de fechorías Orlando Bosch y otros de igual calaña, a quienes protege impúdicamente.

Así retribuye favores y cede al potencial chantaje que ejercen Posada y sus cómplices, quienes amenazan con declarar lo que todo el mundo conoce: la autoría intelectual del gobierno estadounidense en los crímenes impunes, las injerencias en asuntos de otras naciones que incluyen asesinatos, sobornos, prevaricaciones y muchos delitos más.

Mientras esté sujeto a reclamación judicial en EE.UU., la administración Bush rehúsa la extradición presentada en tiempo y forma por Venezuela, de donde se fugó de una cárcel cuando esperaba veredicto por el sabotaje en pleno vuelo de un avión cubano en 1976, donde perecieron 73 personas.

"El hombre es un asesino que debería ser extraditado a Venezuela para rendir cuentas o procesado en Estados Unidos por la voladura del avión, y de otras causas pendientes, no como quien mintió a inmigración en un formulario", acaba de decir José Pertierra, experimentado abogado que representa a la nación bolivariana en el citado caso.

El jurista estimó que los argumentos de la Fiscalía, presentados el martes último para apelar la decisión de mantener en libertad al terrorista, buscan conservar el caso en el contexto de un delito menor, en lugar de extraditarlo.

También recordó que la jueza del caso admitió que, aunque el tribunal lo hubiera condenado por mentiroso, Posada solamente estaría un año preso y, por tanto, aun cuando la Fiscalía gane la apelación, el delincuente quedaría libre, pues pasó ya ese tiempo en la cárcel.

La nueva bufonada del gobierno de Bush no es para reír, sino para seguir aquilatando hasta dónde puede llegar el cinismo de quienes se proclaman en escena "paladines de la democracia y la legalidad" y detrás del telón se refocilan violando a la señora justicia.

Agencia Cubana de Noticias